martes, 19 de mayo de 2020

DUC (y LVII ) La ciudad y el dolor



Photo by 
Aarón Blanco Tejedor on Unsplash



Salir a la ciudad es sufrir. Ya me he acostumbrado a las colas, a llevar auriculares para que las esperas sean menos pesadas con la radio, a organizar las compras para aprovechar al máximo las mañanas, a ir con el bote de gel hidroalcohólico.
Pero el sufrimiento sigue ahí. El dolor de ver a los comercios sin actividad, a la puerta cerrada de los bares, a la angustia de ver pasar la ambulancia, a la ansiedad de la mascarilla y al agobio de contar a las personas sin protección.
Sí, la ciudad se ha vuelto en territorio de dolor y sufrimiento. Tal vez antes lo era y el único cambio es que ahora sea más evidente. 

jueves, 14 de mayo de 2020

DUC (y LVI) La enfermedad del insensato



Photo by Andre Hunter on Unsplash



Las etimologías de las enfermedades suelen ser descriptivas. Pocas veces se habla de una dolencia por el nombre del patógeno que lo genera. La tuberculosis se acerca a la tuberculina, pero no caigo en muchos ejemplos más. Es posible que esta sentencia si me lee algún médico, sea fácilmente cuestionada. Aunque la ventaja de tener pocos lectores es que resulta más difícil que eso suceda.
Pero ello no evita que lance mi propuesta. No hablar de epidemia de covid-19 sino de LEDI: La enfermedad del insensato. Otra posibilidad es SDI: Síndrome del Insensato, aunque, reconozco, es más complicado de pronunciar, aunque tal vez esa aire a agencia de investigación secreta le concede más seriedad. ¿ESDI? El síndrome del insensato, suena a escuela de negocios. 
Pero viendo lo que estoy viendo en estos días, LEDI es el nombre más adecuado. El cambio de fases busca facilitar la lucha contra el sars-cov2, pero no significa que exista cura para el covid-19, no la hay; ni vacuna, tampoco existe.
Es cierto que todos esperamos por ella. Pero nadie nos ha dicho que será fácil. ¿Hay cura para la gripe? No, la gripe no se cura (y perdón por mentarla) se supera o no. Pero los médicos saben como manejarla en los casos más complicados. Es una escenario probable para el tratamiento de LEDI, que no se sepa curar, pero si manejar. O que tengamos vacuna y nos vayamos inmunizando.
Pero con los datos que estamos viendo del estudio epidemiológico se ve que el virus apenas ha circulado por el país. De ahí el éxito del confinamiento en algunas regiones, como Asturias o Galicia, donde se evitó su difusión. Y se ganó un tiempo para organizar recursos.
Pero también el peligro de relajarse en la actualidad. Si en Madrid, con todo lo que han pasado, aún no se ha alcanzado la inmunidad de grupo, los demás estamos aún más lejos. Y vimos lo mal que lo pasaron.
Estamos en un momento en el que es imprescindible la responsabilidad personal que significa usar mascarillas, mantener distanciamiento social, reforzar la higiene de las manos.
Lo contrario es sentar las bases para regresar al confinamiento, en aplazar la recuperación de la normalidad.
Y, si les digo la verdad, yo añoro la vida de antes.

domingo, 10 de mayo de 2020

DUC (y LV) El desfase


Photo by Joel Muniz on Unsplash



Desde mi ventana veo la tormenta sobre el centro de Asturias, pero también grupos que vienen de pasear al perro o, simplemente, de caminar y que caminaban bien juntos. El distanciamiento social se mide en milímetros en una zona por la que, en los horarios permitidos, veo a deportistas disfrutando de la quema de energía. Es la situación en la que estamos. Iniciamos el desfase. No se trata de cambiar de fases, sino el desfase propiamente dicho. Una fiesta para el sars-cov 2.
Casualmente, hoy hablé con un amigo. Se pasó el último mes enfermo por covid-19. No llegó a ingresar en el hospital pero, aún así su relato fue escalofriante. Fiebre alta, dolores en todo el cuerpo, dificultades para respirar... No sé si aparece en las estadísticas (ni a él ni a su familia le hicieron el pcr) pero su consejo fue claro: "haz todo lo posible por no contagiarte".
Mañana cambiamos de fase. Pero sólo se trata de un sistema para vivir un poco mejor. La prevención sigue siendo vital. Y aunque el Estado pone los recursos, la decisión clave está en cada persona. Esos grupos de diez personas caminando juntos son una invitación a regresar al confinamiento, a volver a llenar las ucis y los hospitales. Con todo lo que no sabe de la enfermedad y con todo lo que no se sabe de la epidemia nos va mucho en mantener una distancia de un par de metros, el uso de mascarilla o normas de higiene sencillas.

sábado, 9 de mayo de 2020

DUC (y LIV) Europa, otra víctima del covid_19



Photo by Sara Kurfeß on Unsplash


Hoy se celebra el Día de Europa, la jornada en la que se recuerda el discurso de Robert Schuman que sentó las bases para lo que hoy en día conocemos como Unión Europea, uno de los proyectos políticos más apasionantes de nuestro tiempo, una bandera que debemos izar todos aquellos que queremos lo mejor para nuestro país, para nuestro mundo. Soy europeísta convencido. No sería posible imaginar el actual desarrollo de España sin nuestra participación en las instituciones europeas. Existen sombras y luces, pero éstas son más importantes que aquellas. 
Sin embargo, en los últimos años, la idea de la Unión Europea no ha estado muy bien vista. Sus enemigos salen, fundamentalmente, de dos bandos. Por una parte, los nacionalismos que no pueden soportar una idea que cuestiona el nacionalismo. El comunismo tampoco se encuentra cómodo en la Unión Europea por defender un espacio de libertad y de democracia.
En la actual crisis provocada por la epidemia de covid-19, la Unión Europea ha recibido bastantes críticas, muchas de ellas injustas.
No deja de ser irónico que se reclame a la Unión Europea una capacidad de coordinación de la que carecen sus estados miembros. Si vemos lo difícil que resulta el consenso en España entre la administración central y las autonómicas deberíamos entender que ese mismo consenso entre administraciones nacionales es complicado.
Pero lo que más me molesta es la crítica de que la Unión Europea no ha hecho nada en la actual situación. Quien dice eso en el mejor de los casos es un ignorante y, en el peor, miente. Puede ser que sus acciones no nos gusten, que no las compartamos, pero no podemos decir que no hace nada. 
Sin ánimo de ser exhaustivo, voy a dar algunos ejemplos:

