lunes, 4 de mayo de 2020

DUC (y XLVIX) Elogio de la descentralización



Fuente: Wikipedia


De manera recurrente se escuchan voces críticas con la descentralización, con el estado de autonomías y el poder municipal. Yo siempre he sido un defensor de las autonomías y,
  en los actuales momentos más que nunca. Las autonomías y el poder municipal han evidenciado su ventaja como contrapeso de otros poderes. Cuando se estudia el sistema democrático estadounidense uno de sus elementos singulares es el sistema de contrapoderes, los equilibrios dentro de él para evitar el poder absoluto.
En estos días de confinamiento, las autonomías y los ayuntamientos han sido un contrapoder del poder central. No cuestiono el mando único fijado en el estado de alarma pero sin estas organizaciones territoriales toda la gestión de España hubiese estado en manos de Pedro Sánchez y de su gobierno. Sí, del mismo Pedro Sánchez del que tantas veces he escrito en este blog y no de manera amigable. En las diferentes partes de España, se han aplicado los criterios del gobierno central (¡¡faltaría más, por supuesto!!), pero al tiempo se ha advertido de riesgos y errores, se ha informado de la realidad y se han trasmitido los matices de una realidad tan compleja como la española. 
Han sido un dique y evidencian su utilidad.

domingo, 3 de mayo de 2020

DUC (y XLVIII) La mar, la mar





Hoy tocó paseo. La verdad es que es un riesgo porque con las normas y el cambio de normas, los esquemas de horarios, limitaciones especiales y tipologías resulta ahora más complicado salir a pasear que antes.
Pero venciendo todos esas incertidumbres, con mascarilla quirúrgica y gel hidroalcohólico salimos de paseo.
Conclusiones: se asume la necesidad de distanciamiento social; eso compensa la menor presencia de mascarillas; la mayoría aún asume que deberá permanecer un tiempo en su casa y que los paseos son refrescos necesarios para el cuerpo y el espíritu.
Emociones: la mar, sobre toda la mar. La posibilidad de volver a verla, aunque sólo sea de lejos, notar la brisa fresca del Cantábrico, pensar en su sonido... No sabía que me podía emocionar tanto la mar.

sábado, 2 de mayo de 2020

DUC (y XLVII) No me rindo





Pasó lo que debía pasar. El gobierno relajó el confinamiento, con el aval de su grupo de expertos, y la gente tomó las calles. Hasta cierto punto previsible y lógico. Pero también peligroso. Muy peligroso. Porque el enemigo no se ha ido, el Sars-Cov2 sigue por las calles, en las suelas de nuestros zapatos y en nuestras manos. Seguirá matando.
Por eso no podemos relajarnos. Yo, al menos, no me relajaré. Es cierto que, para llegar aquí, igual no era necesario este viaje, que el confinamiento ha sido, y es muy duro, pero es mucho lo que nos estamos jugando.
Es cierto que podemos criticar mucho al gobierno, pero si hay gobierno es porque existen gobernados y, nosotros, los ciudadanos, no podemos, ni debemos eludir nuestra responsabilidad individual. Desde luego, con lo que he visto hasta el momento no confío para nada en el gobierno central ni me fío de su expertos donde he visto mucho currículo brillante y poca experiencia en la vida real, mucho gabinetero (y todos sabemos como es la meritocracia en este país) y poca pelea real por las lentejas; mucho discurso teórico y escasa diversidad... Alguno dirá que soy demasiado duro con mis palabras. Pero me defiendo con un sólo argumento. El caso de las mascarillas. Hemos pasado de que no eran necesarias a que son imprescindibles y vuelven a ser necesarias, pero no para todas las personas; y luego sí (en este momento regulamos el mercado para desabastecerlo) y luego no... Ya estoy perdido. Es verdad que la verdad científica no es inmutable y que el conocimiento evoluciona, gracias a Dios. Pero con rigor y explicando las razones. Conceptos ambos que han desaparecido desde hace tiempo del discurso del gobierno hasta el punto de hacerle perder toda la credibilidad. Nota, antes de seguir: me refiero al gobierno central
Así que aprovecharé el margen para salir que pueda y beneficie mi salud mental. Pero seguiré encerrado, confinado hasta que tengamos cierta tranquilidad. 
Saldré con mi mascarilla, no llevaré guantes pero sí gel hidroalcohólico para desinfectarme cada vez que toque superficies posiblemente contaminadas y mantendré el distanciamiento social. Esto me duele especialmente porque tengo ganas de abrazar a muchas personas.
Pero no me rindo. Y espero que ustedes tampoco.
Gracias por leerme.

