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Photo by Frederic Köberl on Unsplash Desde el inicio del confinamiento, ha existido una cuestión sujeta a debate: ¿se puede criticar al gobierno? Rápidamente, la sociedad española se ha dividido en dos grupos. Las personas que respaldan, legítamente, al gobierno consideran que no; que ante la mayor crisis sanitaria sólo cabe apoyar al ejecutivo y que cualquier otro comportamiento es desleal. Las críticas deberán venir posteriormente. Luego aparece el grupo que defiende lo contrario, es decir, que se puede criticar al gobierno, incluso que se debe. En ese grupo me incluyo, si bien es cierto que existen varios subgrupos. Vemos aquellos que consideran que se trata de un gobierno ilegítimo, inmoral y se debe criticar todo, que son responsables de todo. Y otros con una posición más moderada, que consideramos que la lealtad no excluye la crítica. Es cierto que España ya ha atravesado momentos duros. Recordamos el mayor atentado terrorista de nuestra historia y las críticas hacia el gobierno, incluyendo concentraciones ante la sede del partido que lo respaldaba con el argumento de que el país no se merece un gobierno que mienta. A muchos no agradó la actitud del ejecutivo en esos momentos, aunque respaldamos su gestión. El actual debate evidencia uno de los problemas de la cultura política española y que, paradójicamente, es ese: la ausencia de cultura política. Se ama más al garrotazo, que la palabra, el rival no es rival, sino enemigo. Supongo que cuarenta años de paz y ciencia no se superan de la noche a la mañana y los usos y costumbres propias de la democracia calarán lentamente, como el rocío de la mañana. La riña. Francisco de Goya. Fuente: Wikipedia. En los actuales momentos, las palabras son muy importantes, mucho más de lo que pensamos. Ante la mayor crisis sanitaria de nuestra historia, lo único que se debe exigir es lealtad al gobierno. Lealtad supone acatar la normas, el confinamiento impuesto; respetar los criterios, a pesar de la falta de criterios que parecen demostrar quienes los decretan. A partir de ahí, claro que se puede criticar. Por un bien común, como es la vida de muchos de nuestros vecinos, y también la nuestra, se nos ha privado temporalmente de la posibilidad de salir a la calle, de la libertad de movimiento; pero no nos han prohibido pensar, ni expresar. Vivimos en una democracia y la gestión de un problema de sanidad pública no implica la supresión de todos los derechos fundamentales. Es sano que se critique al gobierno. Evidencia una sociedad vida, con músculo que necesitará en los meses duros que vendrán. La crítica es positiva porque de ese debate pueden salir ideas que ayuden al gobierno, aspectos que no se habían valorado de manera adecuado. Estamos en una inédita e histórica movilización del sector cultural. Al tiempo, el ministro de Cultura, cuyo nombre no recuerdo, realiza en menos de veinticuatro horas una rectificación en toda regla de sus planteamientos. ¿Creen ustedes que lo hubiese hecho si no hubiese esa protesta? Mi respuesta es no. Por eso es buena la crítica. Porque nos convierte en ciudadanos, no en súbditos. La crítica leal es necesaria, siempre es necesario y, en estos momentos, imprescindible para sobrevivir. |
viernes, 10 de abril de 2020
¿Se puede criticar al gobierno?
DUC (y XXVII) Cumpleaños feliz
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Photo by Lidya Nada on Unsplash Avanzan los días del confinamiento y llega un día que nunca habíamos esperado vivir confinados: el cumpleaños de Costilla. Llevaba días pensando en cómo celebrarlo. ¿Compro por internet? A diario no faltan ofertas en la red. Pero, ¿vale la pena que una persona, un transportista, se exponga por un regalo? No, no vale la pena agobiar a una persona cuando tienen cosas más importantes que transportar. En los días previas, Costillina y yo nos organizamos. La peque preparo una de sus manualidades y yo escribí una carta. Mi suegra aprovecho uno de mis recados para mandarme un regalo y decidimos encargar la comida. "La gente también tiene de que vivir", nos decíamos para ¿justificarnos? Tal vez. En la compra del pan, añadí unos pasteles para poner las velas. Y así celebramos el cumpleaños de Costilla sabiendo que, ahora mismo, tenemos una fiesta pendiente para cuando termine el confinamiento, para el futuro que llegará. |
jueves, 9 de abril de 2020
DUC (y XXVI) Día de niebla
miércoles, 8 de abril de 2020
DUC (y XXV) Epifanía en el supermercado
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Photo by Nathália Rosa on Unsplash |
Mirábamos el calendario en casa y nos preguntábamos: ¿qué día será mejor salir de compra: el martes o el miércoles?
