domingo, 15 de diciembre de 2019

El verano nunca será olvidado

Photo by Sean O. on Unsplash




Era una de esas jornadas típicamente invernales de Asturias. La lluvia y el viento azotaban el coche. No había mucho tráfico, prácticamente circulaba solo por la autovía. Así que, en esa calma, con la única preocupación del agua y agarrar con firmeza el volante vi la inscripción. Una frase gigantesca sobre uno de los taludes de piedra que rodean la autovía. Estaba inglés y, por la velocidad, no puedo asegurar si era este verano nunca será olvidado o el verano nunca será olvidado.
También es posible que aludiese a otra estación, pero viviendo el inverno en ese momento no me parecía poético pensar en el presente.
Sí en el pasado. En ese verano de playa y paseos; el aire fresco de la noche, poder sentarse ante la costa para hablar, leer al aire libre.
El verano nunca será olvidado. Hasta que regrese y añoremos el invierno y sus pucheros, las botas altas y los caldos.
Así es la vida. Añoranza y presente; pasado y futuro. Les tengo que dejar, que veo tráfico. 

viernes, 8 de noviembre de 2019

Regresa el invierno


Photo by 
Adam Chang on Unsplash



Regresa el invierno, así, sin avisar. Cuando debíamos estar caminando sobre la hojarasca, disfrutando de los colores del otoño nos encontramos con el invierno.
Asi, de golpe, sin esperarlo.
Llega el inverno, rescatamos las bufandas y los gorros de lana; el caldo y el chocolate caliente, el caminar apresurado por las calles azotadas por el viento; el temporal en el Cantábrico y el calor de la cama.
Me gusta el invierno, como disfruto de la primavera y el verano; pero en su tiempo. Añoro estos días de otoño que nos han robado. No sé si una borrasca o el cambio climático, si es azar a o no.
Cada estación a su tiempo. 
Lo demás es caos.

viernes, 1 de noviembre de 2019

No son las redes, son las personas


Photo by Hermes Rivera on Unsplash

Existen tópicos que circulan por ahí y se asientan con éxito en el imaginario colectivo. Uno de ellos es esa frase del estercolero en el que se han convertido las redes sociales.
Mi impresión es que muchas personas dicen eso cuando en realidad quieren decir: en este mundo hay gente que no piensa como yo y lo dice; incluso se atreven a rebatirme.
También hay quienes disocian la realidad física y el espacio virtual, como si éste fuese una sublimación de aquel y las personas se expresasen en todo tiempo y momento como seres virtuales. 
En realidad, las redes sociales, como Internet, no son más que una extensión del mundo real, donde las personas usan máscaras o no, pero que al final su comportamiento dependerá de ellos, no del medio en el que se encuentran. He encontrado a enmascarados con cuentas de imprescindible lectura y a gente que, con cara descubierta, no escriben más que tonterías. 
Las mismas turbas que pueden cortar calles en Barcelona son las que pueden hacer el ruido en la red.
¿Convierte todo esto a Internet en un lugar peor que antes? No. Y soy tajante. En mis primeras navegaciones, allá por el 96, 97 del siglo pasado ya había anónimos maravillosos y odiosos.
Nada ha cambiado, tan sólo se hace más visible. Y, posiblemente, alguno vuelve a descubrir que la Arcadia feliz no existe, sólo la humanidad con sus glorias y miserias.

