viernes, 24 de agosto de 2018

Otoño en Asturias




El otoño no se marcha de Asturias. Está ahí, agazapado. Y salta en cualquier momento. Por eso a los asturianos nos gusta tanto la lluvia, por eso no podemos vivir sin ella, aunque tengamos miedo a ahogarnos en medio de agosto.
Necesitamos la lluvia y la niebla como secar de vez en cuando. El sol brillante siempre es un mal presagio. Anuncia que llegará el invierno.

La calculadora del gobierno

Photo by rawpixel on Unsplash



Acostumbrada a la previsibilidad del gobierno de Mariano Rajoy, mi calculadora política se ha roto con los giros, quiebros y modificaciones del ejecutivo de Pedro Sánchez. Vamos a ver, pasamos de rescatar al Aquarius en medio del Mediterráneo por razones humanitarias a dejarlo en el mismo lugar y, por el camino, aplicar deportaciones a terceros países desde Marruecos, lo que, según decían ayer en la SER (emisora poco sospechosa de derechismo) no se había hecho nunca, aunque se contemplaba en un acuerdo de 1992 con el país vecino.
Evoluciona de ser un gobierno que renuncia a la vía judicial con la cuestión catalana, de no judicializar más la tensión a llevara los tribunales la re-apertura de la red exterior de la Generalidad.
Uff, mi Xf-5868 Ergonomics ya muestra síntomas de agotamiento en la trigonometria política. Hagamos un último esfuerzo.
Hoy el consejo de ministros aprobará un real decreto para exhumar el cuerpo de Francisco Franco. ¿Qué sucederá en dos meses? ¿Le construye un mausoleo, declará el 20-N fiesta nacional?
La máquina se bloquea. Me pide vacaciones. Todos necesitamos vacaciones.

jueves, 23 de agosto de 2018

Elogio del diésel

Photo by Caryle Barton on Unsplash



Corren malos tiempos para el diésel. El Ministerio para la Transición Ecológica deberia cambiar su denominación o, por lo menos, incluir una Secretaría de Estado para polìticos faltos de luces o necesitados de raciocinio. 
No creo que esté mal eso de luchar contra el cambio climático, ni preservar el medio ambiente. Pero debemos situar las cosas en su sitio. Estos días investigando en periódicos del año 1959 encontré artículos que alertaban sobre que la altura de la mar crecería algo más de un metro en cuarenta años y, superado ese tiempo, la cosa no ha cambiado mucho.
Acusan al diésel de buena parte de los males contemporáneos. Pero, ¿a qué diésel? Mi coche actual es diésel y el anterior también. Su depósito viene a ser parecido, unos 45 litros. Con el anterior necesitaba repostar cada 500 kilómetros, con el actual cada 750 si no espero a que salte la alarma. En ese caso llego a los 800. ¿Contaminan lo mismo? No creo, el actual mucho menos para vamos a demonizarlo. Y, de paso, no apoyamos la energía nuclear (limpia y barata) ni facilitamos la vida  a otras energías limpias.
Como debemos ser los campeones de la estulticia, en España queremos eliminar el diésel de la noche a la mañana. Si buscamos las emisiones de dióxido de carbono (CO2), el territorio de  la Unión Europea no emite más del 10% mundial frente al 7% de India o el 30% de China. Y no creo que los españoles firmemos la mitad de ese diez por ciento. Pero vamos de grandones. 
Nos cargamos el diésel y ¿qué notará el planeta? Nada. Divida diez entre los veintiocho estados miembros y verá lo que podemos emitir como mucho, pero no será todo culpa del diésel. Ya sé que hay otros contaminantes, pero las cifras que tenía apuntadas eran las del diésel.
O sea, que tenemos un gobierno cuya principal preocupación es un problema que no generamos los españoles y cuya solución es crear problemas a los españoles.
Así que, ya saben, larga vida al diésel.