Al final, optamos por el martes para evitar las colas (sí, las colas) de la víspera del doble festivo. Es decir, si normalmente hay colas, en un doble festivo habrá más colas. Ese más es el que queríamos evitar.
Así que ahí voy, con la parafernalia habitual y las vueltas de costumbre. Aunque el supermercado está cerca de casa, voy en coche tanto por el volumen de compra.
Ya en el interior, cuando empiezo a llenar mi carro veo que me olvidé las bolsas en el coche. Cerca se encuentra una reponedora, una de nuestras heroínas sin capa a las que aplaudimos, agradecemos el trabajo y les damos las gracias cuando antes solían ser invisibles. "Perdone, ¿se pueden sacar los carros del supermercado?". "No, no se puede". "Me dejé las bolsas en el coche; podría ir a por ellas?" "Sí, deja aquí el carro. Ya me encargo de que no lo retiren".
Dios mío, la nueva sociedad florece tras la epidemia. Solidaridad, comprensión, racionalidad. Nada, si al final vamos a estar agradecidos al Cov-Sars 2.
Así que voy hacia la salida, vuelvo a explicar mis cuitas a otra empleada y salgo, recojo las bolsas y vuelvo a entrar. Retomo la compra y mis pensamientos sobre qué cerveza me interesa comprar se interrumpen por una señora que se acerca. Debería decir que iba mal encarada, pero la máscara ocultaba su rostro.
"Te has colado, te has colado. ¡¡Qué vengas en coche no justifica que te cueles!" Una buena presentación, desde luego. "Perdone, no me colé. Estaba dentro y salí a por las bolsas, que me había pedido". "Si te has colado, que te vi". Como buena española, la señora ya gesticula con su dedo y se añaden otras dos, con los mismos reproches. 180 años de mala leche y rabia contra mí. Me había colado, aseguraban. "No, pedí permiso. Me dijeron que podía". Nada, mi argumento no servía de nada. De hecho, no servía. Me veía comido por las tres brujas, reaccioné con rabia y estuve a punto de decirles: "Señoras, no tienen edad para salir a la calle. A sus años, es un riesgo. Sólo me lo explico porque sus hijos esperan librarse de ustedes y, además, con la ventaja de ahorrarse el velatorio y el funeral". Sí, era un pensamiento muy gratificante, pero me parecía excesivamente largo para mis cuervos. Así que volví a insistir en que estaba dentro, que había pedido permiso y todo eso.
Pero no servía, graznaban, no paraba de graznar. Pero encontré una solución. Mi heroína con capa, la que podía testificar que había guardado cola (si fue menos que ella, no tengo la culpa de haber despertado antes) y que tenía autorización para salir. Así que la miré mientras ella atendía las labores que le correspondían. La ventaja de ser reñido con distanciamiento social es que, posiblemente,había escuchado todo.
La miré mientras las tres brujas graznaban y, ¿qué hizo ella? Nada, bueno, corrijo, sigo con las labores que le correspondían. La heroína sin capa estaba más preocupada por el stock de embutidos que por una riña callejera. No valía tanto como un envase de pavo. Y, entonces, en ese momento, tuve una epifanía: una revelación.
Nada va a cambiar. Cuando pase todo esto, seguiremos igual de maleducados, groseros, cobardes y valientes; aquellos que ejercían virtudes antes del confinamiento las mantendrán y posiblemente perseverarán en ellas; pero esta heroína sin capa seguirá a sus cosas, como habrá hecho toda su vida. No cambiará nada. Me emocioné, me entraron ganas de abrazarla, pero los tres cuervos seguían a mi lado.
Así que les dije: "Señoras, no voy a perder el tiempo discutiendo con ustedes".
Y seguí de compra.
martes, 7 de abril de 2020
DUC (y XXIV) Dormir
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Photo by Kate Stone Matheson on Unsplash |
No sé a ustedes, pero esto del confinamiento me altera el ritmo del sueño. No renuncio a mi siesta, pero intento limitarla. De noche me cuesta dormir más de lo que me gusta. Y despierto sin problemas, aunque a veces el problema es la hora a la que despierto.