martes, 24 de septiembre de 2019

De youtubers y libros

Photo by Christian Wiediger on Unsplash



Es muy interesante pasear por los supermercados, los grandes almacenes. Ofrece mucho de experimento sociológico, siempre que logres abstraerte de la lista de la compra. No sólo a las familias paseando o la presencia del guarda de seguridad entre los lineales de verdura. Ver como las reponedoras son subcontratadas refleja la precarización de la economía y los esfuerzos de las empresas para mantener su rentabilidad.
Pero hoy de lo que quiero escribir no es de eso, sino de la sección de libros, donde ya se puede encontrar un apartado específico de youtubers. No clásicos, poesía, pensamiento político, fantasía; no. Youtubers. Unos cuantos miles de seguidores, aunque seguramente se contarán por millones, justifica la edición de libros que traspasan al papel los contenidos de sus canales o su biografía. Consejos básicos de autoestima, ficciones bastantes pobres... De todo lo que se ve por la pantalla.
Es negocio y me parece muy bien que los gestores de tal editorial trabajen por sanear sus resultados. Seguramente de esa manera dispondrán de margen para la edición de otros productos de interés cultural, aunque menos rentables.
Pero más allá de esa consideración, esa irrupción de los youtubers me fascina por varios elementos. El primero es la reivindicación del libro como objeto de cultura. Sí, mucha pantalla, mucho mundo digital pero al final necesitan el libro, el papel para alcanzar prestigio, darse seriedad, abandonar un espacio que no se reconoce como prestigioso. 
El universo youtuber es joven, pero necesita acudir a los cánones de toda la vida para prestigiarse.
El libro, desde luego, no está muerto. 

martes, 17 de septiembre de 2019

El cine como moral



El cine de Paolo Sorrentino no ofrece lugar a términos medios. Se ama o se odia. Su escritura está lastrada por algunos rasgos de estilo que podemos definir como barroquizantes y que, en buena medida, explican que su destino final sea la televisión. De esa manera se puede entender la duración de Silivio (y los otros) que con sus tres horas y veinticuatro minutos difícilmente iban a tener recorrido en las salas cinematográficas. 
El reto de cercenar el talento o dejar que fluya se resuelve a favor del gran cine para los amantes del Séptimo Arte gracias a la televisión. Paradojas del siglo XXI.
El caso es que con esta nueva película, Sorrentino demuestra que es uno de los grandes artistas del momento. Su talento permite radiografiar una sociedad, la italiana, pero también la europea, la occidental. La decadencia de Silvio Berlusconi es el tema de la película, pero, al final, termina reflexionando sobre la corrupción, la corrupción como fenómeno social y decadencia moral de una película, las ansias del poder y esa delgada frontera en la que el político pierde el sentido de deber y de Estado que lo llevó al compromiso. De todo eso habla Silvio y eso la convierte en una película imprescindible para explicar la actual crisis moral de occidente, en la que estamos. 

jueves, 22 de agosto de 2019

First Man

https://www.filmaffinity.com/es/film996587.html



Neil Amstrong no pisó la luna. No llegó sólo al satélite en esa gesta que este año tanto hemos recordado. No. Conél viajó toda la humanidad y, sobre todo, el dolor y el sufrimiento personal. ¿Será el dolor lo que nos hace más humanos? ¿Más humanos que la felicidad, que el amor, que la misericordia?
Son muchas las preguntas que surgen después de disfrutar de este First Man que el año pasado firma Damien Chazelle, director de la triunfante La la land, en mi opinión otra película fallida porque  no sabe si va o si viene o se queda en el medio.
Ryan Gosling tiene buena parte de la culpa, con ese aire inexpresivo, esa incapacidad de comunicar que no sabes si está estreñido, simplemente tiene un mal día o se acaba de tirar un pedo. Es hermoso, pero mi esponja comunica más, aunque sólo porque suelo depositar el jabón en mi mano y ella, la esponja, reclama un poco de actividad.
El sustento es un guión, un buen guión que habla de hombres y mujeres que sufren; de las dudas de la exploración espacial, de las gestas y esfuerzos, de los miedos y la soledad. Es una reinvindación de la humanidad en las grandes proezas como pocas veces se ha visto. Una pena que no se hubiese explorado más sus posibilidades.