  1. Compra centralizada de material de protección para su distribución. Otra cosa es que algún gobierno prefiera gestionar él estas operaciones. Y no entramos en más especulaciones.
  2. El 9 de abril se crea un Fondo Europeo de Rescate con 240.000 millones para los costes sanitarios por la crisis. No se exigen contrapisas, ni recortes. Hay que gestionar. Desde luego que hay que repartir entre los estados. Y sólo costes sanitarios. No se trata de imponer agendas políticas ocultas.
  3. El 16 de abril se dota el Mecanismo Europeo de Flexiblidad con 410.000 millones de euros para repartir entre los estados miembros. La idea es aportar el 2% del PIB nacional. Claro, las naciones menos endeudas lo apreciarán mucho más, pero ya se sabe que hay que hacer los deberes y llegar al examen preparados. 
  4. El Banco Europeo de Inversiones pone en marcha una línea de ayudas de 200.000 millones de euros para todo tipo de empresas. Claro, amigo, hay que entender el papel de las empresas en la economía y confiar en ellas..
  5. Se ha flexibilizado el Pacto de Estabilidad para permitir aumentar la deuda pública por el gasto sanitario y las ayudas a los trabajadores afectados. Fue una de las primeras medidas en aprobarse. El Pacto de Estabilidad es una obligación de la Unión Monetaria, donde los estados se comprometen a mantener un equilibrio entre ingresos y gastos y no aumentar la deuda. De ella nacen las que se han definido desde la izquierda como políticas de austeridad. Pues bien, sin problemas se ha entendido que durante este tiempo estos gastos son extraordinarios y no deben computar en la deuda.
  6. Se permite suspender el IVA y derechos de aduana a los productos sanitarios para facilitar su tramitación y reducir el coste. 
  7. Se han destinado 140 millones de euros a la investigación
  8. Se destinaron 75 millones de euros para la repatriación de ciudadanos europeos, fletando un centenar de vuelos.
Podría seguir poniendo medidas  sobre la mesa. Pero es evidente que la Unión Europea ha hecho, y mucho, por los europeos en esta crisis. Otro tema es la responsabilidad de los países y de sus gobiernos.
Pero ese tema nos llevaría a lugares ya transitados y lo fundamental de la entrada de hoy es recordar la importancia de la Unión Europea y decir ¡¡Feliz día de Europa!!

viernes, 8 de mayo de 2020

DUC (y LIII) Lo que no saben los expertos



Photo by 
Siora Photography on Unsplash



Entre el catálogo de imágenes que nos dejará la pandemia quedará, sin duda, el rostro de Fernando Simón. Ha sido el icono de los expertos, el reflejo de las personas que debían asesorar al gobierno durante estos momentos tan complejos. Es, también, la imagen de su fracaso. Para su desgracia. Sí, han leído bien lo que he escrito. Porque ven la biografía de Fernando Simón pre-covid 19 evidencia que se trata de un gran profesional. Y una persona comprometida con su tiempo como lo demuestra su voluntariado con Médicos sin Fronteras en Burundi.
Sería interesante descubrir en qué momento de su recorrido vital se quebraron dos principios básicos, uno de carácter más técnico y otro humano. 
El primero es el momento en el que dejó de confiar en otros expertos, en técnicos de comunicación, en periodistas. Lo que he visto de sus ruedas de prensa evidencia que no las llevaba muy bien preparados. Gestos desafortunados (como la costumbre de jugar con las uñas) y palabras que no eran las más acertadas. No me extrañaría que en ese comité de emergencias no hubiese nadie de comunicación. Ni que tampoco nadie se preocupase de dotarlo en estos momentos. Para nuestra desgracia, en nuestro país la comunicación política e institucional se limita a un juego de palmeros o habilidosos jugadores del silencio en la mayoría de los casos. Las excepciones existen para justificar la regla.
El segundo, y más grave porque hablamos de un virtud, se trata de su ausencia de humildad. No es que sea soberbio, es que carece de humildad y eso ha terminado minando su credibilidad. Le ha faltado humildad en explicar desde el principio que estábamos ante una nueva realidad de la que, por esa condición, desconocíamos muchos elementos. Incluso para divulgar un principio tan básico de la ciencia como que no existen verdades inmutables y que el conocimiento puede cambiar en función de los datos de la realidad. Puede resultar cansado esa pedagogía de lo obvio para gente tan sabia y tan lista como él (entienden la ironía, ¿no?), pero muchos asumirían los cambios en diferentes consejos como el baile de las mascarillas.
Y le ha faltado humildad para reconocer sus fallos y errores, para disculparse. Y tiene, desde luego, unas cuantas frases en la hemeroteca que justificarían esas disculpas. Pero el tiempo para esos gestos ya ha pasado.


jueves, 7 de mayo de 2020

DUC (y LII) Fecha de caducidad


Photo by Matthieu Huang on Unsplash



Como todo en esta vida, este diario tiene fecha de conclusión. Si se cumplen las previsiones del gobierno regional (y se van a cumplir porque ya se están encargando de matizar los datos de manera adecuada) el próximo lunes pasaremos a la fase I, que no es la primera, sino la segunda, incluso la tercera (partiendo del confinamiento como fase cero o inicial, pero no puede ser la fase I o primera que es la del lunes; aunque tampoco puede ser fase cero porque es la actual, así que vamos a un des-fase y entendemos el confinamiento como una contingencia, no como una fase) de las cuatro que ha anunciado el gobierno aunque luego tendremos por delante otras tres más. No hagan sumas, no intenten seguir un orden lógico porque es el nivel del gobierno (central) que tenemos. 
Pero como a partir del lunes seguiremos confinando, el diario puede ser diario o no ser diario. Como ven, todo se pega en la vida, menos la hermosura sentenciaba, y con razón, mi bisabuela. Serán días de un confinamiento, con la ventaja de que el acrónimo se mantiene: DUC.
Lo importante, lo realmente importante es que aunque podamos pasear, salir a la calle no debemos olvidar que el SARS Cov-2 sigue en nuestras ciudades, en nuestras carreteras, en las estanterías. Y nosotros seguimos sin vacuna ni tratamiento. Y que es una enfermedad grave, donde la prevención está en nuestras manos: en lavarlas con frecuencia, restringiendo la actividad social y utilizando mascarillas para no infectar y no ser infectados. Esta mañana leía en El Comercio que este miedo al contagio era uno de los síntomas de estar tanto tiempo confinado. No lo voy a discutir, pero, de igual manera, no tengo el más mínimo interés en pasarme quince días en la UCI por una imprudencia. 