viernes, 1 de mayo de 2020

DUC ( y XLVI) Víctimas colaterales



Cementerio de San Salvador de Andina, 
La Callezuela, Illas




Ayer no hubo DUC. Pero, como estamos en estado de guerra me permitirán que use la expresión, por las víctimas colaterales. Ya saben, esa expresión acuñada por los yankies para definir a los inocentes muertos en acciones de guerra, por error o acción. Duele menos hablar de daños colaterales que de inocentes muertos. El caso es que ayer no escribí el diario porque la muerte de mi tía Ana, Ana Luisa del Busto, ocupó buena parte de mi jornada, entre gestiones y dolores.
Mi tía Ana no murió del coronavirus, no; pero es una víctima más de esta epidemia. Una víctima de la realidad de la asistencia sanitaria donde se entremezclan las carencias materiales, la dificultad de gestión y lo complejo que resulta la toma de decisiones en escenarios complejos.
Una demencia llevó a mi tía a una residencia para vivir sus últimos años con dignidad y rodeada de cariño. Así ha sido. Hace una semana, un bulto en la cara despertó las sospechas. Todo apuntaba a que era una infección, como así fue; pero su médico de familia no llegó a visitarla nunca. La asistencia fue telefónica, de manera constante, pero telefónica. Ir a la visita implicaba un protocolo especial, incluyendo el uso de un equipo de protección por parte del médico para evitar contagios. ¿Disponía de él? ¿Estaban limitados y prefería conservarlos para otro contexto?
La infección creció hasta el punto de ser necesaria la hospitalización. Así se hizo. Con todos los protocolos. Primero aislamiento para confirmar que no era covid-19 mientras se aplicaba el tratamiento y, finalmente, trasladada a planta al confirmar que no había rastro de Sars-Cov-2 en su sangre. En planta respondió bien al tratamiento. El antibiótico por vena y la hidratación obran milagros y, a los dos días, recibe el alta y es trasladada a su residencia. Una persona enferma y con dificultades para alimentación. No debió ser una elección fácil. Dejarla en el hospital era mantener una paciente de riesgo en un entorno hostil, donde era muy posible un contagio; el regreso a su vivienda implicaba la vuelta a un lugar seguro (llegó sin contagio), pero donde el tratamiento seguiría, pero con una intensidad menor... ¿Qué harían ustedes? ¿Dejar a los soldados en una posición donde pueden morir sin lograr ninguna ventaja estratégica o un repliegue ordenado para tratar de salvar al mayor número de vidas? Optó por lo segundo. Y salió mal. La bacteria entendió que la menor dosis de antibiótico era una oportunidad para seguir creciendo y la aprovechó. No murió de covid-19, pero sin esta epidemia estoy seguro que se hubiese recuperado de este bajón.
Y así, mi tía, como otros tantos, se ha convertido en una víctima colateral de la epidemia. No, no estará en las estadísticas. Pero sí en nuestros corazones. 