lunes, 19 de agosto de 2019

Se compra Groenlandia

Photo by Annie Spratt on Unsplash


De todas las noticias de la semana pasada, me quedo con los planes de Donald Trump para comprar Groenlandia. Parece propia de otra época, de cuando compraron Alaska o las Filipinas. La Casa Blanca no se ha pronunciado oficialmente sobre el asunto, pero tiene su miga.
No creo que la operación sea por las riquezas naturales de Groenlandia. Yo apuesto por su importancia geoestratégica. Y es lo que me da miedo.
Me explico.
Miren el mapa. Groenlandia es esa gran isla, en el Atlántico, a la derecha de Canadá y justo debajo del Ártico. Todo un territorio de hielo. ¿Hielo? ¿Quién ha dicho hielo?
El calentamiento global ha incrementado las posibilidades de navegar el Ártico y, a su vez, cada vez parece más probable la explotación minera de sus recursos. 
No sé si recuerdan que hace unos años los rusos se las afanaron por organizar expediciones científicas que llegaban al fondo del Ártico y todo eso.
O sea, que una geopolítica del calentamiento global, Groenlandia pasa de ser una isla grande en medio del Atlántico al vestíbulo del Ártico. Un emplazamiento de gran valor para vigilar a los rusos y asegurar el dominio americano sobre el que puede ser uno de los mares del siglo XXI. El otro es el Pacífico y ahí ya se pega con China.
De ahí que lo más inquietante de todo esto es que si es verdad la operación de compra, el calentamiento global es irreversible y las grandes potencias ya comienzan a prepararse para ello.
Tranquilos, que nosotros seguiremos a lo nuestro.

lunes, 12 de agosto de 2019

La Comunión de Costillina



Photo by 
Grant Whitty on Unsplash

De todas las cosas que me van pasando este año, la más emocionante, sin dudarlo un segundo, ha sido la Primera Comunión de Costillina. Fue un momento emocionante, trascendente, tanto por el recuerdo de quienes no están físicamente con nosotros como por las presencias y el paso en la vida que implica una ceremonia de ese tipo.
Porque es indudable que una celebración de este tipo tiene mucho de rito de paso, de abandono de la infancia para acercarse a la preadolescencia, de evolución para el comulgante y también para su familia.
Pero existen muchas más dimensiones en una Primera Comunión y que, conociéndolas, aportan su valor, realzan el momento.
Me parece fundamental vivirla como un acto familiar, durante todo el proceso hacia ella como en su celebración y la vivencia posterior a la Comunión. Es un enriquecimiento para todos. El diálogo de la familia se refuerza, se vive con más intensidad.
La Primera Comunión también es una fiesta. Y eso es muy importante. No sólo por la fiesta en sí, sino porque se aprende que la verdadera fiesta es la que dispone de un sentido. Sabiendo lo que festejamos, el festejo se disfrutará con mucha mayor plenitud.
Y, lo más trascendente de todo este jolgorio, es la idea de Dios que se encuentra detrás de la Primera Comunión. Dios como amor, Dios como familia, Dios como fiesta y como vida.
Lo más difícil de la Primera Comunión es vivirla en esa dimensión plena, pero, cuando se alcanza, se goza de una manera extraordinaria. 

viernes, 9 de agosto de 2019

Don Pelagio

Photo by Ines Álvarez Fdez on Unsplash


Mel Gibson visita Asturias en un recorrido turístico por el norte de España. De vacaciones, no para hacer un Mad Max, el salvaje de la variante del Pajares. Le reconozco buen gusto al ausi. El caso es que el gran debate se monta cuando dice que estaría bien hacer una película sobre don Pelayo. Y todos llevándose las manos a la cabeza o al bolsillo, vete a saber.
Unos horrorizados por el temor a una ofensiva nacionalcatólica carpetovetónica; otras deseando que se abra el tarro de las esencias patrias; algunos temorosos de lo que pudiera hacer después de haber visto Braveheart. Y no falta quienes, como es mi caso, no se extrañan de que se acerque con interés a la historia de España.
Porque mirando sin complejos nuestra historia encontramos cientos de hechos que dan para películas, para grandes novelas como la que escribió Lázsló Passuth con El dios de la lluvia llora sobre México, al narrar la llegada de Hernán Cortés a México y el choque cultural que supuso.

¿Acaso la carga del regimiento Alcántara en el desastre de Annual no tiene una película? No conocía la historia y la leí recientemente en Twitter, vía @jpartej. Heroísmo, valor, sacrificio... Con mucho menos los yankis han hecho películas regulares, mediocres, incluso grandes filmes. Aunque, claro está, ellos no se avergüenzan de su pasado y se limitan a mirarlo a los ojos,  contando como lo sienten, con sus contradicciones, grandezas y miserias.

