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Photo by Tiffany Nutt on Unsplash Tengo un vecino que anda en bicicleta. El tío no perdona un día. Se enfunda el maillot, el culote y se pone a quemar ruedas. Confieso que lo envidió. Verlo así, en su terraza, con ese cadencia. Lo veo desde mi asiento, en la oficina que me he montado en el salón para asegurarme una conexión de calidad. Jadea como los profesionales, los que vemos en las retransmisiones. Está un buen rato, mucho más que yo en la cinta de caminar. Cuando se baja no recibe el maillot de líder, ni flores ni la botella de cava. Espero que le besen en casa. Por lo menos tiene mi aplauso. El tipo sale luego a las ocho a aplaudir. Hay días que sí y días que no. Como todos. Los días ya cansan. Es el sentimiento que se extiende. El cansancio. Y el miedo de que el gobierno yerre no por su incompetencia, sino por el cansancio, por no poder soportar la situación, por no resistir los rodillos de la opinión pública ni el confinamiento. No son como mi vecino, el de la bicicleta. |
martes, 21 de abril de 2020
DUC (y XXXVII) El vecino de la bicicleta
lunes, 20 de abril de 2020
DUC (y XXXVI) El silencio y la ciudad
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Photo by Andraz Lazic on Unsplash
Tocaba salir a echar la basura. Ya he comentado otras veces lo ardua que resulta esa tarea en tiempos de confinamiento. Hay que acumular varias bolsas, organizarse mentalmente para saber qué mano será la que toque las superficies potencialmente contaminadas y cual no y acercarse a los contenedores confiando en que no estén todos llenos. Ayer nos tocó sacar la orgánica, papel, vidrio y plásticos. Como eran muchas bolsas, Costillina se ofreció a acompañarme. Era la tercera vez que salía de casa. No está mal para tener nueve años. Después de repartir los residuos en su lugar correspondiente y en el breve regreso a casa me sorprendió un detalle: el silencio de la ciudad. No es la primera vez que tiro la basura a esas horas y lo normal hubiese sido escuchar la radio de algún aficionado atento al último partido de la jornada, el tráfico o el ruido lejano de El Musel. Pero no había nada. Silencio como pocas veces, un silencio propio de la mañana de un festivo, de las primeras horas del domingo. Pero de la misma manera que el silencio de la mañana de Navidad es hermoso ayer era inquietante por lo escasamente natural que resultaba.
domingo, 19 de abril de 2020
DUC ( y XXXV) Éramos pocos y rompió la Billy
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Photo by Semen Borisov on Unsplash
Llevan con nosotros casi diez años. Costillina aún no había nacido y queríamos organizar la biblioteca en el salón. Compramos diez estanterías Billy y nos pusimos manos a la obra. Era octubre de 2010 y lo recuerdo perfectamente porque un fin de semana lluvioso me escapé al Ikea a comprarlas y las fui montando una a una, Costilla ayudaba todo lo que podía, procurando no forzar porque su barriga de embarazada anunciaba que estaba en la recta final del embarazo.
Desde entonces, ahí han estado, con los libros, testigos silenciosas de nuestra vida familiar, soportando volúmenes hasta ayer.
El sábado se presentaba tranquilo. Cumplía mi rutina diaria hasta que, al colocar un libro (no recuerdo cual) la balda cedió. No fue una cada catastrófica, los gruesos tomos de un tomo de historia y un libro de Moebius evitaron la caída. El ruido de un juguete de hojalata reconvertido en adorno avisó a Costilla de que algo malo estaba pasando. Cuando llegó al salón, yo estaba intentando llevar la balda a su lugar habitual, y casi lo logro si no llega a ser por otra que optó por seguir el camino de su hermana. Era como uno de esos dominós gigantes, sólo que con libros, estanterías y en mi casa. Un horror.
La primera solución fue sacar lo poco que quedaba en su sitio, ponerlo en el suelo y evaluar los daños. Todo apuntaba a que la estructura de la Billy había comenzado a ceder. La balda central mostraba un peligro espacio entre ella y el lateral del armario, que apuntaba a ser el origen de mis preocupaciones.
Pensar en el cambio de estantería se me antojaba complicado. Así que decidimos arreglarla. Un primer intento terminó en fracaso. Con las baldas puestas, comencé a poner libros y las estructuras volvieron a caer. Es la ventaja que tiene mi licenciatura en la Universidad de Miskatonic, que sirvo para casi cualquier cosa.
Después de varios intentos logramos que todo volviese a su sitio y eliminar la peligrosa holgura. Bien, de nuevo, la prueba de carga, la fundamental prueba de carga.