miércoles, 29 de abril de 2020

DUC ( y XLV) Bienvenidos al caos


Photo by André Noboa on Unsplash

¡¡Bienvenidos al caos!! Según conocía las fases previstas por el gobierno para el regreso a la normalidad pensaba en un chiste que le hacía mucha gracia a mi madre y que repetía con cierta frecuencia.
Es un gobernante malo que se dirige a su pueblo. ¿Qué queréis: el caos o yo? Hartos de su pésima gestión, el pueblo sentencia: el caos, el caos, el caos. La respuesta del líder es sencilla de comprender: "Nadie será más caótico que yo, así que seguiré al frente de la nación".
Vaticinaba a Pedro Sánchez, aunque no lo sabíamos. 
Después de haber demostrado un comportamiento adulto, por lo menos hasta el pasado domingo, el gobierno sigue tratando a la población como seres infantiles. No le culpo porque no es la primera vez. Y así nos va. 
Nos ofrece el caramelo que todos queremos conocer pero, hasta la fecha, desconozco los criterios con los que se avanzará en las fases. Hoy sólo leí La Voz de Avilés y no encontré detalles. En la rueda de prensa, Pedro Sánchez decía algo tan sensato como que no se puede poner fechas porque todo puede cambiar y, al contrario que en otras naciones, no se darían fechas. Sin embargo, todo lo que salen son fechas, plazos. 
¿El único criterio válido es el descenso de contagios? ¿Basta con que desciendan un día o se marca un plazo mayor? ¿No influyen otros criterios? 
En medio de la mayor crisis sanitaria seguimos donde estábamos, con un gobierno cada vez más sobrepasado, incapaz de informar con claridad a una población que ha demostrado que es adulta y que se ha rendido.
Sí, se ha rendido. Este plan de desescalada, bajada, relajamiento o desconfinamiento me suena a dar a la gente lo que todos queremos escuchar, aunque no sea lo que debamos hacer. Yo, y no soy sanitario, aconsejo a todo el mundo que extreme las medidas de prevención.
La broma no ha terminado.
Y, mientras tanto, ¡¡¡bienvenidos al caos!!! 


martes, 28 de abril de 2020

DUC (y XLIV) No importa su nombre



En los últimos días arrecían las polémicas sobre salir o no aplaudir en los balcones. De hecho, hoy, en mi barrio periférico y solitario, hubo menos aplausos que otras veces. Incluso servidor, que siempre aparecía a las ocho tocando las narices con el silbato plateado que el Colegio de Árbitros de Ciclismo había regalado a su padre, no se acercó. Sirve como coartada que estaba ensimismado con el trabajo y la música, con la música y el trabajo. 
Existen muchos argumentos para no aplaudir: que es su trabajo, que oculta el sufrimiento; pero también sentimientos tan legítimos como el cansancio, incluso el olvido.
Pero mañana, si me acuerdo, saldré a aplaudir. 
Porque pienso en muchas personas.
Pienso en ese celador que lleva 45 días lejos de su familia, porque en ella hay personas de riesgos; viviendo en una casa que no reúne las condiciones pero, sobre todo, sin poder abrazar a sus hijas, a su esposa.
Pienso en lo que me cuentan algunos amigos sobre la incertidumbre de sus negocios; en el miedo de ir a trabajar sin mascarillas de protección, que me explica un médico; en esa persona que tiene a su hija enferma desde hace cinco días y no cómo llegó el sars-cov 2 a sus vidas, aunque ella lo ha tratado a diario.
Podría contar más historias, todas tan ciertas como estas, pero estas son suficientes para volver a salir a aplaudir mañana a los héroes, a nuestros héroes y a nosotros. 

lunes, 27 de abril de 2020

DUC ( y XLIII) El virus y la sociedad




A través del trabajo diario de miles de médicos vamos conociendo los síntomas del covid-19, sus efectos en el cuerpo, la gravedad de la enfermedad en cada persona.
Pero, ¿y en nuestro conjunto, en la sociedad? ¿Cómo nos va a cambiar? Reconozco que al principio yo me encontraba en el bando de los optimistas. La crisis iba a generar una catarsis social, todos saldríamos reforzados, más solidarios, comprometidos, humanos, valorando la vida...
¡¡¡Y una mierda!!! De eso me di cuenta y lo llegué a escribir por este diario. Nada va a cambiar.
Pero es innegable el impacto que está teniendo esta epidemia en la sociedad. Tanto tiempo aislados, tanto tiempo sin dar abrazos, limitados a viviendas más o menos especiosas, con terraza o sin ellas... Todo eso va sumando y algún cambio deberá producirse. ¿Regreso a los pueblos y comunidades más pequeñas? ¿Una nueva forma de socializarse? ¿Un cambio en la demanda de las viviendas? ¿Nuevas formas de comprar, una reorganización en los botiquines domésticos? La sociedad va a cambiar. No sé en qué dirección, no sé si será a todos o no