miércoles, 6 de mayo de 2020

DUC (y LI) La policía de la verdad





El nuevo Ministerio de la Verdad que el gobierno intenta imponer cuenta con su propia policía encargada de fijar aquello que se debe decir y lo que se puede pensar. Es un cuerpo policial con diferentes unidades, con un número creciente de personas que aspiran a incorporarse a él para rendir pleitesía al régimen o ganar puntos para el futuro. Está la unidad de la corrección política, el equipo de reparto de carné de demócrata (o el que corresponda) y los especialistas en establecer dogmas y paradigmas.
Es muy difícil luchar contra la policía verdad. Utilizan verdades y medias verdades, se aprovechan de las lagunas de conocimiento por pequeñas que sean; retuercen los argumentos al máximo.
Sirva, como ejemplo, la defensa de los expertos. Vemos la crítica a quienes criticamos a Fernando Simón sin ser epidemiólogos, de igual manera que se cuestiona cuando hablamos de arquitectura sin ser arquitectos o cualquier otra actividad sin tener la cualificación requerida para ejercer. Ese argumento limitará a la critica a los colegas, al gremio.
De esta manera, la policía de la verdad se carga de un plumazo el derecho que tiene todo el mundo de pensar, de opinar libremente.
Es evidente que (seguimos con el ejemplo citado) Fernando Simón sabe de epidemiología más que un servidor y, por esa razón, sus reflexiones y criterios serán muchas más veces acertados que los de un servidor. Sin embargo, eso no impide que un momento dado un servidor tenga una idea acertada, incluso brillante por no llegar con apriorismos propios de un sector. El debate está en el centro de la actividad intelectual. Y por eso no se debe tener miedo a la confrontación de ideas. El cuento El traje nuevo del emperador es un buen ejemplo de lo que aporta la libertad de pensamiento. 
Aunque eso no le interese a la policía de la verdad que quiere que la gente  no piense y tenga ideas propias, sólo las tuyas.


martes, 5 de mayo de 2020

DUC ( y L) Adiós a los balcones



Photo by Lili Popper on Unsplash



Desde hace unos días, los aplausos suenan menos fuertes.Cuando empezaban, superaban la barrera de los auriculares con los que habitualmente escribo y me animan a ir a mi ventana. El domingo desapareció la manada de burbujas de jabón que subía por la calle Manolo Quirós y otorgaba a la escena una levedad machadiana. El martes no estaban los vecinos con sus banderas asturiana, sportinguista y gijonesa. En los bloques que observo veo cada vez menos gente. Nos despedimos de los balcones, de los aplausos.
Sin embargo, el Sars-Cov 2 sigue en nuestras calles, los niveles de epidemia aún no se han rebajado, el número de personas hospitalizadas y en la UVI sigue siendo insoportablemente alto... ¿Conduce la rendición del gobierno a la derrota de la sociedad? Pudiera ser. Pero no debemos rendirnos, hay que mantener la protección, el distanciamiento social, el uso de mascarillas, reducir al máximo los desplazamientos superfluos.
Es cierto que ahora se puede salir. Y se debe aprovechar esa medida para cuidar la salud mental y la física; para recibir un poco de sol en el cuerpo, para saber que la ciudad sigue ahí, esperándonos. Pero hay que tener que cuidado. Porque nada sería más triste que volver a ocupar los balcones para aplaudir a los heroicos sanitarios y profesionales que siguen ahí, en esta batalla dura, cruel, silenciosa y larga. No lo olviden. Aún no podemos cantar victoria. Sería un error.
 

lunes, 4 de mayo de 2020

DUC (y XLVIX) Elogio de la descentralización



Fuente: Wikipedia


De manera recurrente se escuchan voces críticas con la descentralización, con el estado de autonomías y el poder municipal. Yo siempre he sido un defensor de las autonomías y,
  en los actuales momentos más que nunca. Las autonomías y el poder municipal han evidenciado su ventaja como contrapeso de otros poderes. Cuando se estudia el sistema democrático estadounidense uno de sus elementos singulares es el sistema de contrapoderes, los equilibrios dentro de él para evitar el poder absoluto.
En estos días de confinamiento, las autonomías y los ayuntamientos han sido un contrapoder del poder central. No cuestiono el mando único fijado en el estado de alarma pero sin estas organizaciones territoriales toda la gestión de España hubiese estado en manos de Pedro Sánchez y de su gobierno. Sí, del mismo Pedro Sánchez del que tantas veces he escrito en este blog y no de manera amigable. En las diferentes partes de España, se han aplicado los criterios del gobierno central (¡¡faltaría más, por supuesto!!), pero al tiempo se ha advertido de riesgos y errores, se ha informado de la realidad y se han trasmitido los matices de una realidad tan compleja como la española. 
Han sido un dique y evidencian su utilidad.

domingo, 3 de mayo de 2020

DUC (y XLVIII) La mar, la mar





Hoy tocó paseo. La verdad es que es un riesgo porque con las normas y el cambio de normas, los esquemas de horarios, limitaciones especiales y tipologías resulta ahora más complicado salir a pasear que antes.
Pero venciendo todos esas incertidumbres, con mascarilla quirúrgica y gel hidroalcohólico salimos de paseo.
Conclusiones: se asume la necesidad de distanciamiento social; eso compensa la menor presencia de mascarillas; la mayoría aún asume que deberá permanecer un tiempo en su casa y que los paseos son refrescos necesarios para el cuerpo y el espíritu.
Emociones: la mar, sobre toda la mar. La posibilidad de volver a verla, aunque sólo sea de lejos, notar la brisa fresca del Cantábrico, pensar en su sonido... No sabía que me podía emocionar tanto la mar.