Nunca había vivido con tanta emoción el simple hecho de colocar libro. Deje para al final la balda central. Empecé por la más baja y luego las siguientes. Terminaba una línea y esperaba unos segundos. Al ver que no cedía, iba a por la siguiente.
Después de cuatro horas, todos los libros regresaban a su lugar, no su espacio pues el orden alfabético en el que estaban se fue al carajo.
Lo único bueno de todo este lío fue una mañana entera haciendo ejercicio (masa muscular y flexibilidad) y romper las rutinas habituales.
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sábado, 18 de abril de 2020
DUC (y XXXIV) Y salió el arcoíris
Tocaba ayer salir a aplaudir. Desde la ventana del salón se veía llover, una lluvia refrescante, ideal para salir a caminar y que subraya el verde de los prados asturianos. Es la primavera. Nuestros vecinos llevan el reloj adelantado y siempre empiezan unos minutos antes. De esa manera, si se nos pasa la hora, el palmoteo te recuerda la cita y, como casi todo en esta vida, vas si quieres. O no vas.
El caso es que fuimos y asomados a la venta lo vimos. Salía el arcoíris. Es curioso esto del arcoíris. Todos sabemos que es un fenómeno óptico. Lo tenemos tan asumido, que cuando llueve y hace sol sabemos que saldrá. Y aún así nos gusta verlo, nos sorprende, celebramos su belleza.
Aplaudíamos y nos emocionaba porque parecía un mensaje de esperanza. Los arcoíris dibujados por tantos niños con un mensaje de ilusión llegaban a la realidad y esta nos dice que todo iba a salir bien.
Pero lo que más ilusión hizo fue el efecto óptico del arcoíris saliendo de uno de los edificios más animados, donde hace unas semanas todos los vecinos salían a cantar cumpleaños feliz a uno de los niños que se encontraba confinado, como todos.
Y me pareció hermoso, muy hermoso todo.
viernes, 17 de abril de 2020
DUC (y XXXIII) Rompiendo las rutinas
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Photo by My Life Journal on Unsplash
Desde el inicio del confinamiento, me propuse escribir un diario. Diario del confinamiento. Admito que no soy muy original en los titulares. Las mañanas, después de la visita al santoral y a tuiter, llegaba el momento de escribir, de reflexionar y compartir.
Las jornadas de compra (ir de caza, como me gusta escribir) se complicaban. El diario llegaba en sesión vespertina, incluso nocturna. Salvo ayer, ayer no hubo diario.
Tocó, efectivamente, ir de compras, pero entre supermercado, pescadería, farmacia y atender a los mayores la ronda consumió cuatro horas. Lo justo para llegar a casa agotado. Y luego toca subir la compra, limpiarse uno, ayudar a limpiar...
Así que, ya repuesto, uno se lanza al sexto continente y entre unas cosas y otras, un juego, una conversación, el aplauso de las ocho llega el momento de apagar el ordenador. Y el diario sin escribir.
¿Qué hago? Menudo dilema.
Así que optó por la mejor solución: romper con la rutina. Ya disfruto de bastante igualdad en mi vida, de días similares salvo por las sombras en el edificio que veo. Ya escribiré mañana sobre hoy, si es que escribo. Al fin de todo, es de las pocas libertades que me quedan: poder hacer con lo mi tiempo libre lo que quiera.
miércoles, 15 de abril de 2020
DUC ( y XXXII) Las virtudes del teletrabajo
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Photo by Sharon McCutcheon on Unsplash |
La situación se alarga. Abril será un mes entero de confinamiento y tengo asumido que mayo seguirá el camino. No me extraña que cayese también junio y en julio iríamos poco a poco. La situación se alarga y también el experimento del teletrabajo. A pesar de ello, los días siguen cayendo sin grandes problemas. La cita de las ocho para aplaudir, el momento de empezar a trabajar, la planificación de las compras y el el teletrabajo.
Se añoran, es verdad, el tiempo con los compañeros, las charlas en la redacción, las visitas inesperadas, el sobresalto cuando se escuchaban más sirenas de lo habitual, los debates, los libros de las editoriales.
Pero el teletrabajo también tiene sus cosas buenas. Me estoy ahorrando cuatro viajes diarios Gijón-Avilés. No me importa ir y suelo aprovechar para escuchar podcast, lo que significa que ahora se están acumulando de manera obscena. También es cierto que dispongo de un tiempo para cosas que antes no podía
Más ventajas. Ver trabajar a los otros miembros de la familia permite que valores exactamente su trabajo. Antes del confinamiento podías escuchar cuando te comentaban que habían hecho o esto; entendías su cansancio por tu propia experiencia humana del cansancio, pero ahora lo ves. De la misma manera que ellos te ven y a la comprensión intelectual unen la vital, el compartir el momento.