A veces tengo la sensación de que estaría durmiendo todo el día. Todo el día. Incluso varios días seguidos. Posiblemente, llevaría el sueño al parlamento de mis neuronas para solicitar una prórroga del estado de letargo de varias semanas. Sería un placer eso de la hibernación. Meterme en la cama y salir con un hambre de mil demonios, la barba alcanzándome los tobillos y recuperar la vida normal. Leer el periódico y sorprendente de la cantidad de cosas que han pasado, o que no han pasado, el estado de alarma-excepción.
O le mejor despertar, despertar mañana y pensar que ha sido todo un sueño. Que el despertador soñase a las siete y media de la mañana, desayunase mi tostada con mantequilla escuchando la radio y, cuando llevaba a Costillina al colegio, llamar, como hacemos siempre a Costilla y decirles: "Menudo sueño más raro he tenido. Decretaban el estado de alarma y nos pasábamos tres meses sin poder salir de casa más que a comprar, haciendo todo por el ordenador, confinados"...
Pero no, no ha sido un sueño.
lunes, 6 de abril de 2020
DUC ( y XXIII) Domingo de Ramos
Ni palma, ni procesión, ni borriquilla, ni estreno, ni misa... No recuerdo un Domingo de Ramos más extraño en mi vida. Sí, todos sabíamos que iba a suceder, que era inevitable. Todas las liturgias propias de esta jornada confinadas a la pantalla, al recuerdo.
Mi ahijada, que está en Madrid, me ha mandado su palma casera por el móvil. Es la más hermosa que he visto nunca, porque me ha dicho que me la dará un día. No sabemos cuando, pero esa voluntad implica la esperanza de que superaremos todo esto, que recuperaremos nuestra vida normal, que, en el futuro, nos tomaremos más en serio los anuncios de la Organización Mundial de la Salud salvo cuando se meten con el chorizo, que los embutidos son algo muy serio.
Esta Semana Santa será muy especial, como la Comida en la calle que será en las casas y compartida a la espera de volver a abrazarnos.
Seguimos avanzando, seguiremos resistiendo.
domingo, 5 de abril de 2020
DUC (y XXII) Si no es por no ir...
Creo que el país ganaría como mínimo mucho más en salud mental si en vez del presidente del gobierno, los sábados tuviésemos una charla de José Mota.
Si vamos a seguir en el confinamiento, que sea para algo. Es algo que debemos ir asumiendo. No hemos llegado hasta aquí para estropearla. Es evidente que el confinamiento seguirá más allá de abril y unos cuantos días más de mayo. ¿Damos por terminado el confinamiento y salimos a la calle para disparar de nuevo los contagios, no; no hemos llegado aquí para rendirnos y volver a permitir contagios masivos.
Caerá todo abril y unos cuantos días de mayo.
No será fácil. Comienzan a escasear las reservas de vino; las tandas de ejercicios caseros cansan y las paredes de casa se hacen más estrechas. Los diarios del confinamiento comienzan a repetirse.
Pero tenemos que seguir porque lo vamos a lograr. "Si no es por no ir; pero ir para nada..."
sábado, 4 de abril de 2020
DUC ( y XXI). Estreno mascarilla
Estreno mascarilla. Desde que empezó el confinamiento, Costilla siempre me decía: "Lleva mascarilla". Me parecía excesivo, la verdad. Pero a base de leer sobre nuestro invitado el Sarcs Cov 2 he visto que es casi tan conveniente como permanecer confinado. Después de todo, la mascarilla no busca aislarme, sino proteger a terceros de posibles contagios. Nada impide que yo sea uno de los contagiados asintomáticos, que vaya sembrando el virus por ahí, por las tiendas. Así que alegrías, las mínimas. Mascarilla y a frenarlo. Otra trinchera más.
El estreno fue la compra semanal. Uno, que nunca había usado mascarilla, se encuentra con unas cuentas dificultades. De hecho, la puse mal y fue mi hermana quien por guasap me apuntó errores que no debo cometer en el futuro: ajustarla al puente de la nariz, poner unas gomas por el cogote y otras en las orejas... Tomo nota.
