viernes, 17 de abril de 2020

DUC (y XXXIII) Rompiendo las rutinas


Photo by My Life Journal on Unsplash


Desde el inicio del confinamiento, me propuse escribir un diario. Diario del confinamiento. Admito que no soy muy original en los titulares. Las mañanas, después de la visita al santoral y a tuiter, llegaba el momento de escribir, de reflexionar y compartir.
Las jornadas de compra (ir de caza, como me gusta escribir) se complicaban. El diario llegaba en sesión vespertina, incluso nocturna. Salvo ayer, ayer no hubo diario.
Tocó, efectivamente, ir de compras, pero entre supermercado, pescadería, farmacia y atender a los mayores la ronda consumió cuatro horas. Lo justo para llegar a casa agotado. Y luego toca subir la compra, limpiarse uno, ayudar a limpiar... 
Así que, ya repuesto, uno se lanza al sexto continente y entre unas cosas y otras, un juego, una conversación, el aplauso de las ocho llega el momento de apagar el ordenador. Y el diario sin escribir.
¿Qué hago? Menudo dilema.
Así que optó por la mejor solución: romper con la rutina. Ya disfruto de bastante igualdad en mi vida, de días similares salvo por las sombras en el edificio que veo. Ya escribiré mañana sobre hoy, si es que escribo. Al fin de todo, es de las pocas libertades que me quedan: poder hacer con lo mi tiempo libre lo que quiera.

miércoles, 15 de abril de 2020

DUC ( y XXXII) Las virtudes del teletrabajo



Photo by Sharon McCutcheon on Unsplash






La situación se alarga. Abril será un mes entero de confinamiento y tengo asumido que mayo seguirá el camino. No me extraña que cayese también junio y en julio iríamos poco a poco. La situación se alarga y también el experimento del teletrabajo. A pesar de ello, los días siguen cayendo sin grandes problemas. La cita de las ocho para aplaudir, el momento de empezar a trabajar, la planificación de las compras y el el teletrabajo.
Se añoran, es verdad, el tiempo con los compañeros, las charlas en la redacción, las visitas inesperadas, el sobresalto cuando se escuchaban más sirenas de lo habitual, los debates, los libros de las editoriales.
Pero el teletrabajo también tiene sus cosas buenas. Me estoy ahorrando cuatro viajes diarios Gijón-Avilés. No me importa ir y suelo aprovechar para escuchar podcast, lo que significa que ahora se están acumulando de manera obscena. También es cierto que dispongo de un tiempo para cosas que antes no podía
Más ventajas. Ver trabajar a los otros miembros de la familia permite que valores exactamente su trabajo. Antes del confinamiento podías escuchar cuando te comentaban que habían hecho o esto; entendías su cansancio por tu propia experiencia humana del cansancio, pero ahora lo ves. De la misma manera que ellos te ven y a la comprensión intelectual unen la vital, el compartir el momento.
Y luego están las propias ventajas del teletrabajo. Al final, por muy buena coordinación que tengas, el teletrabajor se encuentra solo, con lo que terminas examinando tus rutinas, tus procedimientos e introduces cambios para mejorarlos, aunque sólo sea para ganar más tiempo.
En fin, que no se está tan mal, pero quiero recuperar mi vida. Que conste.

martes, 14 de abril de 2020

DUC (y XXXI) La Comida en la calle sí ha tenido lugar.



Sabugo, 2015



El Lunes de Pascua en Avilés es sinónimo de Comida en la calle, la fiesta que nació hace casi treinta años y que ya se ha asentado en nuestro imaginario colectivo que en el recuerdo colectivo es que todo el mundo participó en la primera edición (alerta de spoleir: yo no). Pero hoy no se trata de eso. Hoy de lo que se trata es que este año no hubo Comida en la Calle. ¿O sí la hubo?
No lo tengo claro.
Lo cierto es que las redes sociales, las tan denostadas redes sociales, se llenaron de fotos de gente celebrando la comida, no en la calle, sino en sus casas o en los balcones; aportando los platos que siempre llevan al lugar de Avilés donde les gusta ir. Todos hemos recordado los mejores momentos, se ha cantado y se ha reído; se ha llorado y nos hemos abrazado, sabiendo que el sentimiento de hermandad es eso, un sentimiento, y, aunque estemos confinados, encerrados para superar la epidemia, nada ni nadie nos hará renunciar a la fraternidad avilesina, a la comunión entre todos nosotros que sólo aspiramos a vivir y disfrutar de la vida, amar y ser amados, sentir el aire de la mañana en la cara y una taza de café. Nadie podrá acabar con eso.
Y mucho menos un virus.
La Comida en la calle sí tuvo lugar.
 

