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Photo by Mohammad Fahim on Unsplash Soy de los que piensa que lo peor de esta epidemia es el gobierno, no el sars-Cov-2. Si asumes el discurso verdad de que ellos fueron los primeros en reaccionar, en tomar las medidas necesarias, sus malos resultados evidencian lo mal que lo han hecho. Y si vas al lado contrario, pues eso, piensas que lo han hecho mal desde el principio. Pero si pienso que el gobierno es peor que el virus no es porque sea malo, es por la sensación que me transmiten de estar desbordados, de no controlar nada, de dejarse llevar. Pienso que está crisis se va a superar por nosotros, por nuestra capacidad de resistencia; por el esfuerzo del personal sanitario y de todo el conjunto de la sociedad. No por la gestión del gobierno. Llevo días pensándolo pero con lo que sucederá mañana me reafirmó más en mi idea. Mañana mi hija recuperará sus derechos civiles. Pero no pienso darle las gracias a que ese gesto lo haya dictado quien se los quitó. La manera en la que podrán salir los menores a la calle se podrían haber aplicado desde el día 14, 15 o 16 de marzo y no creo que hubiese pasado nada. Admito cuestionamientos de cualquier experto, incluso de Fernando Simón. Pero sí reclamo que me explican cómo van a controlar a los menores después de haber visto el desmadre de los paseos a los perros, la insolidaridad de tanta gente. Preocupado por el desconfinamiento, he leído diferentes artículos. Entre ellos al profesor Ignacio López Goñí, catedrático de Microbiología en la Universidad de Navarra. En un artículo sobre el confinamiento aporta una propuesta a partir de las reflexiones de la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene y el American Entrerprise Institute. En el plantea tres criterios para iniciar la desescalada. Los tres deben cumplirse al mismo tiempo y son a) reducirse durante catorce días consecutivos el número de casos nuevos; b) que el sistema sanitario se recupere del colapso y pueda dar asistencia continuada y c) disponibilidad de sistemas de diagnóstico rápido para detectar casos en un momento inicial y poder aislarlos. Según ese planteamiento, en ese momento se podría empezar la desescalada. Como no los veo por ninguna parte, me imagino en el peor escenario en un margen de quince días. Porque, esa es otra, desconocemos los criterios que guían al gobierno. Más bien los cambios de idea, las ocurrencias o su incapacidad para recopilar los datos ejerciendo el mando único en asistencia sanitaria desde la declaración del estado de alarma. Como ven, es más sensato temer al gobierno que al virus. |
sábado, 25 de abril de 2020
DUC ( y XLI) Es peor el gobierno que el virus
viernes, 24 de abril de 2020
DUC (y XL) La ciudad vacía
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Photo by Lucian Alexe on Unsplash Hoy se juntó la necesidad de salir de compra con el teletrabajo, así que hasta última hora no he tenido tiempo para acercarme al diario. Unas pocas líneas, que no son horas y a uno ya le cansa tantas horas delante de la pantalla. La compra de hoy me llevó a un lugar diferente a mi supermercado habitual. Cosas de la intendencia. Me dio la oportunidad de conducir por la ciudad, por callejear de una manera que, desde el 14 de marzo, apenas he hecho. El caso es que se reprodujo la misma sensación de desolación al ver la ciudad vacía. Hay gente por las calles, es verdad, menos de la habitual y más de la necesaria. Pero tantos comercios cerrados, bares apagados, personas con mascarillas... Falta luz, falta ruido, falta vida... Es desolador. No sé cómo será el desconfinamiento, pero creo que durante unos días nos alegraremos (al menos yo) de volver a ver el despacho de lotería abierto, la tienda de ropa operativa, la cafetería atendiendo a los clientes... |
jueves, 23 de abril de 2020
DUC ( y XXXIX) Acedia
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Photo by Frederik Højfeldt Nielsen on Unsplash De todos los pecados capitales, en estos días de confinamiento el que más me acecha es la acedia. Tiene poca prensa, ha pasado muy desapercibido durante mucho tiempo, pero no por ello es menos peligroso que otros. Es esa sensación de querer tirado todo el día en la cama, o sentarse a llorar y no levantarse, o abrir la ventana y mirar por ella sin hacer nada. Ni aplaudir. Por eso es peligroso. Porque parar siempre es malo y más en estos días. Pero hay que seguir y mantenerse. Porque estamos aquí, porque estamos vivos, porque es el día de libro y debemos seguir. Por eso escribo hoy. Para sentirme vivo y con ganas de vivir. |