Y luego están las propias ventajas del teletrabajo. Al final, por muy buena coordinación que tengas, el teletrabajor se encuentra solo, con lo que terminas examinando tus rutinas, tus procedimientos e introduces cambios para mejorarlos, aunque sólo sea para ganar más tiempo.
En fin, que no se está tan mal, pero quiero recuperar mi vida. Que conste.
martes, 14 de abril de 2020
DUC (y XXXI) La Comida en la calle sí ha tenido lugar.
lunes, 13 de abril de 2020
DUC (y XXX) Cosas que deberían cambiar
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Photo by Ross Findon on Unsplash Cumplimos un mes de este diario y me apetece ponerme trascendente. Sin ánimo de ser exhaustivo, apunto una serie de cosas que deberían o pueden cambiar después de esta epidemia. Como aún tenemos para otro mes, puede ser que la lista aumente:
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domingo, 12 de abril de 2020
DUC (y XXIX) La meca de la irreverencia
Cuando termine todo esto habrá que hacer muchos reproches al gobierno, recriminar actitudes a la oposición, analizar lo sucedido y estudiar la gestión para intentar que la próxima epidemia nos pille mejor preparados. De todos los reproches que yo haré el gobierno, el primero será que me quitaron a mi hija, a Costillina; que nos robaron varios meses, incluso un par de años.
A mediados de marzo, Costillina era una niña normal de nueve años, infantil como esperamos que sea, descubriendo la vida y creciendo más rápidamente de lo que a los padres nos gusta. También a las madres les disgusta esa velocidad, por lo que me comenta Costilla. Un mes después, Costillina ha madurado mucho más rápido. Sigue siendo la niña que era, sigue creciendo más rápidamente de lo que me gustaría, pero ya no es la misma. Algo se ha perdido. Ha madurado de una manera precoz. El confinamiento, permanecer aislada sabiendo que es necesario para cuidar de sus abuelos y de otros mayores; el miedo al contagio. Todo eso la va cambiando. Nos llega una Costillina que esperábamos para más adelante, pero no ahora.
Costillina, en estos días, ha acuñado una frase que repite con frecuencia. No pasa un día sin que la escuchemos un par de veces expresar: "Esto es la meca de la irreverencia". Me recuerda las películas de Berlanga, donde siempre había un personaje que soltaba: "Esto es borbónico". Viniese o no al cuento. A mí, como lo dice Costillina me hace mucha gracia y cuando viene al cuento me alegra comprobar lo lista que es Costillina.
Pero también me da pena pensar el tiempo que nos han robado.
sábado, 11 de abril de 2020
DUC ( y XXVIII) Oficios de Semana Santa
La Iglesia católica es clara en la obligación de asistencia a las misas los domingos y fiestas de guardar. Los días de precepto son especialmente importantes en Semana Santa, con el Triduo pascual. Las celebraciones de Jueves Santos, Viernes Santo y Sábado Santo son especialmente importantes. En caso de enfermedad o imposibilidad fisica de asistir, el creyente se libra del pecado, aunque cuenta con el deber de seguirla a distancia bien por la radio, televisión y, ahora, con las redes sociales.
Las parroquias avilesinas de San Nicolás; la UPAP de San Agustín, Santa María La Magdalena y Cristo Rey de Versalles; San Vicente de Trasona y Santa Cruz de Los Campos han retransmitido los oficios por el Facebook. Es una experiencia totalmente novedosa. Estás escuchando al sacerdote y puedes interactuar en todo momento. En momentos emocionantes de los oficios puedes apretar el corazón que sale por la pantalla elevándose como si llegase al cielo.
Y, para los especialmente chismosos, tenemos la posibilidad de cotorrear con las personas que van apareciendo. También invitar a los amigos: a este que me cae bien, a este por comunista, este seguro que lo agradece... De repente, te entra una conversación por el chat: "perdona, estoy en misa". Y te quedas tan tranquilo.
Cosas que suceden en el confinamiento.
viernes, 10 de abril de 2020
¿Se puede criticar al gobierno?