lunes, 13 de abril de 2020

DUC (y XXX) Cosas que deberían cambiar




Photo by Ross Findon on Unsplash



Cumplimos un mes de este diario y me apetece ponerme trascendente. Sin ánimo de ser exhaustivo, apunto una serie de cosas que deberían o pueden cambiar después de esta epidemia. Como aún tenemos para otro mes, puede ser que la lista aumente:

  1. China. Una parte de lo que está sucediendo se debe a su falta de información y transparencia. Tenían un problema de los gordos y se dedicaron a alimentar la idea de que era poco más que una gripe. Podrán seguir siendo una dictadura, podrán no abandonar el comunismo pero un país con ese peso en el mundo debe mejorar su transparencia en los aspectos que afectan a toda la comunidad,a todo el planeta.
  2. Cooperación internacional. Buena parte de los éxitos se están logrando gracias a la cooperación internacional, a la transferencia de conocimientos. Los mecanismos existentes deberán reforzarse en el futuro. La Organización Mundial de la Salud lleva desde finales de los noventa advirtiendo de riesgo de pandemias cuyo foco estuviese en Asia por el salto de virus de animales a personas. Los sustos del Sars y el Mers no llegaron a Europea y generaron escepticismo, incluso críticas por las vacunas que se compraron y no se llegaron a usar. ¿Será el futuro igual?
  3. Nacionalismo económico. Los países europeos estamos viendo el precio de deslocalizar la producción. No creo que regrese toda, pero sí que habrá un replanteamiento. De igual modo, ante la futuro crisis económica aumentará el consumo de los productos nacionales, de lo local frente a las importaciones.No me extrañaría un resurgimiento del proteccionismo, si es que alguna vez se ha ido.
  4. Solidaridad. La sociedad ha vuelto a demostrar, una vez más su capacidad solidaria. Queda saber si se transformará en estructuras estables en el futuro. También queda el reto de la expansión internacional. El virus comienza a golpear en África y las zonas empobrecidas. ¿Habrá una respuesta solidaria con esos país?
  5. Cambios sociales. El confinamiento modifica la forma de vivir. Una terraza hoy es un objeto de deseo; un perro un lujo. ¿Se demandarán otro tipo de viviendas, se producirá un traslado de zonas urbanas a espacios rurales próximos para asegurar un espacio vital superior a los noventa metros cuadrados de un piso, lo que para muchos es un lujazo? ¿Mantendremos estos compromisos con los vecinos? ¿Nos socializaremos de igual manera que ahora? Las amistades, el trato con las personas no será igual.
  6. Política. En los últimos años, hemos visto la llegada de una nueva generación de políticos animados por las redes sociales; la nueva política que ahora manda cuenta con valores como la juventud, la inexperiencia, un peso excesivo de la ideología en la toma de decisiones y la demagogia. Es la generación twitter, la generación T. Su fracaso en la gestión de la crisis es más que evidente. Un fracaso tanto en el gobierno como en la oposición. La generación T está condenada a ser arrollada igual que ésta fulminó a los políticos de la Transición.
  7. Relaciones labores. Ha llegado el teletrabajo. Pero, ¿hasta qué punto se marchará? ¿Se cambiarán las relaciones laborales?
  8. Sistema Sanitario español. La crisis ha demostrado la fortaleza del sistema sanitario español, pero también algunas de sus carencias, como la necesidad de suministros centralizados o más agilidad para coordinarse o reforzar los centros de referencia para transferir conocimientos. Algo se intentaba hacer, pero se deberá avanzar más.
 