sábado, 2 de mayo de 2020

DUC (y XLVII) No me rindo





Pasó lo que debía pasar. El gobierno relajó el confinamiento, con el aval de su grupo de expertos, y la gente tomó las calles. Hasta cierto punto previsible y lógico. Pero también peligroso. Muy peligroso. Porque el enemigo no se ha ido, el Sars-Cov2 sigue por las calles, en las suelas de nuestros zapatos y en nuestras manos. Seguirá matando.
Por eso no podemos relajarnos. Yo, al menos, no me relajaré. Es cierto que, para llegar aquí, igual no era necesario este viaje, que el confinamiento ha sido, y es muy duro, pero es mucho lo que nos estamos jugando.
Es cierto que podemos criticar mucho al gobierno, pero si hay gobierno es porque existen gobernados y, nosotros, los ciudadanos, no podemos, ni debemos eludir nuestra responsabilidad individual. Desde luego, con lo que he visto hasta el momento no confío para nada en el gobierno central ni me fío de su expertos donde he visto mucho currículo brillante y poca experiencia en la vida real, mucho gabinetero (y todos sabemos como es la meritocracia en este país) y poca pelea real por las lentejas; mucho discurso teórico y escasa diversidad... Alguno dirá que soy demasiado duro con mis palabras. Pero me defiendo con un sólo argumento. El caso de las mascarillas. Hemos pasado de que no eran necesarias a que son imprescindibles y vuelven a ser necesarias, pero no para todas las personas; y luego sí (en este momento regulamos el mercado para desabastecerlo) y luego no... Ya estoy perdido. Es verdad que la verdad científica no es inmutable y que el conocimiento evoluciona, gracias a Dios. Pero con rigor y explicando las razones. Conceptos ambos que han desaparecido desde hace tiempo del discurso del gobierno hasta el punto de hacerle perder toda la credibilidad. Nota, antes de seguir: me refiero al gobierno central
Así que aprovecharé el margen para salir que pueda y beneficie mi salud mental. Pero seguiré encerrado, confinado hasta que tengamos cierta tranquilidad. 
Saldré con mi mascarilla, no llevaré guantes pero sí gel hidroalcohólico para desinfectarme cada vez que toque superficies posiblemente contaminadas y mantendré el distanciamiento social. Esto me duele especialmente porque tengo ganas de abrazar a muchas personas.
Pero no me rindo. Y espero que ustedes tampoco.
Gracias por leerme.

viernes, 1 de mayo de 2020

DUC ( y XLVI) Víctimas colaterales



Cementerio de San Salvador de Andina, 
La Callezuela, Illas




Ayer no hubo DUC. Pero, como estamos en estado de guerra me permitirán que use la expresión, por las víctimas colaterales. Ya saben, esa expresión acuñada por los yankies para definir a los inocentes muertos en acciones de guerra, por error o acción. Duele menos hablar de daños colaterales que de inocentes muertos. El caso es que ayer no escribí el diario porque la muerte de mi tía Ana, Ana Luisa del Busto, ocupó buena parte de mi jornada, entre gestiones y dolores.
Mi tía Ana no murió del coronavirus, no; pero es una víctima más de esta epidemia. Una víctima de la realidad de la asistencia sanitaria donde se entremezclan las carencias materiales, la dificultad de gestión y lo complejo que resulta la toma de decisiones en escenarios complejos.
Una demencia llevó a mi tía a una residencia para vivir sus últimos años con dignidad y rodeada de cariño. Así ha sido. Hace una semana, un bulto en la cara despertó las sospechas. Todo apuntaba a que era una infección, como así fue; pero su médico de familia no llegó a visitarla nunca. La asistencia fue telefónica, de manera constante, pero telefónica. Ir a la visita implicaba un protocolo especial, incluyendo el uso de un equipo de protección por parte del médico para evitar contagios. ¿Disponía de él? ¿Estaban limitados y prefería conservarlos para otro contexto?
La infección creció hasta el punto de ser necesaria la hospitalización. Así se hizo. Con todos los protocolos. Primero aislamiento para confirmar que no era covid-19 mientras se aplicaba el tratamiento y, finalmente, trasladada a planta al confirmar que no había rastro de Sars-Cov-2 en su sangre. En planta respondió bien al tratamiento. El antibiótico por vena y la hidratación obran milagros y, a los dos días, recibe el alta y es trasladada a su residencia. Una persona enferma y con dificultades para alimentación. No debió ser una elección fácil. Dejarla en el hospital era mantener una paciente de riesgo en un entorno hostil, donde era muy posible un contagio; el regreso a su vivienda implicaba la vuelta a un lugar seguro (llegó sin contagio), pero donde el tratamiento seguiría, pero con una intensidad menor... ¿Qué harían ustedes? ¿Dejar a los soldados en una posición donde pueden morir sin lograr ninguna ventaja estratégica o un repliegue ordenado para tratar de salvar al mayor número de vidas? Optó por lo segundo. Y salió mal. La bacteria entendió que la menor dosis de antibiótico era una oportunidad para seguir creciendo y la aprovechó. No murió de covid-19, pero sin esta epidemia estoy seguro que se hubiese recuperado de este bajón.
Y así, mi tía, como otros tantos, se ha convertido en una víctima colateral de la epidemia. No, no estará en las estadísticas. Pero sí en nuestros corazones. 

miércoles, 29 de abril de 2020

DUC ( y XLV) Bienvenidos al caos


Photo by André Noboa on Unsplash

¡¡Bienvenidos al caos!! Según conocía las fases previstas por el gobierno para el regreso a la normalidad pensaba en un chiste que le hacía mucha gracia a mi madre y que repetía con cierta frecuencia.
Es un gobernante malo que se dirige a su pueblo. ¿Qué queréis: el caos o yo? Hartos de su pésima gestión, el pueblo sentencia: el caos, el caos, el caos. La respuesta del líder es sencilla de comprender: "Nadie será más caótico que yo, así que seguiré al frente de la nación".
Vaticinaba a Pedro Sánchez, aunque no lo sabíamos. 
Después de haber demostrado un comportamiento adulto, por lo menos hasta el pasado domingo, el gobierno sigue tratando a la población como seres infantiles. No le culpo porque no es la primera vez. Y así nos va. 
Nos ofrece el caramelo que todos queremos conocer pero, hasta la fecha, desconozco los criterios con los que se avanzará en las fases. Hoy sólo leí La Voz de Avilés y no encontré detalles. En la rueda de prensa, Pedro Sánchez decía algo tan sensato como que no se puede poner fechas porque todo puede cambiar y, al contrario que en otras naciones, no se darían fechas. Sin embargo, todo lo que salen son fechas, plazos. 
¿El único criterio válido es el descenso de contagios? ¿Basta con que desciendan un día o se marca un plazo mayor? ¿No influyen otros criterios? 
En medio de la mayor crisis sanitaria seguimos donde estábamos, con un gobierno cada vez más sobrepasado, incapaz de informar con claridad a una población que ha demostrado que es adulta y que se ha rendido.
Sí, se ha rendido. Este plan de desescalada, bajada, relajamiento o desconfinamiento me suena a dar a la gente lo que todos queremos escuchar, aunque no sea lo que debamos hacer. Yo, y no soy sanitario, aconsejo a todo el mundo que extreme las medidas de prevención.
La broma no ha terminado.
Y, mientras tanto, ¡¡¡bienvenidos al caos!!! 