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Photo by Frederic Köberl on Unsplash Desde el inicio del confinamiento, ha existido una cuestión sujeta a debate: ¿se puede criticar al gobierno? Rápidamente, la sociedad española se ha dividido en dos grupos. Las personas que respaldan, legítamente, al gobierno consideran que no; que ante la mayor crisis sanitaria sólo cabe apoyar al ejecutivo y que cualquier otro comportamiento es desleal. Las críticas deberán venir posteriormente. Luego aparece el grupo que defiende lo contrario, es decir, que se puede criticar al gobierno, incluso que se debe. En ese grupo me incluyo, si bien es cierto que existen varios subgrupos. Vemos aquellos que consideran que se trata de un gobierno ilegítimo, inmoral y se debe criticar todo, que son responsables de todo. Y otros con una posición más moderada, que consideramos que la lealtad no excluye la crítica. Es cierto que España ya ha atravesado momentos duros. Recordamos el mayor atentado terrorista de nuestra historia y las críticas hacia el gobierno, incluyendo concentraciones ante la sede del partido que lo respaldaba con el argumento de que el país no se merece un gobierno que mienta. A muchos no agradó la actitud del ejecutivo en esos momentos, aunque respaldamos su gestión. El actual debate evidencia uno de los problemas de la cultura política española y que, paradójicamente, es ese: la ausencia de cultura política. Se ama más al garrotazo, que la palabra, el rival no es rival, sino enemigo. Supongo que cuarenta años de paz y ciencia no se superan de la noche a la mañana y los usos y costumbres propias de la democracia calarán lentamente, como el rocío de la mañana. La riña. Francisco de Goya. Fuente: Wikipedia. En los actuales momentos, las palabras son muy importantes, mucho más de lo que pensamos. Ante la mayor crisis sanitaria de nuestra historia, lo único que se debe exigir es lealtad al gobierno. Lealtad supone acatar la normas, el confinamiento impuesto; respetar los criterios, a pesar de la falta de criterios que parecen demostrar quienes los decretan. A partir de ahí, claro que se puede criticar. Por un bien común, como es la vida de muchos de nuestros vecinos, y también la nuestra, se nos ha privado temporalmente de la posibilidad de salir a la calle, de la libertad de movimiento; pero no nos han prohibido pensar, ni expresar. Vivimos en una democracia y la gestión de un problema de sanidad pública no implica la supresión de todos los derechos fundamentales. Es sano que se critique al gobierno. Evidencia una sociedad vida, con músculo que necesitará en los meses duros que vendrán. La crítica es positiva porque de ese debate pueden salir ideas que ayuden al gobierno, aspectos que no se habían valorado de manera adecuado. Estamos en una inédita e histórica movilización del sector cultural. Al tiempo, el ministro de Cultura, cuyo nombre no recuerdo, realiza en menos de veinticuatro horas una rectificación en toda regla de sus planteamientos. ¿Creen ustedes que lo hubiese hecho si no hubiese esa protesta? Mi respuesta es no. Por eso es buena la crítica. Porque nos convierte en ciudadanos, no en súbditos. La crítica leal es necesaria, siempre es necesario y, en estos momentos, imprescindible para sobrevivir. |
DUC (y XXVII) Cumpleaños feliz
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Photo by Lidya Nada on Unsplash Avanzan los días del confinamiento y llega un día que nunca habíamos esperado vivir confinados: el cumpleaños de Costilla. Llevaba días pensando en cómo celebrarlo. ¿Compro por internet? A diario no faltan ofertas en la red. Pero, ¿vale la pena que una persona, un transportista, se exponga por un regalo? No, no vale la pena agobiar a una persona cuando tienen cosas más importantes que transportar. En los días previas, Costillina y yo nos organizamos. La peque preparo una de sus manualidades y yo escribí una carta. Mi suegra aprovecho uno de mis recados para mandarme un regalo y decidimos encargar la comida. "La gente también tiene de que vivir", nos decíamos para ¿justificarnos? Tal vez. En la compra del pan, añadí unos pasteles para poner las velas. Y así celebramos el cumpleaños de Costilla sabiendo que, ahora mismo, tenemos una fiesta pendiente para cuando termine el confinamiento, para el futuro que llegará. |
jueves, 9 de abril de 2020
DUC (y XXVI) Día de niebla
miércoles, 8 de abril de 2020
DUC (y XXV) Epifanía en el supermercado
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Photo by Nathália Rosa on Unsplash |
Mirábamos el calendario en casa y nos preguntábamos: ¿qué día será mejor salir de compra: el martes o el miércoles?
Al final, optamos por el martes para evitar las colas (sí, las colas) de la víspera del doble festivo. Es decir, si normalmente hay colas, en un doble festivo habrá más colas. Ese más es el que queríamos evitar.
Así que ahí voy, con la parafernalia habitual y las vueltas de costumbre. Aunque el supermercado está cerca de casa, voy en coche tanto por el volumen de compra.