miércoles, 22 de agosto de 2018

Los nativos digitales no existen

Photo by Redd Angelo on Unsplash

Internet es un lugar fantástico, cada vez estoy más convencido de ello. Otra cosa son las personas con las que te encuentras, con las que conversas  o te rodeas digitalmente. Hace unas semanas, tuve el placer de conversar con @wicho. Inicialmente, debía ser una entrevista pero por estas cosas que suceden no logró salir de la nevera. El caso es que @Wicho me comentó que sería una pena perder ese material y, como estaba de acuerdo, nos pusimos a trabajarlo. Como la íbamos a utilizar él en su millonario (de audiencia) blog y yo en mi bitácora, nos tomamos el tiempo necesario para trabajar el texto. 
También influye que no había grabado la conversación y que las notas manuscritas que había tomado yacían en el sueño del reciclaje. Así que para no fiar todo a mi memoria, redacté una primera versión que luego matizó @Wicho y pulimos un poco más, ambos. El resultado lo publicó hace un rato en su bitácora. Y, como amanuense, además de enlazarla, la pego.
También caigo en la cuenta que es la primera entrevista que publicó en Archipiélago. Igual es un camino para explorar.



Hace unas semanas estuve en Avilés dando una charla sobre los nativos digitales –que no existen– y la forma en la que creo que la transformación digital de la sociedad y del mercado laboral influye en las oportunidades y búsqueda de empleo. Estuve también un rato charlando con Fernando del Busto de cara a un artículo sobre todo este tema que al final no salió publicado. Pero le he pedido que escribiera algo aprovechando sus notas, y este ha sido el resultado:
Abril es un mes propicio para cosas como, es un ejemplo, conocer a Javier Pedreira, aunque por estos mundos interneteros lo conocen, ya lo saben todos, como Wicho. Apareció como estrella invitada por Avilés para clausurar un sobre seminario competencias digitales. Eso dice mucho del nivel de Wicho y también de la ciudad para recurrir a quienes más saben de lo que se habla. Y, además, saben hablar sobre ello.
Tras la clausura tomamos un café y charlamos sobre Internet, el café, la cerveza y la educación y los valores de toda la vida. No fue por este orden ni estas fueron las palabras, aunque pudieron haber sido pero sobre todo, son lo que piensa Wicho y un servidor aunque, en este caso, es lo menos importante. Y para que quede constancia de todo, este diálogo, más que una entrevista, ha sido revisado por ambos gracias a uno de esos avances de la técnica que se llame Google Drive.
– Al final, mucho hablar del desarrollo científico, de la tecnología y nos quedamos en los clásicos. ¿No deja de ser contradictorio?
– Bueno, más que contradictorio yo creo que es una señal de civilización. El desarrollo científico y tecnológico evidencian el conocimiento del hombre, su progreso; pero necesitamos valores para guiarnos en ello. No entro en el debate, muy complejo, de los valores en la actividad científica en sí, sino en los valores en su desarrollo. Si me permites la analogía, hablamos de conducir, de saber utilizar el código de circulación, de no comportarnos como energúmenos al volante, algo que debería ir antes de la reflexión, no menos importante, de si en la investigación es ético o no un comportamiento que termine en el «dieselgate».
– Y entonces es cuando encontramos a los clásicos.
– Más bien los comportamientos éticos y morales que se han desarrollado en Europa en los últimos doscientos años y que se han venido generalizando desde la Revolución Francesa. En el siglo XIX Occidente no tenía problemas con la idea del trabajo infantil, por ejemplo. Pero hoy lo ha erradicado, o está en vías de hacerlo, y trata de extender a todo el mundo. Nuevamente, simplifico mucho el asunto, aunque creo se entiende mejor lo que quiero decir.