miércoles, 22 de abril de 2020
DUC (y XXXVIII) Juegos de mesa
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Photo by Christian Fregnan on Unsplash Mi gran fracaso del confinamiento ha sido, es, no aprender a jugar al ajedrez. También es cierto que no he puesto mucho interés. Cuando ya lo has intentando varias veces, y varias veces son muchas veces, nunca se corre con mucho interés hacia un nuevo fracaso. Juegos de mesa, la gran estrella del confinamiento. Costillina ha descubierto el mundo del Scrabble y hemos jugados a diferentes variantes del Monopoly. Nos quedan los juegos de cartas y ya están afianzados en el repertorio doméstico la oca. Luego quedan los tiempos muertos viendo la televisión, descubriendo el mundo de no hacer nada o, sencillamente, mirar por la ventana deseando que todo esto pase. |
martes, 21 de abril de 2020
DUC (y XXXVII) El vecino de la bicicleta
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Photo by Tiffany Nutt on Unsplash Tengo un vecino que anda en bicicleta. El tío no perdona un día. Se enfunda el maillot, el culote y se pone a quemar ruedas. Confieso que lo envidió. Verlo así, en su terraza, con ese cadencia. Lo veo desde mi asiento, en la oficina que me he montado en el salón para asegurarme una conexión de calidad. Jadea como los profesionales, los que vemos en las retransmisiones. Está un buen rato, mucho más que yo en la cinta de caminar. Cuando se baja no recibe el maillot de líder, ni flores ni la botella de cava. Espero que le besen en casa. Por lo menos tiene mi aplauso. El tipo sale luego a las ocho a aplaudir. Hay días que sí y días que no. Como todos. Los días ya cansan. Es el sentimiento que se extiende. El cansancio. Y el miedo de que el gobierno yerre no por su incompetencia, sino por el cansancio, por no poder soportar la situación, por no resistir los rodillos de la opinión pública ni el confinamiento. No son como mi vecino, el de la bicicleta. |
lunes, 20 de abril de 2020
DUC (y XXXVI) El silencio y la ciudad
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Photo by Andraz Lazic on Unsplash
Tocaba salir a echar la basura. Ya he comentado otras veces lo ardua que resulta esa tarea en tiempos de confinamiento. Hay que acumular varias bolsas, organizarse mentalmente para saber qué mano será la que toque las superficies potencialmente contaminadas y cual no y acercarse a los contenedores confiando en que no estén todos llenos. Ayer nos tocó sacar la orgánica, papel, vidrio y plásticos. Como eran muchas bolsas, Costillina se ofreció a acompañarme. Era la tercera vez que salía de casa. No está mal para tener nueve años. Después de repartir los residuos en su lugar correspondiente y en el breve regreso a casa me sorprendió un detalle: el silencio de la ciudad. No es la primera vez que tiro la basura a esas horas y lo normal hubiese sido escuchar la radio de algún aficionado atento al último partido de la jornada, el tráfico o el ruido lejano de El Musel. Pero no había nada. Silencio como pocas veces, un silencio propio de la mañana de un festivo, de las primeras horas del domingo. Pero de la misma manera que el silencio de la mañana de Navidad es hermoso ayer era inquietante por lo escasamente natural que resultaba.
domingo, 19 de abril de 2020
DUC ( y XXXV) Éramos pocos y rompió la Billy
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Photo by Semen Borisov on Unsplash
Llevan con nosotros casi diez años. Costillina aún no había nacido y queríamos organizar la biblioteca en el salón. Compramos diez estanterías Billy y nos pusimos manos a la obra. Era octubre de 2010 y lo recuerdo perfectamente porque un fin de semana lluvioso me escapé al Ikea a comprarlas y las fui montando una a una, Costilla ayudaba todo lo que podía, procurando no forzar porque su barriga de embarazada anunciaba que estaba en la recta final del embarazo.
Desde entonces, ahí han estado, con los libros, testigos silenciosas de nuestra vida familiar, soportando volúmenes hasta ayer.