domingo, 12 de abril de 2020

DUC (y XXIX) La meca de la irreverencia





Cuando termine todo esto habrá que hacer muchos reproches al gobierno, recriminar actitudes a la oposición, analizar lo sucedido y estudiar la gestión para intentar que la próxima epidemia nos pille mejor preparados. De todos los reproches que yo haré el gobierno, el primero será que me quitaron a mi hija, a Costillina; que nos robaron varios meses, incluso un par de años.
A mediados de marzo, Costillina era una niña normal de nueve años, infantil como esperamos que sea, descubriendo la vida y creciendo más rápidamente de lo que a los padres nos gusta. También a las madres les disgusta esa velocidad, por lo que me comenta Costilla. Un mes después, Costillina ha madurado mucho más rápido. Sigue siendo la niña que era, sigue creciendo más rápidamente de lo que me gustaría, pero ya no es la misma. Algo se ha perdido. Ha madurado de una manera precoz. El confinamiento, permanecer aislada sabiendo que es necesario para cuidar de sus abuelos y de otros mayores; el miedo al contagio. Todo eso la va cambiando. Nos llega una Costillina que esperábamos para más adelante, pero no ahora.
Costillina, en estos días, ha acuñado una frase que repite con frecuencia. No pasa un día sin que la escuchemos un par de veces expresar: "Esto es la meca de la irreverencia". Me recuerda las películas de Berlanga, donde siempre había un personaje que soltaba: "Esto es borbónico". Viniese o no al cuento. A mí, como lo dice Costillina me hace mucha gracia y cuando viene al cuento me alegra comprobar lo lista que es Costillina.
Pero también me da pena pensar el tiempo que nos han robado.

sábado, 11 de abril de 2020

DUC ( y XXVIII) Oficios de Semana Santa





La Iglesia católica es clara en la obligación de asistencia a las misas los domingos y fiestas de guardar. Los días de precepto son especialmente importantes en Semana Santa, con el Triduo pascual. Las celebraciones de Jueves Santos, Viernes Santo y Sábado Santo son especialmente importantes. En caso de enfermedad o imposibilidad fisica de asistir, el creyente se libra del pecado, aunque cuenta con el deber de seguirla a distancia bien por la radio, televisión y, ahora, con las redes sociales.
Las parroquias avilesinas de San Nicolás; la UPAP de San Agustín, Santa María La Magdalena y Cristo Rey de Versalles; San Vicente de Trasona y Santa Cruz de Los Campos han retransmitido los oficios por el Facebook. Es una experiencia totalmente novedosa. Estás escuchando al sacerdote y puedes interactuar en todo momento. En momentos emocionantes de los oficios puedes apretar el corazón que sale por la pantalla elevándose como si llegase al cielo. 
Y, para los especialmente chismosos, tenemos la posibilidad de cotorrear con las personas que van apareciendo. También invitar a los amigos: a este que me cae bien, a este por comunista, este seguro que lo agradece... De repente, te entra una conversación por el chat: "perdona, estoy en misa". Y te quedas tan tranquilo.
Cosas que suceden en el confinamiento.

viernes, 10 de abril de 2020

¿Se puede criticar al gobierno?


Photo by Frederic Köberl on Unsplash



Desde el inicio del confinamiento, ha existido una cuestión sujeta a debate: ¿se puede criticar al gobierno? Rápidamente, la sociedad española se ha dividido en dos grupos. Las personas que respaldan, legítamente, al gobierno consideran que no; que ante la mayor crisis sanitaria sólo cabe apoyar al ejecutivo y que cualquier otro comportamiento es desleal. Las críticas deberán venir posteriormente.
Luego aparece el grupo que defiende lo contrario, es decir, que se puede criticar al gobierno, incluso que se debe. En ese grupo me incluyo, si bien es cierto que existen varios subgrupos. Vemos aquellos que consideran que se trata de un gobierno ilegítimo, inmoral y se debe criticar todo, que son responsables de todo. Y otros con una posición más moderada, que consideramos que la lealtad no excluye la crítica.

Es cierto que España ya ha atravesado momentos duros. Recordamos el mayor atentado terrorista de nuestra historia y las críticas hacia el gobierno, incluyendo concentraciones ante la sede del partido que lo respaldaba con el argumento de que el país no se merece un gobierno que mienta. A muchos no agradó la actitud del ejecutivo en esos momentos, aunque respaldamos su gestión.

El actual debate evidencia uno de los problemas de la cultura política española y que, paradójicamente, es ese: la ausencia de cultura política. Se ama más al garrotazo, que la palabra, el rival no es rival, sino enemigo. Supongo que cuarenta años de paz y ciencia no se superan de la noche a la mañana y los usos y costumbres propias de la democracia calarán lentamente, como el rocío de la mañana.



La riña. Francisco de Goya.
Fuente: Wikipedia.