– Uno de los elementos que más me ha interesado en la charla es tu reflexión sobre el mito de los jóvenes en el conocimiento de las Nuevas Tecnologías, en Internet; la ausencia de los nativos digitales. Precisamente cuando la idea generalizada es la contraria: su facilidad. Incluso te cuento una experiencia propia: mi hija, con cinco años, manejaba la tableta con una soltura que yo no tenía en ese momento, ni casi ahora.
– Es evidente que las nuevas generaciones tienen una mayor soltura con las nuevas tecnologías. Si nosotros hacemos el esfuerzo podemos recordar cuando entramos por primera vez en Internet, el primer ordenador que tuvimos o como descubrimos un buscador que seguimos utilizando. Esas realidades son innatas para ellos, nacen en ese mundo, pero eso no significa que sean nativos digitales. Lo que significa es que acceden a esos instrumentos sin miedos, sin prejuicios. Muchas veces las limitaciones no están en el instrumento en sí, sino las personas que lo van a utilizar. En el caso de tu hija, utilizaba la tablet con soltura porque carecía de miedos, la encendió y empezó a moverse, sin ningún miedo… Pero habría que ver si es capaz de sacarle todo el partido sin que vosotros le contéis cosas, sin que la acompañéis en ese camino de descubrimiento.
– O sea, que como dices nativos digitales somos todos.
– Bueno, yo diría que todos podemos serlo. Aunque suelo hablar más bien de que todos somos inmigrantes digitales. La evidencia es la cantidad de personas mayores que se manejan en Internet sin ningún tipo de miedo, con soltura. Y hablo de personas jubiladas, que no entran en la definición de nativo digital y ahí están. El mundo digital está ahí. Es una sociedad a la que todos, al menos todos los que estamos del lado bueno de la brecha digital, aunque ese es otro debate, accedemos con naturalidad con independencia de la edad si queremos. Pero debo reconocer el talento para el marketing de quienes se apropiaron de la idea de nativos digitales para vendernos algunas motos cuando muchos de esos nativos digitales que son muy analfabetos digitales.
– ¿En qué sentido?
– Conozco el caso de estudiantes universitarios, o incluso de personas que han terminado un grado universitario, que desconocen el uso de herramientas como el Google Drive u otras herramientas para colaborar en la nube, por ejemplo. Y tengo amigos profesores que me han remitido mensajes de sus alumnos en los que evidencian que no saben hacer algo tan básico como adjuntar un documento a un correo electrónico. O sea, que esa idea de nativos digitales se resquebraja con la propia realidad. Y es que si los sacas de Whatsapp, Instagram y dos cosas más, se pierden.
– Y luego está el dilema de muchos padres: la seguridad infantil, porque los controles parentales fallan más que una escopeta de feria.
– Todos los padres estamos preocupados por la seguridad de la red para nuestros hijos. Aunque luego hablas con algún padre que, reconociendo esta inquietud, te confiesa que no sabe lo que hace su hijo en Internet. Cuando me comentan eso pienso que esa persona tiene un problema con su hijo de la misma naturaleza que si cuando sale de casa no sabe a dónde va o desconoce quienes son los amigos con quienes sale.
– Con la diferencia que Internet lo tiene en el cuarto de estar, incluso en su móvil.
– Sí. La sociedad digital ha dinamitado las barreras que existían entre espacio público y privado, entre espacio público e intimidad. Es un cambio radical que transforma nuestra sociedad de una manera que aún no hemos percibido completamente y que seguirá cambiándola. Es una transformación radical, real y cierta, que está ahí