domingo, 26 de abril de 2020

DUC (y XLII) Y Costillina volvió a ser ciudadana




Pues sí, después de algo más de cuarenta días, Costillina volvió a ser ciudadana. Hoy salió a pasear con Costilla. Yo quedé en el nido ya que considero que debemos respetar las normas al gobierno y, que la crítica nazca desde el comportamiento responsable y cívico. No era la primera vez que salía a la calle. Me acompañó dos veces a comprar pan y una tercera a tirar la basura. Como hacía una noche agradable en vez de regresar directamente al portal, dimos la vuelta a la manzana viendo el cielo y sobrecogido por el silencio de la ciudad. De eso ya ha escrito.
La salida de los niños fue el desmadre que muchos esperábamos. En algunas zonas hubo comportamientos cívicos y en muchas no. No me extraña, como no me extrañaría que hubiese un repunte en las próximas semanas. Nos lo merecemos como nación por la falta de compromiso con la salud de todos. Esto no es una broma y, además de todo el dolor que nos vendrá, espero que surja algo hermoso de todo esto.
De ahí la canción que he puesto en la cabecera. Hoy, para variar, no hay foto.
La canción es una elegía. Bob Dylan la compuso para la banda sonora de Pat Garret y Billly The Kid. No me extrañaría que fuese el filato para intentar ser actor. Suena al final y es la despedida, el himno de dos personas que saben que van a morir. La canción trascendió a la película, que no es de lo mejor del maestro Peckinpah. El resto es historia.

sábado, 25 de abril de 2020

DUC ( y XLI) Es peor el gobierno que el virus



Photo by Mohammad Fahim on Unsplash


Soy de los que piensa que lo peor de esta epidemia es el gobierno, no el sars-Cov-2. Si asumes el discurso verdad de que ellos fueron los primeros en reaccionar, en tomar las medidas necesarias, sus malos resultados evidencian lo mal que lo han hecho. Y si vas al lado contrario, pues eso, piensas que lo han hecho mal desde el principio.
Pero si pienso que el gobierno es peor que el virus no es porque sea malo, es por la sensación que me transmiten de estar desbordados, de no controlar nada, de dejarse llevar. Pienso que está crisis se va a superar por nosotros, por nuestra capacidad de resistencia; por el esfuerzo del personal sanitario y de todo el conjunto de la sociedad. No por la gestión del gobierno.
Llevo días pensándolo pero con lo que sucederá mañana me reafirmó más en mi idea. Mañana mi hija recuperará sus derechos civiles. Pero no pienso darle las gracias a que ese gesto lo haya dictado quien se los quitó. La manera en la que podrán salir los menores a la calle se podrían haber aplicado desde el día 14, 15 o 16 de marzo y no creo que hubiese pasado nada. Admito cuestionamientos de cualquier experto, incluso de Fernando Simón. Pero sí reclamo que me explican cómo van a controlar a los menores después de haber visto el desmadre de los paseos a los perros, la insolidaridad de tanta gente.
Preocupado por el desconfinamiento, he leído diferentes artículos. Entre ellos al profesor Ignacio López Goñí, catedrático de Microbiología en la Universidad de Navarra. En un artículo sobre el confinamiento aporta una propuesta a partir de las reflexiones de la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene y el American Entrerprise Institute. En el plantea tres criterios para iniciar la desescalada. Los tres deben cumplirse al mismo tiempo y son a) reducirse durante catorce días consecutivos el número de casos nuevos; b) que el sistema sanitario se recupere del colapso y pueda dar asistencia continuada y c) disponibilidad de sistemas de diagnóstico rápido para detectar casos en un momento inicial y poder aislarlos. 
Según ese planteamiento, en ese momento se podría empezar la desescalada. Como no los veo por ninguna parte, me imagino en el peor escenario en un margen de quince días. Porque, esa es otra, desconocemos los criterios que guían al gobierno. Más bien los cambios de idea, las ocurrencias o su incapacidad para recopilar los datos ejerciendo el mando único en asistencia sanitaria desde la declaración del estado de alarma.
Como ven, es más sensato temer al gobierno que al virus.