El sábado se presentaba tranquilo. Cumplía mi rutina diaria hasta que, al colocar un libro (no recuerdo cual) la balda cedió. No fue una cada catastrófica, los gruesos tomos de un tomo de historia y un libro de Moebius evitaron la caída. El ruido de un juguete de hojalata reconvertido en adorno avisó a Costilla de que algo malo estaba pasando. Cuando llegó al salón, yo estaba intentando llevar la balda a su lugar habitual, y casi lo logro si no llega a ser por otra que optó por seguir el camino de su hermana. Era como uno de esos dominós gigantes, sólo que con libros, estanterías y en mi casa. Un horror.
La primera solución fue sacar lo poco que quedaba en su sitio, ponerlo en el suelo y evaluar los daños. Todo apuntaba a que la estructura de la Billy había comenzado a ceder. La balda central mostraba un peligro espacio entre ella y el lateral del armario, que apuntaba a ser el origen de mis preocupaciones.
Pensar en el cambio de estantería se me antojaba complicado. Así que decidimos arreglarla. Un primer intento terminó en fracaso. Con las baldas puestas, comencé a poner libros y las estructuras volvieron a caer. Es la ventaja que tiene mi licenciatura en la Universidad de Miskatonic, que sirvo para casi cualquier cosa.
Después de varios intentos logramos que todo volviese a su sitio y eliminar la peligrosa holgura. Bien, de nuevo, la prueba de carga, la fundamental prueba de carga.
Nunca había vivido con tanta emoción el simple hecho de colocar libro. Deje para al final la balda central. Empecé por la más baja y luego las siguientes. Terminaba una línea y esperaba unos segundos. Al ver que no cedía, iba a por la siguiente.
Después de cuatro horas, todos los libros regresaban a su lugar, no su espacio pues el orden alfabético en el que estaban se fue al carajo.
Lo único bueno de todo este lío fue una mañana entera haciendo ejercicio (masa muscular y flexibilidad) y romper las rutinas habituales.
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sábado, 18 de abril de 2020
DUC (y XXXIV) Y salió el arcoíris
Tocaba ayer salir a aplaudir. Desde la ventana del salón se veía llover, una lluvia refrescante, ideal para salir a caminar y que subraya el verde de los prados asturianos. Es la primavera. Nuestros vecinos llevan el reloj adelantado y siempre empiezan unos minutos antes. De esa manera, si se nos pasa la hora, el palmoteo te recuerda la cita y, como casi todo en esta vida, vas si quieres. O no vas.
El caso es que fuimos y asomados a la venta lo vimos. Salía el arcoíris. Es curioso esto del arcoíris. Todos sabemos que es un fenómeno óptico. Lo tenemos tan asumido, que cuando llueve y hace sol sabemos que saldrá. Y aún así nos gusta verlo, nos sorprende, celebramos su belleza.
Aplaudíamos y nos emocionaba porque parecía un mensaje de esperanza. Los arcoíris dibujados por tantos niños con un mensaje de ilusión llegaban a la realidad y esta nos dice que todo iba a salir bien.
Pero lo que más ilusión hizo fue el efecto óptico del arcoíris saliendo de uno de los edificios más animados, donde hace unas semanas todos los vecinos salían a cantar cumpleaños feliz a uno de los niños que se encontraba confinado, como todos.
Y me pareció hermoso, muy hermoso todo.
viernes, 17 de abril de 2020
DUC (y XXXIII) Rompiendo las rutinas
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Photo by My Life Journal on Unsplash
Desde el inicio del confinamiento, me propuse escribir un diario. Diario del confinamiento. Admito que no soy muy original en los titulares. Las mañanas, después de la visita al santoral y a tuiter, llegaba el momento de escribir, de reflexionar y compartir.
Las jornadas de compra (ir de caza, como me gusta escribir) se complicaban. El diario llegaba en sesión vespertina, incluso nocturna. Salvo ayer, ayer no hubo diario.
Tocó, efectivamente, ir de compras, pero entre supermercado, pescadería, farmacia y atender a los mayores la ronda consumió cuatro horas. Lo justo para llegar a casa agotado. Y luego toca subir la compra, limpiarse uno, ayudar a limpiar...
Así que, ya repuesto, uno se lanza al sexto continente y entre unas cosas y otras, un juego, una conversación, el aplauso de las ocho llega el momento de apagar el ordenador. Y el diario sin escribir.
¿Qué hago? Menudo dilema.