– ¿En qué sentido?
– Como sabes soy aficionado a la astronomía y la exploración espacial. Hace veinte años, si quería ver un lanzamiento de un cohete en directo la única manera que tenía era la de ir al lugar de despegue a menos que tuviera la inmensa suerte de que alguna televisión decidiera retransmitirlo. Ahora no; ahora la puedo ver por la pantalla de mi ordenador, o de mi teléfono, sin necesidad de intermediarios.
– Ya, pero no es lo mismo.
– Pero es igual (risas). Es evidente que no estás en el lugar, pero el ruido se puede escuchar bastante bien. El olfato… No olerá lo mismo que en directo, pero podrás acceder a detalles visuales que, en el propio lugar, no podrías. Y a tener más información, información que, por cierto, es fundamental que sepamos filtrar, información que tenemos que preguntarnos si es fiable. Y esta es una habilidad con la que no se nace, seas nativo digital o no; alguien tiene que enseñarte.
Y luego está el asunto, no menos importante, de que sepamos qué hacemos cuando hacemos pública nuestra información privada, a quien le estamos dando acceso a ella. Es algo para lo que, de nuevo, tenemos que adaptar la educación de nuestros hijos.
– Un reto lo suficientemente ambicioso para desmoralizar a muchos padres.
– El reto es la educación de los hijos. Pero ponemos una analogía. ¿Dejarías ir solo a tu hijo de seis años al parque infantil que está a dos manzanas de tu casa? ¿O cruzar la calle solo cuando empieza a andar?
– No, evidentemente no. Lo acompañaría y estaría vigilando.
– Pues en este mundo debemos actuar igual. No se trata de impedir que se conecte ni tampoco marcharse nada más que lo haga. Tampoco te subes al columpio con él, aunque lo acompañas si te lo pide. Y siempre estás atento. Y vas cambiando tu forma en la que te comportas según tu hijo madura. La primera vez que se sube a los columpios estás todo el tiempo a su lado; con seis años igual te puedes sentar en un banco a una cierta distancia. Pues aquí lo mismo. En un momento dado el historial de navegación te permite conocer los lugares que visita tu hijo. Pero es mucho más importante la conversación, el diálogo con él; explicarle los riesgos que se puede encontrar y los límites que ha de respetar, que son muy parecidos a la vida real, a los de los valores de toda la vida. Por ejemplo: los padres siempre insisten a sus hijos en que no anden con desconocidos por la calle, pero en muchos casos ignoran que los desconocidos también pueden aparecer en algunos juegos o en redes sociales. Cuando un padre me dice que no sabe que hace su hijo con Internet pienso que tiene un problema.
– Pero eso supone cambiar hábitos, dejar al niño con Internet para que se entretenga.
– Es evidente. Pero es que la red no es una niñera, es un instrumento muy potente. Retomo el ejemplo de antes. A ninguna familia se le ocurre dejar en una ciudad a un niño de seis años en la calle solo, para que juegue. Y para cuando te atreves a hacerlo es porque le has explicado una serie de cosas como eso que acabas de mencionar de no irse con desconocidos. En la red sucede lo mismo. Modificamos el espacio, pero los conceptos no se alteran. Por eso insisto mucho en que hay que trasladar la formación en valores, los valores de toda la vida como aquello de no hacer a nadie lo que no querría que te hicieran a ti y similares, a este nuevo mundo digital. Por mucho que dispongamos de una herramienta increíble si no la usamos con «sentidiño», como decimos en mi tierra, nunca llegaremos a sacar de ella todo lo que ofrece, que es mucho.
[La serie de anotaciones de Juan Ignacio Pérez sobre los valores de la ciencia enlazada arriba es posterior a mi conversación con Fernando, pero viene que ni al pelo, por eso la enlazo]