jueves, 1 de agosto de 2019

Oh, la patata






Photo by Nic D on Unsplash


En mi infancia, comprar patatas era relativamente sencillo. Las indicaciones no iban más allá de su tamaño y, como mucho, su suciedad. La primera evolución fue cuando se pudo elegir entre comprar patatas a granel o en bolsa.
Pero ahora, ahora comprar patatas exige toda una maestría. No sólo se trata de escoger entre la patata al peso o a granel. El estante de cualquier comercio te ofrece la posibilidad de seleccionar entre patatina y patata; patata para freír o hervir. Y, con un poco de suerte, puedes escoger entre varias denominaciones de origen.
Todo eso por la sencilla y vulgar patata.
Pero, si les digo la verdad, me parece muy bien porque no deja de ser una reivindicación de la sencillez, el elogio y reivindicación de un producto humilde que es capaz de lograr placeres dignos de reyes. ¿Acaso existe un plato que se pueda comparar con las patatas fritas con huevos? Oh, la patata; adorno de jardines y después alimento de pueblos. Mucho le debemos los europeos a la patata y casi todo ello bueno. Las hambrunas de la patata fue por su escasez y, ahora que abundan, nos permiten disfrutarlas de mil y un manera diferentes.

Buen provecho.

lunes, 1 de julio de 2019

Sin tí no fue igual



"Sin ti no fue igual; te hubiese gustado". Tiene razón Debbie Ocean. Sin Danny Ocean la película no fue igual. Y también sin Steven Soderbergh, que algo sabe de hacer película. Y se equivoca, y vaya si se equivoca, Debbie cuando afirma que le hubiese gustado. Porque no, no le hubiese gustado nada una película previsible, sin emoción, recurriendo a trucos ya conocidos y sabiendo todos cómo iba a terminar. De hecho, la única duda era saber si la tumba de Danny era un trampantojo. 
Afortunadamente, no, está muerto. La saga nunca debió continuar. La primera película explotó bien la idea y la dejó toda cerrada. A partir de ahí, el asunto ha ido cada vez degenerando más. 
Lo peor, seguramente, está por venir. 



viernes, 28 de junio de 2019

Lecciones de La Manada


Photo by 
Mihai Surdu on Unsplash



Ya han pasado suficiente tiempo desde que se conoció la sentencia del Tribunal Supremo sobre La Manada para reflexionar sobre ella con cierta calma. De todo esto proceso extraigo cinco conclusiones que me atrevo a compartir con ustedes.
1ª) La idiotez ya se ha convertido en un elemento más del discurso público, de la política. Nos hemos idiotizado tanto hasta el punto de que somos incapaces de discernir el lenguaje común de un código especializado, como puede ser el lenguaje jurídico. Lo que, en el lenguaje normal es una violación no existe en el lenguaje jurídico se define como abuso o agresión. ¿Significa eso que deja de ser una violación? No, lo es, hasta el punto de que se define como un delito contra la libertad sexual de las personas, con todo lo que implica esa idea. 
Pero, claro, los idiotas son mucho más fáciles de dominar y manipular que una población formada y con capacidad crítica.
2ª) La turba de idiotas e ignorantes es cada vez más grande, más numerosa con el riesgo que ello implica para la democracia, para el Estado de Derecho. El próximo golpe de estado no vendrá por una asonada o un alzamiento militar, sino de la mano de la ignorancia y la manipulación. Ahora que escribo esto, ¿no fue acaso lo que sucedió en Cataluña fruto de la ignorancia y la manipulación? No es un modelo de éxito porque no han alcanzado todos sus objetivos, pero sí los suficientes para ser rentable para la elite que manipula y cuida a esa turba.
3ª) El Código Penal cuenta con la capacidad para asumir nuevas formas delictivas sin necesidad de reforma. Nuestro escudo jurídico es suficientemente potente para blindar nuestras libertades. Caben nuevas lecturas, de hecho el fallo del Tribunal Supremo lo es, y tal vez sería necesario que la primera instancia los diferentes operadores jurídicos no tuviesen miedo a lanzarse a ellos.
4ª) Cada vez es más necesaria una reforma judicial que la lleve al siglo XXI. Han pasado tres años desde el delito a la sentencia. Es mucho tiempo. Los procesos judiciales no pueden alargarse de esa manera. La justicia necesita medios y recursos, sobre todo; también algún cambio legislativo porque muchas normas son centenarias y responden a otra realidad de comunicaciones. Por eso es necesario un gran acuerdo entre los partidos políticos para modernizar el sistema judicial en un periodo razonable de tiempo, cuatro o cinco años. Planificar una reforma de una manera global y comprometiéndose a su ejecución con independencia de los cambios de gobierno y calendario electoral.
5ª) De nuevo la incapacidad de los políticos para mirar más allá de sus ombligos provoca que el juicio llegue sin la necesaria reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal que incorpore la conocida doctrina Parot para alargar el cumplimiento de las condenas. Existe una idea generalizada de que no se castiga de manera suficiente el delito, que a los cuatro días uno sale a la calle. Es necesario aplicar esa reforma para terminar con esa idea; endurecer el cumplimiento de las penas allá donde sea necesaria. Y, en algunos casos, retirar las competencias a las administraciones que manifiestamente son desleales con esa vigilancia de la sanción, como viene sucediendo en los últimos meses con Cataluña.
Ya sé que todo esto es clamar en el desierto, pero, por lo menos, me queda la tranquilidad de haberlo escrito negro sobre blanco.