martes, 28 de abril de 2020

DUC (y XLIV) No importa su nombre



En los últimos días arrecían las polémicas sobre salir o no aplaudir en los balcones. De hecho, hoy, en mi barrio periférico y solitario, hubo menos aplausos que otras veces. Incluso servidor, que siempre aparecía a las ocho tocando las narices con el silbato plateado que el Colegio de Árbitros de Ciclismo había regalado a su padre, no se acercó. Sirve como coartada que estaba ensimismado con el trabajo y la música, con la música y el trabajo. 
Existen muchos argumentos para no aplaudir: que es su trabajo, que oculta el sufrimiento; pero también sentimientos tan legítimos como el cansancio, incluso el olvido.
Pero mañana, si me acuerdo, saldré a aplaudir. 
Porque pienso en muchas personas.
Pienso en ese celador que lleva 45 días lejos de su familia, porque en ella hay personas de riesgos; viviendo en una casa que no reúne las condiciones pero, sobre todo, sin poder abrazar a sus hijas, a su esposa.
Pienso en lo que me cuentan algunos amigos sobre la incertidumbre de sus negocios; en el miedo de ir a trabajar sin mascarillas de protección, que me explica un médico; en esa persona que tiene a su hija enferma desde hace cinco días y no cómo llegó el sars-cov 2 a sus vidas, aunque ella lo ha tratado a diario.
Podría contar más historias, todas tan ciertas como estas, pero estas son suficientes para volver a salir a aplaudir mañana a los héroes, a nuestros héroes y a nosotros. 

lunes, 27 de abril de 2020

DUC ( y XLIII) El virus y la sociedad




A través del trabajo diario de miles de médicos vamos conociendo los síntomas del covid-19, sus efectos en el cuerpo, la gravedad de la enfermedad en cada persona.
Pero, ¿y en nuestro conjunto, en la sociedad? ¿Cómo nos va a cambiar? Reconozco que al principio yo me encontraba en el bando de los optimistas. La crisis iba a generar una catarsis social, todos saldríamos reforzados, más solidarios, comprometidos, humanos, valorando la vida...
¡¡¡Y una mierda!!! De eso me di cuenta y lo llegué a escribir por este diario. Nada va a cambiar.
Pero es innegable el impacto que está teniendo esta epidemia en la sociedad. Tanto tiempo aislados, tanto tiempo sin dar abrazos, limitados a viviendas más o menos especiosas, con terraza o sin ellas... Todo eso va sumando y algún cambio deberá producirse. ¿Regreso a los pueblos y comunidades más pequeñas? ¿Una nueva forma de socializarse? ¿Un cambio en la demanda de las viviendas? ¿Nuevas formas de comprar, una reorganización en los botiquines domésticos? La sociedad va a cambiar. No sé en qué dirección, no sé si será a todos o no

domingo, 26 de abril de 2020

DUC (y XLII) Y Costillina volvió a ser ciudadana




Pues sí, después de algo más de cuarenta días, Costillina volvió a ser ciudadana. Hoy salió a pasear con Costilla. Yo quedé en el nido ya que considero que debemos respetar las normas al gobierno y, que la crítica nazca desde el comportamiento responsable y cívico. No era la primera vez que salía a la calle. Me acompañó dos veces a comprar pan y una tercera a tirar la basura. Como hacía una noche agradable en vez de regresar directamente al portal, dimos la vuelta a la manzana viendo el cielo y sobrecogido por el silencio de la ciudad. De eso ya ha escrito.
La salida de los niños fue el desmadre que muchos esperábamos. En algunas zonas hubo comportamientos cívicos y en muchas no. No me extraña, como no me extrañaría que hubiese un repunte en las próximas semanas. Nos lo merecemos como nación por la falta de compromiso con la salud de todos. Esto no es una broma y, además de todo el dolor que nos vendrá, espero que surja algo hermoso de todo esto.
De ahí la canción que he puesto en la cabecera. Hoy, para variar, no hay foto.
La canción es una elegía. Bob Dylan la compuso para la banda sonora de Pat Garret y Billly The Kid. No me extrañaría que fuese el filato para intentar ser actor. Suena al final y es la despedida, el himno de dos personas que saben que van a morir. La canción trascendió a la película, que no es de lo mejor del maestro Peckinpah. El resto es historia.