El poder de un hombre

https://www.documentarystorm.com/forest-man/





En mi querido Taco del Corazón de Jesús me encuentro con la historia de Jadav Payeng, más conocido como Forest Man, un cortometraje de William Douglas McMaster.
Su historia es fascinante. En 1979, el río Brahmaputra se desbordó y, al regresar a su cauce, dejó extensas parcelas de arena donde los animales salvajes no podían vivir. Payeng, que entoncesw tenía 16 años, se dirigió a las autoridades para plantearles que se plantasen árboles para que los animales pudiesen vivir. Deshecharon su idea, aunquen logró unas pocas semillas de bambú.
Lejos de desanimarse, las plantó. El bambú arraigo y creció. Payeng siguió con su idea, solo, con ayuda de amigos y familiares, obviando a las autoridades. Su iniciativa fue un éxito puesto que su trabajo logró que animales salvajes tuviesen un lugar donde vivir.
Las autoridades seguían sin enterarse y, prácticamente, sólo tuvieron conocimiento del proyecto cuando el documental Forest Man permitió que se conociese la historia en todo el mundo.
Lo más hermoso de esta historia es que nos recuerda lo que ya sabemos, aunque, con frecuencia, olvidamos: que el hombre puede más que el gobierno, que en nuestras manos están las iniciativas. Es cierto que el poder de gobierno, como suma de todos los ciudadanos, es mucho mayor y lo ideal sería que supiese escuchar. Pero, ante oídos sordos, ya se sabe: a plantar un bosque.

martes, 21 de agosto de 2018

Las semillas del odio

Añadir leyPhoto by T. Chick McClure on Unsplash



La semana pasada nos sobresaltaba la noticia del asesinato de Javier Ardines, el concejal de Izquierda Unida en Llanes. No pasaba mucho tiempo y aparecen en las redes sociales comentarios crueles, burlas y mofas sobre su muerte. Y, como debe ser, desde el anonimato. Porque los hay que son muy valientes cuando no deben ser responsables.
Lo que me inquieta de todo ese comportamiento, lo que me preocupa es la sociedad creada, lo que se está generando.
Tengo el convencimiento de que tanto el discurso político como el mediático, especialmente el desarrollado en los medios con más influencia social (y hoy por hoy es la televisión) influye en la sociedad, en sus comportamientos, en su discurso, en su vivencia.
Y después de años escuchando gritos, mofas, insultos, descalificaciones y falta de respeto, lo que tenemos es una sociedad que grita más que habla; que no sabe respetar, que tiende a ser intolerante y que sólo sabe convivir con los suyos siempre que sean iguales.
Y así vamos mal, muy mal.

lunes, 20 de agosto de 2018

Elogio de un cuadro

Cuadro de José Cusachs. Casa Museo León y Castillo

Sus trazos son tan vivos, que casi podemos escuchar el trote, el galopar de la Cabellería española que se lanza a una carga mientra a su derecha, la infantería carga contra los mambises en Cuba.
Hermoso cuadro el de José Cusachs que nos habla del heroísmo y de la inutilidad de la guerra, el esfuerzo de los hombres contra la belleza del paisaje; el sufrimiento y el derramiento de sangre que no altera la luz caribeña, la verticalidad de las palmeras. Es un relato épico y triste; vemos soldados, pero no aparecen los generales, los que mandan. Vemos a España, a nuestra historia, nuestra grandeza y nuestras miserias.

domingo, 19 de agosto de 2018

Lorca no muere

Fuente: http://www.elcultural.com/noticias/letras/Federico-Garcia-Lorca-Ni-yo-ni-ningun-poeta-sabemos-lo-que-es-la-poesia/11508


En este poema, Lorca no muere,
este poema, Gustav, no tiene patria;

en él ya han terminado todas las guerras,
Ehrenburg dicta la última carta a su mujer;

en este poema todo es alegría y canto,
Wolker abandona curado el hospital;

Tsvetáyeva no se marcha a la lejana Siberia,
Stalin se disculpa con Babel cara a cara;

pero este poema sólo puede terminar mal:
si pongo el último punto, Lorca perderá su cabeza.