En la calle la primera sorpresa es que casi somos más los que llevamos máscara que los que van sin ella. ¿Cambiará esto los usos y costumbres? ¿Entrará la máscara en los desfiles de moda? ¿Podremos elegir con grados de protección y diseño?
Espero llegar a verlo. El mundo no será como era antes.
viernes, 3 de abril de 2020
DUC (y XX). Fin de ciclo
Buena parte de mi vida gira en base a los ciclos de trabajo. Supongo que no es diferente a otras muchas personas. En mi casa, la norma general es trabajar once días y descansar cuatro. Aunque, como todo en la vida, la regla no es exacta por eso de días compensatorios, vacaciones, festivos, alguna que otra sorpresa. Al inicio del mes, como tantos otros, ves los días de descanso y piensas posibles planes, alguna escapada de fin semana, una excursión, la visita a un restaurante, ir al cine...
Y, sin embargo, este descanso no será igual pero será lo mismo. Hay planes: la compra, videoconferencia con mis hermanos, encuentro virtual de pipafumadores, empezar a hacer declaraciones de la renta...
Todo sigue igual y todo ha cambiado. Veinte días y veinte más que vendrán (es un decir, pueden ser más) y este confinamiento suma cosas buenas como malas.
Si no fuese por el confinamiento hubiese estado menos con Costilla.
Si no fuese por el confinamiento hubiese jugado menos con Costillina.
Si no fuese por el confinamiento hubiese hecho 1.320 kilómetros en la carretera.
Si no fuese por el confinamiento hubiese escrito menos.
Si no fuese por el confinamiento apreciaría menos el aire de la mañana en mi rostro
....
jueves, 2 de abril de 2020
DUC (y XIX) Cadena perpetua
No sé si recuerdan la película Cadena Perpetua. Se estrenó hace veinticinco años y ese era el título español a The Shawshank Redemption. Tuvo bastante éxito. Es una de esas historias de amistad y esperanza que terminan siendo eternas. De su amplio reparto de personajes, hoy me quedó con uno: con Brooks. Su historia es trágica. Era uno de los presidiarios más ancianos de la cárcel y cuando es liberado, termina suicidándose porque no se adapta a la vida en libertad.
Y esa es la pregunta que hoy me atormenta. ¿Me adaptaré a la vida en libertad? ¿Volveré a disfrutar de los paseos, de la posibilidad de salir a la calle, bajar sólo una bolsa de basura, no tener que hacer una gran compra y pasar la mayor parte del tiempo recluido?
Sí, son las preguntas del día pero lleva uno, como tantos, tanto tiempo encerrado que de vez en cuando surgen esas dudas.
miércoles, 1 de abril de 2020
DUC (y XVIII) Miedo al gobierno
Uno de los poemas más conocidos de Raymond Carver se titula Miedo. En él cita una serie de hechos cotidianos que le generan esa sensación. Si no lo conocéis, aquí os dejo un enlace a la versión de traducida por Jaime Priede.
Si yo tuviese que escribirlo añadiría el verso: "Miedo al gobierno".
Y es que con la que está pasando no es para menos. Más allá de un prestigioso intelectual y tres funcionarios de élite, el resto del consejo de ministros se presenta como una banda de arribistas de partido, toreros de salón, paniaguados e ignorantes que piensan que la economía es como el juego de los Sims y que llevan a los españoles a una duda propias de las dos Españas: si no te mata el Sars Cov2 lo hará el gobierno de hambre o desprotección. El gobierno que se presenta como el más preocupado por la gente es el que está infringiendo el mayor castigo al país, conduciéndonos a un abismo del que será dificilísimo salir. La paralización de la economía es una muestra de ignorancia que nos saldrá muy cara. La economía no se debe parar. Lo que se debe es ayudar a la protección de los trabajadores, a que dispongan de los medios de protección necesarios. No se puede parar el país.
Un gobierno que a los negocios que ha cerrado no les perdona un euro sino que les impone un pago aplazado sin tener ellos el gesto de rebajarse un euro no es un gobierno. Es una banda.
Pero ese añadido al verso de Carver se completa con otro: "Miedo a la oposición".
Porque no termino de ver un liderazgo claro, moral; no aprecio baterías de ideas o, sencillamente, les escucho en un momento donde tal vez lo más prudente sería el silencio.
Tampoco lo tengo muy claro porque esta es mi primera pandemia y me falta experiencia.