En los actuales momentos, las palabras son muy importantes, mucho más de lo que pensamos. Ante la mayor crisis sanitaria de nuestra historia, lo único que se debe exigir es lealtad al gobierno. Lealtad supone acatar la normas, el confinamiento impuesto; respetar los criterios, a pesar de la falta de criterios que parecen demostrar quienes los decretan.
A partir de ahí, claro que se puede criticar. Por un bien común, como es la vida de muchos de nuestros vecinos, y también la nuestra, se nos ha privado temporalmente de la posibilidad de salir a la calle, de la libertad de movimiento; pero no nos han prohibido pensar, ni expresar. Vivimos en una democracia y la gestión de un problema de sanidad pública no implica la supresión de todos los derechos fundamentales.
Es sano que se critique al gobierno. Evidencia una sociedad vida, con músculo que necesitará en los meses duros que vendrán. La crítica es positiva porque de ese debate  pueden salir ideas que ayuden al gobierno, aspectos que no se habían valorado de manera adecuado. Estamos en una inédita e histórica movilización del sector cultural. Al tiempo, el ministro de Cultura, cuyo nombre no recuerdo, realiza en menos de veinticuatro horas una rectificación en toda regla de sus planteamientos. ¿Creen ustedes que lo hubiese hecho si no hubiese esa protesta? Mi respuesta es no. 
Por eso es buena la crítica. Porque nos convierte en ciudadanos, no en súbditos. 
La crítica leal es necesaria, siempre es necesario y, en estos momentos, imprescindible para sobrevivir.

DUC (y XXVII) Cumpleaños feliz



Photo by Lidya Nada on Unsplash




Avanzan los días del confinamiento y llega un día que nunca habíamos esperado vivir confinados: el cumpleaños de Costilla. Llevaba días pensando en cómo celebrarlo. ¿Compro por internet? A diario no faltan ofertas en la red. Pero, ¿vale la pena que una persona, un transportista, se exponga por un regalo? No, no vale la pena agobiar a una persona cuando tienen cosas más importantes que transportar. En los días previas, Costillina y yo nos organizamos. La peque preparo una de sus manualidades y yo escribí una carta. Mi suegra aprovecho uno de mis recados para mandarme un regalo y decidimos encargar la comida. "La gente también tiene de que vivir", nos decíamos para ¿justificarnos? Tal vez.
En la compra del pan, añadí unos pasteles para poner las velas. 
Y así celebramos el cumpleaños de Costilla sabiendo que, ahora mismo, tenemos una fiesta pendiente para cuando termine el confinamiento, para el futuro que llegará.

jueves, 9 de abril de 2020

DUC (y XXVI) Día de niebla



Ponferrada, 2015



El día amaneció con niebla. Durante toda la mañana, desde las ventanas no se veía más que el manto blanco. En el suelo, las primeras oleadas de margaritas daban un aire irreal. Esos mantos blancos sobre la hierba es el preludio del buen tiempo, anuncian que se acerca el sol y los días para disfruta de la calle. Sin embargo, ahora duermen bajo ese manto blanco, cautivas como nosotros estamos cautivos, resistiendo y luchando.
El día de niebla aporta un nuevo paisaje, las luces transforman las sombras de los edificios y, después de tantos días, es de agradecer. En el barrio ya tenemos fichada a una chica que saca de paseo sus dos teckels y les tira la pelota, la recogen y se la vuelven a tirar mientras los niños lo ven desde la ventana y ladran para ver si pueden salir a correr.
Día de niebla, otro día más; un día hermoso, no cabe duda. 