(1967)

miércoles, 15 de agosto de 2018

Revisar la emigración

Photo by Kelsey Knight on Unsplash


España tiene que revisar su política de emigración. Sin falta, con un consenso entre los dos grandes partidos para fijar unas normas de juego claras y que no generen polémicas estériles. 
El actual modelo es un fracaso. A los datos me remito. Es altamente ineficiente: se invierte un montón de dinero, pero la presión migratoria no se aminora y siguen llegando pateras.
Los emigrantes ilegales se hacinan en los llamados Centros de Internamiento que no hacen sino avergonzar al país; se alimenta la xenofobia y el mercado negro de trabajo, la economía sumergida.
Las únicas que ganan con el actual modelo son las mafias, que disfrutan de un buen mercado, al alza. 
Abordar un cambio no es una tarea sencilla por la propia complejidad del problema. Además de las repercusiones en la Unión Europea. Me atrevo a defender una liberalización de la frontera. Es decir, permitir la entrada y la estancia en el país de todas las personas que aparezca en la frontera perfectamente documentadas. En función del país de origen, se podrían solicitar otros requisitos por el interés general, como puede ser la cartilla de vacunación. Y la expulsión directa de quien entre sin documentación.
Los emigrantes podrían moverse libremente por España, pero sin acceder a otros países de la Unión Europea, salvo acuerdos específicos.
He comentado esta idea a alguna persona, pero me advierte del riesgo para la sostenibilidad de los servicios públicos, especialmente sociales y sanitarios. Estos últimos se limitarían sólo a cuestiones de urgencia, vitales. Respecto a los servicios sociales, estas prestaciones fijarían de manera general la obligatoriedad de un periodo mínimo de residencia fiscal, pagando impuestos. Serían derechos de ciudadanía, no universales.
Es una idea, con todas las imperfecciones del mundo y sujeta al debate; pero lo cierto es que el actual modelo de emigración se debe cambiar.

martes, 14 de agosto de 2018

La ley de los opuestos

Photo by kazuend on Unsplash



El olor del café inunda la cocina mientras uno piensa sobre lo que escribirá hoy en la bitácora. Debe ser la falta de cafeína, pero aparece en mi mente Pedro Sánchez Castejón y la rueda de prensa de cierre de los dos meses de gobierno. Vaya tío. A los dos meses de trabajar se pilla un mes de vacaciones con todos los gastos pagos. Eso sí es una buena empresa. Ni la Ensidesa de sus mejores días. Pero no, de eso no quiero hablar.
Me llama la atención la estética de la rueda de prensa, todas sus fotos; como si fuese un desfile de modelos donde sólo existe un modelo: él.
Y, rápidamente, pensé en Mariano Rajoy. Posiblemente, nadie más opuesto a Rajoy que Sánchez para sucederle en la presidencia. Son la noche y el día, la luz y la oscuridad.
Entonces vi la ley de los opuestos de la presidencia del gobierno de España, de momento democráticos. No hablo de ideología, de política; sino de las impresiones que me generan.
Porque a una persona joven, dinámica, carismática como Adolfo Suárez lo sucedió un tipo serio, gris; vamos una seta, como Leopoldo Calvo Sotelo.
Después de él, Felipe González  representó otra revolución copérnicana. El estilo de José María Aznar nada tuvo que ver con su predecesor. Y, cuando nos acostumbramos, aparece José Luis Rodríguez Zapatero. Otro cambio radical. Aznar nos dejó la foto estirando las piernas en las Azores con Bush y Zapatero llevó a su familia gótica a la Casa Blanca. Nada que ver.
La estética de Rajoy también rompió de una manera radical, igual que Sánchez Castejón cambia de tercio.
Así que si Pablo Casado aspira a suceder al actual inquilino de La Moncloa, lo que debe hacer es no parecerse en nada a él; un cambio radical. Que se asesore en uno de esos programas de la televisión y seguro que lo logra.