sábado, 25 de abril de 2020

DUC ( y XLI) Es peor el gobierno que el virus



Photo by Mohammad Fahim on Unsplash


Soy de los que piensa que lo peor de esta epidemia es el gobierno, no el sars-Cov-2. Si asumes el discurso verdad de que ellos fueron los primeros en reaccionar, en tomar las medidas necesarias, sus malos resultados evidencian lo mal que lo han hecho. Y si vas al lado contrario, pues eso, piensas que lo han hecho mal desde el principio.
Pero si pienso que el gobierno es peor que el virus no es porque sea malo, es por la sensación que me transmiten de estar desbordados, de no controlar nada, de dejarse llevar. Pienso que está crisis se va a superar por nosotros, por nuestra capacidad de resistencia; por el esfuerzo del personal sanitario y de todo el conjunto de la sociedad. No por la gestión del gobierno.
Llevo días pensándolo pero con lo que sucederá mañana me reafirmó más en mi idea. Mañana mi hija recuperará sus derechos civiles. Pero no pienso darle las gracias a que ese gesto lo haya dictado quien se los quitó. La manera en la que podrán salir los menores a la calle se podrían haber aplicado desde el día 14, 15 o 16 de marzo y no creo que hubiese pasado nada. Admito cuestionamientos de cualquier experto, incluso de Fernando Simón. Pero sí reclamo que me explican cómo van a controlar a los menores después de haber visto el desmadre de los paseos a los perros, la insolidaridad de tanta gente.
Preocupado por el desconfinamiento, he leído diferentes artículos. Entre ellos al profesor Ignacio López Goñí, catedrático de Microbiología en la Universidad de Navarra. En un artículo sobre el confinamiento aporta una propuesta a partir de las reflexiones de la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene y el American Entrerprise Institute. En el plantea tres criterios para iniciar la desescalada. Los tres deben cumplirse al mismo tiempo y son a) reducirse durante catorce días consecutivos el número de casos nuevos; b) que el sistema sanitario se recupere del colapso y pueda dar asistencia continuada y c) disponibilidad de sistemas de diagnóstico rápido para detectar casos en un momento inicial y poder aislarlos. 
Según ese planteamiento, en ese momento se podría empezar la desescalada. Como no los veo por ninguna parte, me imagino en el peor escenario en un margen de quince días. Porque, esa es otra, desconocemos los criterios que guían al gobierno. Más bien los cambios de idea, las ocurrencias o su incapacidad para recopilar los datos ejerciendo el mando único en asistencia sanitaria desde la declaración del estado de alarma.
Como ven, es más sensato temer al gobierno que al virus.

viernes, 24 de abril de 2020

DUC (y XL) La ciudad vacía



Photo by Lucian Alexe on Unsplash




Hoy se juntó la necesidad de salir de compra con el teletrabajo, así que hasta última hora no he tenido tiempo para acercarme al diario. Unas pocas líneas, que no son horas y a uno ya le cansa tantas horas delante de la pantalla.
La compra de hoy me llevó a un lugar diferente a mi supermercado habitual. Cosas de la intendencia. Me dio la oportunidad de conducir por la ciudad, por callejear de una manera que, desde el 14 de marzo, apenas he hecho. El caso es que se reprodujo la misma sensación de desolación al ver la ciudad vacía. Hay gente por las calles, es verdad, menos de la habitual y más de la necesaria. Pero tantos comercios cerrados, bares apagados, personas con mascarillas... Falta luz, falta ruido, falta vida... Es desolador. No sé cómo será el desconfinamiento, pero creo que durante unos días nos alegraremos (al menos yo) de volver a ver el despacho de lotería abierto, la tienda de ropa operativa, la cafetería atendiendo a los clientes...

jueves, 23 de abril de 2020

DUC ( y XXXIX) Acedia



Photo by Frederik Højfeldt Nielsen on Unsplash



De todos los pecados capitales, en estos días de confinamiento el que más me acecha es la acedia. Tiene poca prensa, ha pasado muy desapercibido durante mucho tiempo, pero no por ello es menos peligroso que otros. Es esa sensación de querer tirado todo el día en la cama, o sentarse a llorar y no levantarse, o abrir la ventana y mirar por ella sin hacer nada. Ni aplaudir.
Por eso es peligroso. Porque parar siempre es malo y más en estos días. Pero hay que seguir y mantenerse. Porque estamos aquí, porque estamos vivos, porque es el día de libro y debemos seguir. Por eso escribo hoy. Para sentirme vivo y con ganas de vivir.

miércoles, 22 de abril de 2020

DUC (y XXXVIII) Juegos de mesa



Photo by Christian Fregnan on Unsplash


Mi gran fracaso del confinamiento ha sido, es, no aprender a jugar al ajedrez. También es cierto que no he puesto mucho interés. Cuando ya lo has intentando varias veces, y varias veces son muchas veces, nunca se corre con mucho interés hacia un nuevo fracaso. 
Juegos de mesa, la gran estrella del confinamiento. Costillina ha descubierto el mundo del Scrabble y hemos jugados a diferentes variantes del Monopoly. Nos quedan los juegos de cartas y ya están afianzados en el repertorio doméstico la oca. Luego quedan los tiempos muertos viendo la televisión, descubriendo el mundo de no hacer nada o, sencillamente, mirar por la ventana deseando que todo esto pase.

martes, 21 de abril de 2020

DUC (y XXXVII) El vecino de la bicicleta



Photo by Tiffany Nutt on Unsplash


Tengo un vecino que anda en bicicleta. El tío no perdona un día. Se enfunda el maillot, el culote y se pone a quemar ruedas. Confieso que lo envidió. Verlo así, en su terraza, con ese cadencia. Lo veo desde mi asiento, en la oficina que me he montado en el salón para asegurarme una conexión de calidad. Jadea como los profesionales, los que vemos en las retransmisiones. Está un buen rato, mucho más que yo en la cinta de caminar. Cuando se baja no recibe el maillot de líder, ni flores ni la botella de cava. Espero que le besen en casa. Por lo menos tiene mi aplauso. El tipo sale luego a las ocho a aplaudir. Hay días que sí y días que no. Como todos. Los días ya cansan. Es el sentimiento que se extiende. El cansancio. Y el miedo de que el gobierno yerre no por su incompetencia, sino por el cansancio, por no poder soportar la situación, por no resistir los rodillos de la opinión pública ni el confinamiento.
No son como mi vecino, el de la bicicleta.
 

lunes, 20 de abril de 2020

DUC (y XXXVI) El silencio y la ciudad


Photo by Andraz Lazic on Unsplash


Tocaba salir a echar la basura. Ya he comentado otras veces lo ardua que resulta esa tarea en tiempos de confinamiento. Hay que acumular varias bolsas, organizarse mentalmente para saber qué mano será la que toque las superficies potencialmente contaminadas y cual no y acercarse a los contenedores confiando en que no estén todos llenos. Ayer nos tocó sacar la orgánica, papel, vidrio y plásticos. Como eran muchas bolsas, Costillina se ofreció a acompañarme. Era la tercera vez que salía de casa. No está mal para tener nueve años. Después de repartir los residuos en su lugar correspondiente y en el breve regreso a casa me sorprendió un detalle: el silencio de la ciudad. No es la primera vez que tiro la basura a esas horas y lo normal hubiese sido escuchar la radio de algún aficionado atento al último partido de la jornada, el tráfico o el ruido lejano de El Musel. Pero no había nada. Silencio como pocas veces, un silencio propio de la mañana de un festivo, de las primeras horas del domingo. Pero de la misma manera que el silencio de la mañana de Navidad es hermoso ayer era inquietante por lo escasamente natural que resultaba. 