miércoles, 8 de abril de 2020

DUC (y XXV) Epifanía en el supermercado



Photo by 
Nathália Rosa on Unsplash


Mirábamos el calendario en casa y nos preguntábamos: ¿qué día será mejor salir de compra: el martes o el miércoles?
Al final, optamos por el martes para evitar las colas (sí, las colas) de la víspera del doble festivo. Es decir, si normalmente hay colas, en un doble festivo habrá más colas. Ese más es el que queríamos evitar.
Así que ahí voy, con la parafernalia habitual y las vueltas de costumbre. Aunque el supermercado está cerca de casa, voy en coche tanto por el volumen de compra. 
Ya en el interior, cuando empiezo a llenar mi carro veo que me olvidé las bolsas en el coche. Cerca se encuentra una reponedora, una de nuestras heroínas sin capa a las que aplaudimos, agradecemos el trabajo y les damos las gracias cuando antes solían ser invisibles.  "Perdone, ¿se pueden sacar los carros del supermercado?". "No, no se puede". "Me dejé las bolsas en el coche; podría ir a por ellas?" "Sí, deja aquí el carro. Ya me encargo de que no lo retiren".
Dios mío, la nueva sociedad florece tras la epidemia. Solidaridad, comprensión, racionalidad. Nada, si al final vamos a estar agradecidos al Cov-Sars 2. 
Así que voy hacia la salida, vuelvo a explicar mis cuitas a otra empleada y salgo, recojo las bolsas y vuelvo a entrar. Retomo la compra y mis pensamientos sobre qué cerveza me interesa comprar se interrumpen por una señora que se acerca. Debería decir que iba mal encarada, pero la máscara ocultaba su rostro.
"Te has colado, te has colado. ¡¡Qué vengas en coche no justifica que te cueles!" Una buena presentación, desde luego. "Perdone, no me colé. Estaba dentro y salí a por las bolsas, que me había pedido". "Si te has colado, que te vi". Como buena española, la señora ya gesticula con su dedo y se añaden otras dos, con los mismos reproches. 180 años de mala leche y rabia contra mí. Me había colado, aseguraban. "No, pedí permiso. Me dijeron que podía". Nada, mi argumento no servía de nada. De hecho, no servía. Me veía comido por las tres brujas, reaccioné con rabia y estuve a punto de decirles: "Señoras, no tienen edad para salir  a la calle. A sus años, es un riesgo. Sólo me lo explico porque sus hijos esperan librarse de ustedes y, además, con la ventaja de ahorrarse el velatorio y el funeral". Sí, era un pensamiento muy gratificante, pero me parecía excesivamente largo para mis cuervos. Así que volví a insistir en que estaba dentro, que había pedido permiso y todo eso. 
Pero no servía, graznaban, no paraba de graznar. Pero encontré una solución. Mi heroína con capa, la que podía testificar que había guardado cola (si fue menos que ella, no tengo la culpa de haber despertado antes) y que tenía autorización para salir. Así que la miré mientras ella atendía las labores que le correspondían. La ventaja de ser reñido con distanciamiento social es que, posiblemente,había escuchado todo.
La miré mientras las tres brujas graznaban y, ¿qué hizo ella? Nada, bueno, corrijo, sigo con las labores que le correspondían. La heroína sin capa estaba más preocupada por el stock de embutidos que por una riña callejera. No valía tanto como un envase de pavo. Y, entonces, en ese momento, tuve una epifanía: una revelación.
Nada va a cambiar. Cuando pase todo esto, seguiremos igual de maleducados, groseros, cobardes y valientes; aquellos que ejercían virtudes antes del confinamiento las mantendrán y posiblemente perseverarán en ellas; pero esta heroína sin capa seguirá a sus cosas, como habrá hecho toda su vida. No cambiará nada. Me emocioné, me entraron ganas de abrazarla, pero los tres cuervos seguían a mi lado.
Así que les dije: "Señoras, no voy a perder el tiempo discutiendo con ustedes".
Y seguí de compra.

martes, 7 de abril de 2020

DUC (y XXIV) Dormir



Photo by 
Kate Stone Matheson on Unsplash


No sé a ustedes, pero esto del confinamiento me altera el ritmo del sueño. No renuncio a mi siesta, pero intento limitarla. De noche me cuesta dormir más de lo que me gusta. Y despierto sin problemas, aunque a veces el problema es la hora a la que despierto.
A veces tengo la sensación de que estaría durmiendo todo el día. Todo el día. Incluso varios días seguidos. Posiblemente, llevaría el sueño al parlamento de mis neuronas para solicitar una prórroga del estado de letargo de varias semanas. Sería un placer eso de la hibernación. Meterme en la cama y salir con un hambre de mil demonios, la barba alcanzándome los tobillos y recuperar la vida normal. Leer el periódico y sorprendente de la cantidad de cosas que han pasado, o que no han pasado, el estado de alarma-excepción.
O le mejor despertar, despertar mañana y pensar que ha sido todo un sueño. Que el despertador soñase a las siete y media de la mañana, desayunase mi tostada con mantequilla escuchando la radio y, cuando llevaba a Costillina al colegio, llamar, como hacemos siempre a Costilla y decirles: "Menudo sueño más raro he tenido. Decretaban el estado de alarma y nos pasábamos tres meses sin poder salir de casa más que a comprar, haciendo todo por el ordenador, confinados"...
Pero no, no ha sido un sueño. 