lunes, 13 de agosto de 2018

El mundo del podcast

Photo by Siddharth Bhogra on Unsplash



Los pocos seguidores que tengo se habrán percatado que, de manera frecuente, hablo de mis intervenciones en Tipos oscuros o retuiteto diferentes audios de grabaciones, de podcast como se llama en el mundillo. El mundo podcastinero se encuentra lo suficientemente extendido para que sea muy osado presentarlo como algo innovador, pero llegará a ser la tercera o cuarta oleada internetera; otra moda que seducirá a todos cuando se generalice. Dudo si será este mundo o el universo en sí de la realidad virtual.
Cierto es que el podcast cuenta a su favor su extensión por programas de radio; pero vayamos al principio para no liarnos.
La primera ola fue, en sí, Internet; luego las bitácoras y la tercera las redes sociales. Parecía que en ese momento si no te sumabas a ella estabas fuera, aunque luego la dinámica de Internet evidencia que funciona de manera acumulativa: las novedades se incorporan al ecosistema y unas perviven y otras no; aunque pudiesen resucitar.
¿Qué son los podcast?  Son archivos de audio, programas de radio que se organizan en plataformas (en España la más usada es Ivoox). Pueden ser desde programas de radio a grabaciones de conferencias o creaciones como cualquier bitácora, pero sonora. Ofrece la ventaja de que no necesitas conectarse a la red para escuchar. Se puede descargar el programa que te interese y, cuando quieras, escucharlo. De esta manera, se transforma la manera de escuchar la radio. La persona interesada en un  programa nocturno ya no debe escucharlo a las tantas; siempre que disponga de podcast podrá escucharlo al día siguiente.
Pero el gran cambio es en el mundo no profesional. Con un sencillo equipo de audio, hablo de una inversión que no iría más allá de cincuenta euros, cada persona puede montar un estudio en su casa, y crear su programa. Ya existe una amplia minoría en España, con audiencias nada desdeñables. Es una nueva oleada, otra oleada silenciosa que servirá para enriquecer nuestras vidas siempre que sepamos sacarle provecho. 

viernes, 3 de agosto de 2018

Un poco de ilusión


Primer viernes de agosto, la nevera repleta de cerveza para resistir a la ola de calor... Seguro que existen mil razones para quejarse, para lamentar nuestra existencia pero sería un error, un terrible y estúpido error. Después de todo, ya que hemos llegado hasta aquí no vamos a perder la oportunidad de disfrutar de la vida, de nuestra vida. Ahí es nada. Ese es el verdadero reto.
Sean felices. Es viernes.

jueves, 2 de agosto de 2018

Larga vida al cine

Photo by Kilyan Sockalingum on Unsplash


Entre las múltiples cosas buenas que trajo la paternidad aparece la posibilidad de ir a una película de animación infantil sin tener que buscar una excusa, sin taparse la cara; es decir sin complejos. En realidad, ser padre te permite el cine y cargar palomitas para, en el futuro, asegurar que no es que seas un monstruo de las palomitas, sino que te acostumbraste con los críos y ya no puedes ir sin ellas.
En fin,     que uno iba a hablar de Hotel Transilvania 3 y lo deja para otra ocasión, porque empezando como empieza debe continuar con un elogio del cine, de su magia. Es cierto que la oferta televisiva crece de manera exponencial, que las pantallas del ordenador ofertan más películas que el mejor videoclub que hubiésemos imaginado nunca y que las televisiones ya son ordenadores. No sólo eso, que el desarrollo tecnológico ha permitido tener en casa unos equipos de imagen y sonido que alcanzan la calidad de la pantalla grande de una manera inimaginable.
Pero… El cine sigue teniendo algo mágico, una atracción que no encontramos en casa. Posiblemente sea la combinación de la sala oscura con ese rayo de luz del que nacen historias; o el recuerdo de las primeras películas que vimos como las vemos ahora con nuestros hijos. El cine, como medio de comunicación, como experiencia sensorial, permanecerá siempre. Seguramente sufrirá cambios en el modelo de negocio como lo demuestra que, en la actualidad, el consumo en la hostería casi alcance al coste de las entradas, pero seguiremos necesitando de él, de su oscuridad aunque su lenguaje nos acompañe en otros formatos. 