Termino el desahogo por hoy.
martes, 31 de marzo de 2020
DUC ( y XVII). Sueños chinos
Vaya, con toda la que está cayendo van los de google y cambian el panel de control de Blogger. No encuentro el tipo que venía utilizando y esas cosas. Tendré que acostumbrarme.
Pero no venía a hablar de esto, no. El caso es que estuve pensando en los inicios de todo esto, cuando la epidemia del Covid-19 era algo lejano, muy lejano. Yo nunca oculté mi extrañamiento: "si dicen que es poco más que una gripe, no entiendo tanto revuelo; si es algo más grave, los chinos nos están ocultando información".
Y ahora, cuando veo nuestras calles desiertas como las de China, cuando veo a los camiones desinfectando las calles, las mascarillas y los guantes es evidente que los chinos nos engañaron, nos ocultaron información y posiblemente sigan en tan noble.
Así que me pongo a pensar.
El epicentro de la epidemia fue Wuhan una ciudad que según la wikipedia tiene once millones de habitantes. Allí han estado confinados cuatro meses y ahora empiezan a suavizar las medidas de control. En otras partes de China, y también en Corea, se ha controlado la expansión con un sistema de vigilancia telemática que el gobierno español se prepara para implantar (a saber si lo logran, habida cuenta de la inutilidad evidenciada hasta la fecha).
En España podríamos tener unos 5,1 millones de personas contagiadas. Es una estimación matemática de cosecha propia considerando que los casos reconocidos oficialmente son el 5% de los graves que, según la Organización Mundial de la Salud, se deberían producir. A partir de ahí, con una regla de tres calculé el 100% y, como la tasa de contagio es de tres, multiplique por 3. Evidentemente no todo el mundo desarrolla la enfermedad (la estimación de la OMS es que el 80% será asintomático o muy leve) y como la evidencia demuestra que el Sars-Cov2 circula por todo el país me pareció correcto usar ese criterio.
O sea que poniendo en línea recta los tres elementos anteriores alcanzo la siguiente conclusión: el confinamiento no se levantará el 11 de abril. No. Abril entero estaremos encerrados y, hay suerte, después de las fiestas del primero de mayo igual podemos salir. Incluso no me extrañaría tragarnos todo mayo a cubierto.
Sí, lo reconozco. No son pensamientos que destaquen por su optimismo, pero es lo que tocó.
Tal vez por eso, para animar el día escuché las dos versiones de China girl.
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lunes, 30 de marzo de 2020
DUC ( y XVI). El dilema del ascensor
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Photo by Russ Ward on Unsplash |
Desde que comenzó el confinamiento, evito en lo que puedo el ascensor. Voy por los escaleras y lo máximo que te puede suceder es encontrarte con un vecino y hablar a gritos por eso de la distancia social de seguridad. O un repartidor. Y volver a hablar a gritos para evitar la distancia de seguridad.
Pero, a veces, el ascensor es inevitable. Ya les comenté el tema de la basura. O cuando se viene de la compra con siete bolsas en cada mano. Toca el ascensor y asumir que, si en el camino te para un vecino, deberás estornudar para que asuma la necesidad de mantener la distancia social de seguridad.
Sin embargo, no esa la razón por la que evito el ascensor. Sobre todo, por los botones. Ahí, tan metálicos. Parece que el metal es una especie de resort para el Sars Cov 2. No me importa en las latas de cerveza porque al llegar a casa pasamos un trapo de lejía por ellas. Pero el ascensor, ahí, el botón me da algo.
Llevo guantes, no me puedo contagiar. Pero pienso en que mis guantes pueden llevar un bus de bichitos y alojarse ahí, en el resort esperando a un vecino sin guantes y que se olvide de lavarse los guantes...
Realmente me angustiaba la idea hasta que me acordé de Carmen Santano. Es una de nuestras heroínas sin capa, enfermera de atención continuada en Avilés y que hace días en su estado de was colgó un video con una curiosa manera de llamar al ascensor. Al lado de los botones se había colocado el cartón de un papel higiénico con palillos colgado. Se quitaba un palillo, se llamaba al elevador, se tocaba al piso y, al llegar, se depositaba en el interior del cilindro, reconvertido en cubo de la basura. La primera vez que lo vi pensé que se trataba de una broma. Pero ha llegado el momento de ponerlo en práctica.