domingo, 19 de abril de 2020

DUC ( y XXXV) Éramos pocos y rompió la Billy


Photo by 
Semen Borisov on Unsplash




Llevan con nosotros casi diez años. Costillina aún no había nacido y queríamos organizar la biblioteca en el salón. Compramos diez estanterías Billy y nos pusimos manos a la obra. Era octubre de 2010 y lo recuerdo perfectamente porque un fin de semana lluvioso me escapé al Ikea a comprarlas y las fui montando una a una, Costilla ayudaba todo lo que podía, procurando no forzar porque su barriga de embarazada anunciaba que estaba en la recta final del embarazo. 
Desde entonces, ahí han estado, con los libros, testigos silenciosas de nuestra vida familiar, soportando volúmenes hasta ayer.
El sábado se presentaba tranquilo. Cumplía mi rutina diaria hasta que, al colocar un libro (no recuerdo cual) la balda cedió. No fue una cada catastrófica, los gruesos tomos de un tomo de historia y un libro de Moebius evitaron la caída. El ruido de un juguete de hojalata reconvertido en adorno avisó a Costilla de que algo malo estaba pasando. Cuando llegó al salón, yo estaba intentando llevar la balda a su lugar habitual, y casi lo logro si no llega a ser por otra que optó por seguir el camino de su hermana. Era como uno de esos dominós gigantes, sólo que con libros, estanterías y en mi casa. Un horror.
La primera solución fue sacar lo poco que quedaba en su sitio, ponerlo en el suelo y evaluar los daños. Todo apuntaba a que la estructura de la Billy había comenzado a ceder. La balda central mostraba un peligro espacio entre ella y el lateral del armario, que apuntaba a ser el origen de mis preocupaciones. 
Pensar en el cambio de estantería se me antojaba complicado. Así que decidimos arreglarla. Un primer intento terminó en fracaso. Con las baldas puestas, comencé a poner libros y las estructuras volvieron a caer. Es la ventaja que tiene mi licenciatura en la Universidad de Miskatonic, que sirvo para casi cualquier cosa.
Después de varios intentos logramos que todo volviese a su sitio y eliminar la peligrosa holgura. Bien, de nuevo, la prueba de carga, la fundamental prueba de carga. 
Nunca había vivido con tanta emoción el simple hecho de colocar libro. Deje para al final la balda central. Empecé por la más baja y luego las siguientes. Terminaba una línea y esperaba unos segundos. Al ver que no cedía, iba a por la siguiente.
Después de cuatro horas, todos los libros regresaban a su lugar, no su espacio pues el orden alfabético en el que estaban se fue al carajo.
Lo único bueno de todo este lío fue una mañana entera haciendo ejercicio (masa muscular y flexibilidad) y romper las rutinas habituales. 

sábado, 18 de abril de 2020

DUC (y XXXIV) Y salió el arcoíris





Tocaba ayer salir a aplaudir. Desde la ventana del salón se veía llover, una lluvia refrescante, ideal para salir a caminar y que subraya el verde de los prados asturianos. Es la primavera. Nuestros vecinos llevan el reloj adelantado y siempre empiezan unos minutos antes. De esa manera, si se nos pasa la hora, el palmoteo te recuerda la cita y, como casi todo en esta vida, vas si quieres. O no vas.
El caso es que fuimos y asomados a la venta lo vimos. Salía el arcoíris. Es curioso esto del arcoíris. Todos sabemos que es un fenómeno óptico. Lo tenemos tan asumido, que cuando llueve y hace sol sabemos que saldrá. Y aún así nos gusta verlo, nos sorprende, celebramos su belleza.
Aplaudíamos y nos emocionaba porque parecía un mensaje de esperanza. Los arcoíris dibujados por tantos niños con un mensaje de ilusión llegaban a la realidad y esta nos dice que todo iba a salir bien.
Pero lo que más ilusión hizo fue el efecto óptico del arcoíris saliendo de uno de los edificios más animados, donde hace unas semanas todos los vecinos salían a cantar cumpleaños feliz a uno de los niños que se encontraba confinado, como todos.
Y me pareció hermoso, muy hermoso todo. 

viernes, 17 de abril de 2020

DUC (y XXXIII) Rompiendo las rutinas


Photo by My Life Journal on Unsplash


Desde el inicio del confinamiento, me propuse escribir un diario. Diario del confinamiento. Admito que no soy muy original en los titulares. Las mañanas, después de la visita al santoral y a tuiter, llegaba el momento de escribir, de reflexionar y compartir.
Las jornadas de compra (ir de caza, como me gusta escribir) se complicaban. El diario llegaba en sesión vespertina, incluso nocturna. Salvo ayer, ayer no hubo diario.
Tocó, efectivamente, ir de compras, pero entre supermercado, pescadería, farmacia y atender a los mayores la ronda consumió cuatro horas. Lo justo para llegar a casa agotado. Y luego toca subir la compra, limpiarse uno, ayudar a limpiar... 
Así que, ya repuesto, uno se lanza al sexto continente y entre unas cosas y otras, un juego, una conversación, el aplauso de las ocho llega el momento de apagar el ordenador. Y el diario sin escribir.
¿Qué hago? Menudo dilema.
Así que optó por la mejor solución: romper con la rutina. Ya disfruto de bastante igualdad en mi vida, de días similares salvo por las sombras en el edificio que veo. Ya escribiré mañana sobre hoy, si es que escribo. Al fin de todo, es de las pocas libertades que me quedan: poder hacer con lo mi tiempo libre lo que quiera.