¡¡Larga vida al cine!!

miércoles, 1 de agosto de 2018

The Square o el humor como vacuna

https://miradasdecine.es/2017/10/the-square-ruben-ostlund.html




Posiblemente existen pocos ámbitos de la cultura tan ajenos a la autocrítica como el arte contemporáneo y, más que el arte, todo lo que se mueve en su órbita, especialmente cierto pensamiento que se autodefine como progresista. A todo ello, se enfrenta The Square (Ruben Östlund, 2017), con una mirada lúcida y descarnada.
Lanza dardos hacia todas las partes: el discurso del arte, las tendencias de los medios de comunicación; el mundillo cultural, el clasismo existente en ciertos ámbitos que hacen de la no-clase su bandera...
Es una película clarividente porque, detrás de la comedia, tras la carcajada, aparece la tragedia y el dolor del vacío existencial.
Para no perderla.

lunes, 30 de julio de 2018

Razones para el chocolate




Los que somos chocolateros no necesitamos razones para comer chocolate. Tan sólo necesitamos una tableta, que va cambiando según la edad. De niño, el chocolate blanco era mi perdición; las avellanas y frutos secos nunca me convencieron del todo, al igual que los sabores más o menos extraños que se van añadiendo. No tengo nada contra quienes disfrutan del chocolate con naranja, con licor, con sal, con menta o con lo que quieran, siempre que me dejen disfrutar de mi chocolate negro. 
Ello no impide que uno agradezca la publicidad de Chocolates 'La Cepedana' de Cabezas, fabricante de Astorga que es una ciudad que todo amante del chocolate debe conocer una vez en la vida, como mínimo. En ella da cuenta de diferentes razones para darle al placer negro. 
Así dicen:
  • Es un antioxidante natural, muy bueno por su alto contenido en calcio y magnesio. Bueno, ya que tomamos muchos antioxidante, otro más no hará daño.
  • Es un gran protector cardiovascular y previene las cardiopatías. Teniendo en cuenta que mi padre murió de un paro cardíaco, cualquier protección no viene mal.
  • Aumenta el deseo sexual, sobre todo en las mujeres. Lo dicho, voy a mimar mi parte femenina.
  • Mejora la presión sanguínea y nos da la fuerza. Uff, con antecedentes de hipertensión en la familia igual no es lo mejor, pero nadie dijo que la vida fuese fácil.
  • Mejora la memoria y la mente. Siempre hay que aumentar los gigas, viene bien.
  • Mejora la piel por el alto contenido en hierro, calcio y vitaminas A, B1, C, D y E. ¿No era SuperRatón el que decía eso de vitaminarse? Pues nada, vamos a por unas onzas.
  • Previene el cáncer y el ictus. Si dejamos de fumar, de beber; al menos podemos darle al chocolate.
  • Ayuda a la producción a la producción natural de colágeno; lo dicho, a darle capña.
  • Da fuerza al crecimiento del cabello por su alto contenido  en zinc e hierro. Habida cuenta de mi corte de pelo, no puedo relajarme.
  • Da fuerzas para toda actividad, por lo que no debemos dejar de comerlo.
  • Es antidepresivo. Y, tal como va España, necesario.
  • Te hará más feliz. Se equivocan en el verbo, ya me hace, incluso ahora cuando estoy salivando pensando en el chocolate que me espera.
La publicidad concluye con el siguiente consejo: 
"Consumir de 30 a 40 gramos diarios de chocolate negro, con un porcentaje entre 60 y 70 por ciento de cacao, lo recomiendan científicos de alto nivel".

No cita autores ni estudios, pero no tengo dudas de que son hombres sabios. Y, si estuviesen equivocados, nada me quitaría el placer diario de esas onzas de chocolate saboreadas a última hora del día, a media mañana, por la tarde, dando gracias por la vida y sus placeres.


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