Ya en el interior, cuando empiezo a llenar mi carro veo que me olvidé las bolsas en el coche. Cerca se encuentra una reponedora, una de nuestras heroínas sin capa a las que aplaudimos, agradecemos el trabajo y les damos las gracias cuando antes solían ser invisibles. "Perdone, ¿se pueden sacar los carros del supermercado?". "No, no se puede". "Me dejé las bolsas en el coche; podría ir a por ellas?" "Sí, deja aquí el carro. Ya me encargo de que no lo retiren".
Dios mío, la nueva sociedad florece tras la epidemia. Solidaridad, comprensión, racionalidad. Nada, si al final vamos a estar agradecidos al Cov-Sars 2.
Así que voy hacia la salida, vuelvo a explicar mis cuitas a otra empleada y salgo, recojo las bolsas y vuelvo a entrar. Retomo la compra y mis pensamientos sobre qué cerveza me interesa comprar se interrumpen por una señora que se acerca. Debería decir que iba mal encarada, pero la máscara ocultaba su rostro.
"Te has colado, te has colado. ¡¡Qué vengas en coche no justifica que te cueles!" Una buena presentación, desde luego. "Perdone, no me colé. Estaba dentro y salí a por las bolsas, que me había pedido". "Si te has colado, que te vi". Como buena española, la señora ya gesticula con su dedo y se añaden otras dos, con los mismos reproches. 180 años de mala leche y rabia contra mí. Me había colado, aseguraban. "No, pedí permiso. Me dijeron que podía". Nada, mi argumento no servía de nada. De hecho, no servía. Me veía comido por las tres brujas, reaccioné con rabia y estuve a punto de decirles: "Señoras, no tienen edad para salir a la calle. A sus años, es un riesgo. Sólo me lo explico porque sus hijos esperan librarse de ustedes y, además, con la ventaja de ahorrarse el velatorio y el funeral". Sí, era un pensamiento muy gratificante, pero me parecía excesivamente largo para mis cuervos. Así que volví a insistir en que estaba dentro, que había pedido permiso y todo eso.
Pero no servía, graznaban, no paraba de graznar. Pero encontré una solución. Mi heroína con capa, la que podía testificar que había guardado cola (si fue menos que ella, no tengo la culpa de haber despertado antes) y que tenía autorización para salir. Así que la miré mientras ella atendía las labores que le correspondían. La ventaja de ser reñido con distanciamiento social es que, posiblemente,había escuchado todo.
La miré mientras las tres brujas graznaban y, ¿qué hizo ella? Nada, bueno, corrijo, sigo con las labores que le correspondían. La heroína sin capa estaba más preocupada por el stock de embutidos que por una riña callejera. No valía tanto como un envase de pavo. Y, entonces, en ese momento, tuve una epifanía: una revelación.
Nada va a cambiar. Cuando pase todo esto, seguiremos igual de maleducados, groseros, cobardes y valientes; aquellos que ejercían virtudes antes del confinamiento las mantendrán y posiblemente perseverarán en ellas; pero esta heroína sin capa seguirá a sus cosas, como habrá hecho toda su vida. No cambiará nada. Me emocioné, me entraron ganas de abrazarla, pero los tres cuervos seguían a mi lado.
Así que les dije: "Señoras, no voy a perder el tiempo discutiendo con ustedes".
Y seguí de compra.
martes, 7 de abril de 2020
DUC (y XXIV) Dormir
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Photo by Kate Stone Matheson on Unsplash |
No sé a ustedes, pero esto del confinamiento me altera el ritmo del sueño. No renuncio a mi siesta, pero intento limitarla. De noche me cuesta dormir más de lo que me gusta. Y despierto sin problemas, aunque a veces el problema es la hora a la que despierto.
A veces tengo la sensación de que estaría durmiendo todo el día. Todo el día. Incluso varios días seguidos. Posiblemente, llevaría el sueño al parlamento de mis neuronas para solicitar una prórroga del estado de letargo de varias semanas. Sería un placer eso de la hibernación. Meterme en la cama y salir con un hambre de mil demonios, la barba alcanzándome los tobillos y recuperar la vida normal. Leer el periódico y sorprendente de la cantidad de cosas que han pasado, o que no han pasado, el estado de alarma-excepción.
O le mejor despertar, despertar mañana y pensar que ha sido todo un sueño. Que el despertador soñase a las siete y media de la mañana, desayunase mi tostada con mantequilla escuchando la radio y, cuando llevaba a Costillina al colegio, llamar, como hacemos siempre a Costilla y decirles: "Menudo sueño más raro he tenido. Decretaban el estado de alarma y nos pasábamos tres meses sin poder salir de casa más que a comprar, haciendo todo por el ordenador, confinados"...
Pero no, no ha sido un sueño.
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