miércoles, 15 de abril de 2020

DUC ( y XXXII) Las virtudes del teletrabajo



Photo by Sharon McCutcheon on Unsplash






La situación se alarga. Abril será un mes entero de confinamiento y tengo asumido que mayo seguirá el camino. No me extraña que cayese también junio y en julio iríamos poco a poco. La situación se alarga y también el experimento del teletrabajo. A pesar de ello, los días siguen cayendo sin grandes problemas. La cita de las ocho para aplaudir, el momento de empezar a trabajar, la planificación de las compras y el el teletrabajo.
Se añoran, es verdad, el tiempo con los compañeros, las charlas en la redacción, las visitas inesperadas, el sobresalto cuando se escuchaban más sirenas de lo habitual, los debates, los libros de las editoriales.
Pero el teletrabajo también tiene sus cosas buenas. Me estoy ahorrando cuatro viajes diarios Gijón-Avilés. No me importa ir y suelo aprovechar para escuchar podcast, lo que significa que ahora se están acumulando de manera obscena. También es cierto que dispongo de un tiempo para cosas que antes no podía
Más ventajas. Ver trabajar a los otros miembros de la familia permite que valores exactamente su trabajo. Antes del confinamiento podías escuchar cuando te comentaban que habían hecho o esto; entendías su cansancio por tu propia experiencia humana del cansancio, pero ahora lo ves. De la misma manera que ellos te ven y a la comprensión intelectual unen la vital, el compartir el momento.
Y luego están las propias ventajas del teletrabajo. Al final, por muy buena coordinación que tengas, el teletrabajor se encuentra solo, con lo que terminas examinando tus rutinas, tus procedimientos e introduces cambios para mejorarlos, aunque sólo sea para ganar más tiempo.
En fin, que no se está tan mal, pero quiero recuperar mi vida. Que conste.

martes, 14 de abril de 2020

DUC (y XXXI) La Comida en la calle sí ha tenido lugar.



Sabugo, 2015



El Lunes de Pascua en Avilés es sinónimo de Comida en la calle, la fiesta que nació hace casi treinta años y que ya se ha asentado en nuestro imaginario colectivo que en el recuerdo colectivo es que todo el mundo participó en la primera edición (alerta de spoleir: yo no). Pero hoy no se trata de eso. Hoy de lo que se trata es que este año no hubo Comida en la Calle. ¿O sí la hubo?
No lo tengo claro.
Lo cierto es que las redes sociales, las tan denostadas redes sociales, se llenaron de fotos de gente celebrando la comida, no en la calle, sino en sus casas o en los balcones; aportando los platos que siempre llevan al lugar de Avilés donde les gusta ir. Todos hemos recordado los mejores momentos, se ha cantado y se ha reído; se ha llorado y nos hemos abrazado, sabiendo que el sentimiento de hermandad es eso, un sentimiento, y, aunque estemos confinados, encerrados para superar la epidemia, nada ni nadie nos hará renunciar a la fraternidad avilesina, a la comunión entre todos nosotros que sólo aspiramos a vivir y disfrutar de la vida, amar y ser amados, sentir el aire de la mañana en la cara y una taza de café. Nadie podrá acabar con eso.
Y mucho menos un virus.
La Comida en la calle sí tuvo lugar.
 

lunes, 13 de abril de 2020

DUC (y XXX) Cosas que deberían cambiar




Photo by Ross Findon on Unsplash



Cumplimos un mes de este diario y me apetece ponerme trascendente. Sin ánimo de ser exhaustivo, apunto una serie de cosas que deberían o pueden cambiar después de esta epidemia. Como aún tenemos para otro mes, puede ser que la lista aumente:

  1. China. Una parte de lo que está sucediendo se debe a su falta de información y transparencia. Tenían un problema de los gordos y se dedicaron a alimentar la idea de que era poco más que una gripe. Podrán seguir siendo una dictadura, podrán no abandonar el comunismo pero un país con ese peso en el mundo debe mejorar su transparencia en los aspectos que afectan a toda la comunidad,a todo el planeta.
  2. Cooperación internacional. Buena parte de los éxitos se están logrando gracias a la cooperación internacional, a la transferencia de conocimientos. Los mecanismos existentes deberán reforzarse en el futuro. La Organización Mundial de la Salud lleva desde finales de los noventa advirtiendo de riesgo de pandemias cuyo foco estuviese en Asia por el salto de virus de animales a personas. Los sustos del Sars y el Mers no llegaron a Europea y generaron escepticismo, incluso críticas por las vacunas que se compraron y no se llegaron a usar. ¿Será el futuro igual?
  3. Nacionalismo económico. Los países europeos estamos viendo el precio de deslocalizar la producción. No creo que regrese toda, pero sí que habrá un replanteamiento. De igual modo, ante la futuro crisis económica aumentará el consumo de los productos nacionales, de lo local frente a las importaciones.No me extrañaría un resurgimiento del proteccionismo, si es que alguna vez se ha ido.
  4. Solidaridad. La sociedad ha vuelto a demostrar, una vez más su capacidad solidaria. Queda saber si se transformará en estructuras estables en el futuro. También queda el reto de la expansión internacional. El virus comienza a golpear en África y las zonas empobrecidas. ¿Habrá una respuesta solidaria con esos país?
  5. Cambios sociales. El confinamiento modifica la forma de vivir. Una terraza hoy es un objeto de deseo; un perro un lujo. ¿Se demandarán otro tipo de viviendas, se producirá un traslado de zonas urbanas a espacios rurales próximos para asegurar un espacio vital superior a los noventa metros cuadrados de un piso, lo que para muchos es un lujazo? ¿Mantendremos estos compromisos con los vecinos? ¿Nos socializaremos de igual manera que ahora? Las amistades, el trato con las personas no será igual.
  6. Política. En los últimos años, hemos visto la llegada de una nueva generación de políticos animados por las redes sociales; la nueva política que ahora manda cuenta con valores como la juventud, la inexperiencia, un peso excesivo de la ideología en la toma de decisiones y la demagogia. Es la generación twitter, la generación T. Su fracaso en la gestión de la crisis es más que evidente. Un fracaso tanto en el gobierno como en la oposición. La generación T está condenada a ser arrollada igual que ésta fulminó a los políticos de la Transición.
  7. Relaciones labores. Ha llegado el teletrabajo. Pero, ¿hasta qué punto se marchará? ¿Se cambiarán las relaciones laborales?
  8. Sistema Sanitario español. La crisis ha demostrado la fortaleza del sistema sanitario español, pero también algunas de sus carencias, como la necesidad de suministros centralizados o más agilidad para coordinarse o reforzar los centros de referencia para transferir conocimientos. Algo se intentaba hacer, pero se deberá avanzar más.
 

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