Primera fase, organizarme en casa. Coger el palillo. Sin problema.
Segunda fase, planificar las manos. Seguiré con los guantes en el exterior, pero intentaré no usar una mano para evitar contaminaciones. Así, cuando regresé y saque el palillo de la chaqueta, evitaré dejar el virus en la ropa.
Salgo a por el pan. Ya en el regreso, toca poner en marcha la práctica. Un poco de música para el momento emocionante.
La mano que debía permanecer limpia era la izquierda y hoy ha sido posible. No siempre resulta así. Pero hoy sí. Así que saco el palillo. Y aprieto. Nada. No se enciende la luz del botón. No funciona. La verdad es que usé la fuerza de una mosca por miedo a romper el palillo. Aprieto con más fuerza. Funciona, llega el ascensor. Entro en él.
Ahora es la operación más delicada, más compleja. Me siento como un neurocirujano.
Sin soltar la bolsa de pan, uso la mano derecha para hacer un giro de 180 grados en el palillo de tal manera que la parte que agarre (con riesgo de contaminación) no toque la palma de mi mano, del guante. Hecho. Con una punta limpia, vuelvo a marcar mi piso. Subo hacia casa y me parece que Florence and the machine festejan mi triunfo. Pero no, no se ha terminado.
Toca entrar en casa. El palillo paso a la mano derecha. Todo apunta a que la izquierda sigue limpia. Así que abro la puerta de casa y empieza la operación de desinfección con la satisfacción de que el dilema del ascensor ha sido superado.
domingo, 29 de marzo de 2020
DUC ( y XV). Los superhéroes sin capa
Hoy volveré a abrir la ventana a las ocho de la tarde para aplaudir. Pero no aplaudiré a los héroes sin capa. Hoy no pensaré en el personal sanitario, ni en la policía, ni en los bomberos, ni en los trabajadores de los supermercados, ni de toda la gente implicada con las residencias de mayores como en el resto de los días.
Aplaudiré para animar a los enfermos, como recuerdo a los fallecidos.
Pero, sobre todo, hoy toca aplaudir por ellos. Por los superhéroes sin capa que tenemos estos días.
Porque está bien que los militares monten hospitales de campaña y nos enorgullecemos de todos ellos, igual que del trabajo en los centros de salud y los hospitales. Son héroes, sí; es cierto. Pero hoy toca hablar de los superhéroes.
¿Y quienes son? Nuestros hijos, nuestros hijos son los verdaderos superhéroes sin capa. A diario dan una lección de como llevar un confinamiento, han sido despojados d sus derechos civiles hasta el punto que una mascota dispone de más privilegios que ellos; y ahí están: expresando miedos y alegrías, resistiendo, jugando, aprovechando las posibilidades de las nuevas tecnologías y añorando a sus amigos y los abrazos de los abuelos.
Los niños, el colectivo más inmune al Sars Cov-2, son los verdaderos superhéroes. Ahí están, resistiendo y manteniendo el ánimo.
Hoy aplaudo por ellos.
sábado, 28 de marzo de 2020
DUC (y XIV). Atardecer
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| Sale el sol, también en Gijón |
La familia no se pierde ninguna de las citas de las convocatorias de las ocho de la tarde. Como me paso el día sentado al ordenador, soy el que inicia los avisos.
"Queda una hora, queda media hora".
De esta manera, cuando llega el momento nos vamos acercando a la cocina, convertido en el punto de encuentro familiar para esos menesteres. Escuchamos los primeros aplausos y empezamos. O, al contrario, nos lanzamos a aplaudir.
El caso es que en estos días, por eso de salir siempre a idéntica hora, uno comienza a fijarse en algo tan sencillo como es el paso del tiempo. El sábado 21 de marzo era mucho más oscuro que el día 24 y ayer disfrutamos de más luz natural que el día 26.
Claro, es algo lógico, natural. Responde a la evolución de los días. Estamos en primavera y conforme llega el verano los días son más largos.
Pero lo que me gusta es el valor simbólico de esa luz. Es la representación de que por mucha oscuridad, por momentos oscuros en los que estemos (y vaya si los estamos) al final saldrá el sol, saldrá el sol. Es la esperanza, la confianza en que todos juntos podremos con el actual confinamiento.
Hoy volveré a aplaudir.
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