Así que optó por la mejor solución: romper con la rutina. Ya disfruto de bastante igualdad en mi vida, de días similares salvo por las sombras en el edificio que veo. Ya escribiré mañana sobre hoy, si es que escribo. Al fin de todo, es de las pocas libertades que me quedan: poder hacer con lo mi tiempo libre lo que quiera.
miércoles, 15 de abril de 2020
DUC ( y XXXII) Las virtudes del teletrabajo
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Photo by Sharon McCutcheon on Unsplash |
La situación se alarga. Abril será un mes entero de confinamiento y tengo asumido que mayo seguirá el camino. No me extraña que cayese también junio y en julio iríamos poco a poco. La situación se alarga y también el experimento del teletrabajo. A pesar de ello, los días siguen cayendo sin grandes problemas. La cita de las ocho para aplaudir, el momento de empezar a trabajar, la planificación de las compras y el el teletrabajo.
Se añoran, es verdad, el tiempo con los compañeros, las charlas en la redacción, las visitas inesperadas, el sobresalto cuando se escuchaban más sirenas de lo habitual, los debates, los libros de las editoriales.
Pero el teletrabajo también tiene sus cosas buenas. Me estoy ahorrando cuatro viajes diarios Gijón-Avilés. No me importa ir y suelo aprovechar para escuchar podcast, lo que significa que ahora se están acumulando de manera obscena. También es cierto que dispongo de un tiempo para cosas que antes no podía
Más ventajas. Ver trabajar a los otros miembros de la familia permite que valores exactamente su trabajo. Antes del confinamiento podías escuchar cuando te comentaban que habían hecho o esto; entendías su cansancio por tu propia experiencia humana del cansancio, pero ahora lo ves. De la misma manera que ellos te ven y a la comprensión intelectual unen la vital, el compartir el momento.
Y luego están las propias ventajas del teletrabajo. Al final, por muy buena coordinación que tengas, el teletrabajor se encuentra solo, con lo que terminas examinando tus rutinas, tus procedimientos e introduces cambios para mejorarlos, aunque sólo sea para ganar más tiempo.
En fin, que no se está tan mal, pero quiero recuperar mi vida. Que conste.
martes, 14 de abril de 2020
DUC (y XXXI) La Comida en la calle sí ha tenido lugar.
lunes, 13 de abril de 2020
DUC (y XXX) Cosas que deberían cambiar
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Photo by Ross Findon on Unsplash Cumplimos un mes de este diario y me apetece ponerme trascendente. Sin ánimo de ser exhaustivo, apunto una serie de cosas que deberían o pueden cambiar después de esta epidemia. Como aún tenemos para otro mes, puede ser que la lista aumente:
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domingo, 12 de abril de 2020
DUC (y XXIX) La meca de la irreverencia
Cuando termine todo esto habrá que hacer muchos reproches al gobierno, recriminar actitudes a la oposición, analizar lo sucedido y estudiar la gestión para intentar que la próxima epidemia nos pille mejor preparados. De todos los reproches que yo haré el gobierno, el primero será que me quitaron a mi hija, a Costillina; que nos robaron varios meses, incluso un par de años.
A mediados de marzo, Costillina era una niña normal de nueve años, infantil como esperamos que sea, descubriendo la vida y creciendo más rápidamente de lo que a los padres nos gusta. También a las madres les disgusta esa velocidad, por lo que me comenta Costilla. Un mes después, Costillina ha madurado mucho más rápido. Sigue siendo la niña que era, sigue creciendo más rápidamente de lo que me gustaría, pero ya no es la misma. Algo se ha perdido. Ha madurado de una manera precoz. El confinamiento, permanecer aislada sabiendo que es necesario para cuidar de sus abuelos y de otros mayores; el miedo al contagio. Todo eso la va cambiando. Nos llega una Costillina que esperábamos para más adelante, pero no ahora.
Costillina, en estos días, ha acuñado una frase que repite con frecuencia. No pasa un día sin que la escuchemos un par de veces expresar: "Esto es la meca de la irreverencia". Me recuerda las películas de Berlanga, donde siempre había un personaje que soltaba: "Esto es borbónico". Viniese o no al cuento. A mí, como lo dice Costillina me hace mucha gracia y cuando viene al cuento me alegra comprobar lo lista que es Costillina.
Pero también me da pena pensar el tiempo que nos han robado.
sábado, 11 de abril de 2020
DUC ( y XXVIII) Oficios de Semana Santa
La Iglesia católica es clara en la obligación de asistencia a las misas los domingos y fiestas de guardar. Los días de precepto son especialmente importantes en Semana Santa, con el Triduo pascual. Las celebraciones de Jueves Santos, Viernes Santo y Sábado Santo son especialmente importantes. En caso de enfermedad o imposibilidad fisica de asistir, el creyente se libra del pecado, aunque cuenta con el deber de seguirla a distancia bien por la radio, televisión y, ahora, con las redes sociales.