lunes, 6 de abril de 2020

DUC ( y XXIII) Domingo de Ramos



Photo by Grant Whitty on Unsplash




Ni palma, ni procesión, ni borriquilla, ni estreno, ni misa... No recuerdo un Domingo de Ramos más extraño en mi vida. Sí, todos sabíamos que iba a suceder, que era inevitable. Todas las liturgias propias de esta jornada confinadas a la pantalla, al recuerdo. 
Mi ahijada, que está en Madrid, me ha mandado su palma casera por el móvil. Es la más hermosa que he visto nunca, porque me ha dicho que me la dará un día. No sabemos cuando, pero esa voluntad implica la esperanza de que superaremos todo esto, que recuperaremos nuestra vida normal, que, en el futuro, nos tomaremos más en serio los anuncios de la Organización Mundial de la Salud salvo cuando se meten con el chorizo, que los embutidos son algo muy serio.
Esta Semana Santa será muy especial, como la Comida en la calle que será en las casas y compartida a la espera de volver a abrazarnos. 
Seguimos avanzando, seguiremos resistiendo.

domingo, 5 de abril de 2020

DUC (y XXII) Si no es por no ir...





Creo que el país ganaría como mínimo mucho más en salud mental si en vez del presidente del gobierno, los sábados tuviésemos una charla de José Mota. 
Si vamos a seguir en el confinamiento, que sea para algo. Es algo que debemos ir asumiendo. No hemos llegado hasta aquí para estropearla. Es evidente que el confinamiento seguirá más allá de abril y unos cuantos días más de mayo. ¿Damos por terminado el confinamiento y salimos a la calle para disparar de nuevo los contagios, no; no hemos llegado aquí para rendirnos y volver a permitir contagios masivos.
Caerá todo abril y unos cuantos días de mayo. 
No será fácil. Comienzan a escasear las reservas de vino; las tandas de ejercicios caseros cansan y las paredes de casa se hacen más estrechas. Los diarios del confinamiento comienzan a repetirse.
Pero tenemos que seguir porque lo vamos a lograr. "Si no es por no ir; pero ir para nada..."

sábado, 4 de abril de 2020

DUC ( y XXI). Estreno mascarilla


Photo by Vlad Hilitanu on Unsplash


Estreno mascarilla. Desde que empezó el confinamiento, Costilla siempre me decía: "Lleva mascarilla". Me parecía excesivo, la verdad. Pero a base de leer sobre nuestro invitado el Sarcs Cov 2 he visto que es casi tan conveniente como permanecer confinado. Después de todo, la mascarilla no busca aislarme, sino proteger a terceros de posibles contagios. Nada impide que yo sea uno de los contagiados asintomáticos, que vaya sembrando el virus por ahí, por las tiendas. Así que alegrías, las mínimas. Mascarilla y a frenarlo. Otra trinchera más.
El estreno fue la compra semanal. Uno, que nunca había usado mascarilla, se encuentra con unas cuentas dificultades. De hecho, la puse mal y fue mi hermana quien por guasap me apuntó errores que no debo cometer en el futuro: ajustarla al puente de la nariz, poner unas gomas por el cogote y otras en las orejas... Tomo nota.
En la calle la primera sorpresa es que casi somos más los que llevamos máscara que los que van sin ella. ¿Cambiará esto los usos y costumbres? ¿Entrará la máscara en los desfiles de moda? ¿Podremos elegir con grados de protección y diseño?
Espero llegar a verlo. El mundo no será como era antes.

viernes, 3 de abril de 2020

DUC (y XX). Fin de ciclo




Photo by Daniel Korpai on Unsplash


Buena parte de mi vida gira en base a los ciclos de trabajo. Supongo que no es diferente a otras muchas personas. En mi casa, la norma general es trabajar once días y descansar cuatro. Aunque, como todo en la vida, la regla no es exacta por eso de días compensatorios, vacaciones, festivos, alguna que otra sorpresa. Al inicio del mes, como tantos otros, ves los días de descanso y piensas posibles planes, alguna escapada de fin semana, una excursión, la visita a un restaurante, ir al cine... 
Y, sin embargo, este descanso no será igual pero será lo mismo. Hay planes: la compra, videoconferencia con mis hermanos, encuentro virtual de pipafumadores, empezar a hacer declaraciones de la renta...
Todo sigue igual y todo ha cambiado. Veinte días y veinte más que vendrán (es un decir, pueden ser más) y este confinamiento suma cosas buenas como malas.
Si no fuese por el confinamiento hubiese estado menos con Costilla.
Si no fuese por el confinamiento hubiese jugado menos con Costillina.
Si no fuese por el confinamiento hubiese hecho 1.320 kilómetros en la carretera.
Si no fuese por el confinamiento hubiese escrito menos.
Si no fuese por el confinamiento apreciaría menos el aire de la mañana en mi rostro
....

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