viernes, 26 de abril de 2019

Reflexión desde la belleza


Mañana comenzará la jornada de reflexión después de la campaña electoral más atípica de las que recuerdo, y eso que ya van unas cuantas.
Como ciudadanos, debemos reflexionar sobre nuestro voto, sobre la decisión que adoptaremos dentro de dos días si aún no la hemos fijado.
Para que piensen bien, les dejo esta joya, esta versión que encontré navegando por el feis, en el muro de Elma Vega.
Sheku Kanneh-Mason es una promesa de la música británica que tiene más de realidad que de promesa. Su visión de la música es de 360 grados como lo demuestra con esta adaptación que invita a la belleza. Y puesto que debemos reflexionar, nada mejor que hacerlo desde la belleza.




martes, 23 de abril de 2019

Feliz día del libro, Nani

Foto: Ismael Arana, La Vanguardia


Hoy se celebra el Día del Libro y se me ocurren muchas maneras de celebrarlo. Pero me apetece contar la historia de  Hernando 'Nanie' Guanlao. Descubrí su historia leyendo Misioneros tercer milenio, aunque también ha sido objeto de trabajos en La Vanguardia. No es de extrañar. 

Hace diecinueve años, a la muerte de sus padres, Nanie decidió honrar su memoria. A sus padres les debía el amor a la lectura, que consideraba uno de sus mayores regalos. Por eso decidió dar un uso público a sus libros, liberarlos. Abrió su casa como una biblioteca, pero sin normas. La gente cogía los libros, se los llevaba y regresaba cuando querían. Lo curioso es que regresaban y cada vez había más. La biblioteca crecía en un país como Filipinas, con una tasa de alfabetización  que supera el 96% pero sin una red de bibliotecas. De esa manera surgía el Reading Club, una biblioteca para todos, especialmente los más pobres. Con su bicicleta, Nanie divulgaba su amor por la lectura. El proyecto crecía y crecía. Y sigue creciendo atrayendo el interés internacional.

Y voy a serles sinceros. Está muy bien los escritores, la parafernalia editorial y todo eso jaleo. Pero el libro existe por el amor por la lectura que nos recuerdan gestos como el de Nanie, que me enternecen y me gusta recordar en un día como hoy.

martes, 16 de abril de 2019

Elecciones: toca dudar

Photo by Paolo Nicolello on Unsplash



Se acercan las elecciones y ante la triple, si hay suerte, cita electoral que nos espera toca sacar la varita de dudar; dudar de todo lo que nos digan, de las promesas y las denuncias; de los lemas y de los programas electorales que ya casi no se imprimen porque resulta más rentable invertir en noticias falsas.

Yo, en estas campañas electorales, ante la imposibilidad de huir a Montana (hay que pagar la hipoteca), saco mi libreta y apunto lo que yo quiero; reflexiono sobre mis intereses. A partir de ahí, intento mirar un poco a lo que dicen, a lo que hicieron, incluso a lo que hacen. Y entre ese horizonte egoísta que me gustaría tener, el pasado y el presente defino mi voto. Por supuesto, no sin antes llevarme unos cuantos sustos y decepciones.

No es la panacea, pero, por lo menos, paso el rato. Que no es poco. 

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