Las parroquias avilesinas de San Nicolás; la UPAP de San Agustín, Santa María La Magdalena y Cristo Rey de Versalles; San Vicente de Trasona y Santa Cruz de Los Campos han retransmitido los oficios por el Facebook. Es una experiencia totalmente novedosa. Estás escuchando al sacerdote y puedes interactuar en todo momento. En momentos emocionantes de los oficios puedes apretar el corazón que sale por la pantalla elevándose como si llegase al cielo.
Y, para los especialmente chismosos, tenemos la posibilidad de cotorrear con las personas que van apareciendo. También invitar a los amigos: a este que me cae bien, a este por comunista, este seguro que lo agradece... De repente, te entra una conversación por el chat: "perdona, estoy en misa". Y te quedas tan tranquilo.
Cosas que suceden en el confinamiento.
viernes, 10 de abril de 2020
¿Se puede criticar al gobierno?
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Photo by Frederic Köberl on Unsplash Desde el inicio del confinamiento, ha existido una cuestión sujeta a debate: ¿se puede criticar al gobierno? Rápidamente, la sociedad española se ha dividido en dos grupos. Las personas que respaldan, legítamente, al gobierno consideran que no; que ante la mayor crisis sanitaria sólo cabe apoyar al ejecutivo y que cualquier otro comportamiento es desleal. Las críticas deberán venir posteriormente. Luego aparece el grupo que defiende lo contrario, es decir, que se puede criticar al gobierno, incluso que se debe. En ese grupo me incluyo, si bien es cierto que existen varios subgrupos. Vemos aquellos que consideran que se trata de un gobierno ilegítimo, inmoral y se debe criticar todo, que son responsables de todo. Y otros con una posición más moderada, que consideramos que la lealtad no excluye la crítica. Es cierto que España ya ha atravesado momentos duros. Recordamos el mayor atentado terrorista de nuestra historia y las críticas hacia el gobierno, incluyendo concentraciones ante la sede del partido que lo respaldaba con el argumento de que el país no se merece un gobierno que mienta. A muchos no agradó la actitud del ejecutivo en esos momentos, aunque respaldamos su gestión. El actual debate evidencia uno de los problemas de la cultura política española y que, paradójicamente, es ese: la ausencia de cultura política. Se ama más al garrotazo, que la palabra, el rival no es rival, sino enemigo. Supongo que cuarenta años de paz y ciencia no se superan de la noche a la mañana y los usos y costumbres propias de la democracia calarán lentamente, como el rocío de la mañana. La riña. Francisco de Goya. Fuente: Wikipedia. En los actuales momentos, las palabras son muy importantes, mucho más de lo que pensamos. Ante la mayor crisis sanitaria de nuestra historia, lo único que se debe exigir es lealtad al gobierno. Lealtad supone acatar la normas, el confinamiento impuesto; respetar los criterios, a pesar de la falta de criterios que parecen demostrar quienes los decretan. A partir de ahí, claro que se puede criticar. Por un bien común, como es la vida de muchos de nuestros vecinos, y también la nuestra, se nos ha privado temporalmente de la posibilidad de salir a la calle, de la libertad de movimiento; pero no nos han prohibido pensar, ni expresar. Vivimos en una democracia y la gestión de un problema de sanidad pública no implica la supresión de todos los derechos fundamentales. Es sano que se critique al gobierno. Evidencia una sociedad vida, con músculo que necesitará en los meses duros que vendrán. La crítica es positiva porque de ese debate pueden salir ideas que ayuden al gobierno, aspectos que no se habían valorado de manera adecuado. Estamos en una inédita e histórica movilización del sector cultural. Al tiempo, el ministro de Cultura, cuyo nombre no recuerdo, realiza en menos de veinticuatro horas una rectificación en toda regla de sus planteamientos. ¿Creen ustedes que lo hubiese hecho si no hubiese esa protesta? Mi respuesta es no. Por eso es buena la crítica. Porque nos convierte en ciudadanos, no en súbditos. La crítica leal es necesaria, siempre es necesario y, en estos momentos, imprescindible para sobrevivir. |
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