viernes, 24 de abril de 2020

DUC (y XL) La ciudad vacía



Photo by Lucian Alexe on Unsplash




Hoy se juntó la necesidad de salir de compra con el teletrabajo, así que hasta última hora no he tenido tiempo para acercarme al diario. Unas pocas líneas, que no son horas y a uno ya le cansa tantas horas delante de la pantalla.
La compra de hoy me llevó a un lugar diferente a mi supermercado habitual. Cosas de la intendencia. Me dio la oportunidad de conducir por la ciudad, por callejear de una manera que, desde el 14 de marzo, apenas he hecho. El caso es que se reprodujo la misma sensación de desolación al ver la ciudad vacía. Hay gente por las calles, es verdad, menos de la habitual y más de la necesaria. Pero tantos comercios cerrados, bares apagados, personas con mascarillas... Falta luz, falta ruido, falta vida... Es desolador. No sé cómo será el desconfinamiento, pero creo que durante unos días nos alegraremos (al menos yo) de volver a ver el despacho de lotería abierto, la tienda de ropa operativa, la cafetería atendiendo a los clientes...

jueves, 23 de abril de 2020

DUC ( y XXXIX) Acedia



Photo by Frederik Højfeldt Nielsen on Unsplash



De todos los pecados capitales, en estos días de confinamiento el que más me acecha es la acedia. Tiene poca prensa, ha pasado muy desapercibido durante mucho tiempo, pero no por ello es menos peligroso que otros. Es esa sensación de querer tirado todo el día en la cama, o sentarse a llorar y no levantarse, o abrir la ventana y mirar por ella sin hacer nada. Ni aplaudir.
Por eso es peligroso. Porque parar siempre es malo y más en estos días. Pero hay que seguir y mantenerse. Porque estamos aquí, porque estamos vivos, porque es el día de libro y debemos seguir. Por eso escribo hoy. Para sentirme vivo y con ganas de vivir.

miércoles, 22 de abril de 2020

DUC (y XXXVIII) Juegos de mesa



Photo by Christian Fregnan on Unsplash


Mi gran fracaso del confinamiento ha sido, es, no aprender a jugar al ajedrez. También es cierto que no he puesto mucho interés. Cuando ya lo has intentando varias veces, y varias veces son muchas veces, nunca se corre con mucho interés hacia un nuevo fracaso. 
Juegos de mesa, la gran estrella del confinamiento. Costillina ha descubierto el mundo del Scrabble y hemos jugados a diferentes variantes del Monopoly. Nos quedan los juegos de cartas y ya están afianzados en el repertorio doméstico la oca. Luego quedan los tiempos muertos viendo la televisión, descubriendo el mundo de no hacer nada o, sencillamente, mirar por la ventana deseando que todo esto pase.

martes, 21 de abril de 2020

DUC (y XXXVII) El vecino de la bicicleta



Photo by Tiffany Nutt on Unsplash


Tengo un vecino que anda en bicicleta. El tío no perdona un día. Se enfunda el maillot, el culote y se pone a quemar ruedas. Confieso que lo envidió. Verlo así, en su terraza, con ese cadencia. Lo veo desde mi asiento, en la oficina que me he montado en el salón para asegurarme una conexión de calidad. Jadea como los profesionales, los que vemos en las retransmisiones. Está un buen rato, mucho más que yo en la cinta de caminar. Cuando se baja no recibe el maillot de líder, ni flores ni la botella de cava. Espero que le besen en casa. Por lo menos tiene mi aplauso. El tipo sale luego a las ocho a aplaudir. Hay días que sí y días que no. Como todos. Los días ya cansan. Es el sentimiento que se extiende. El cansancio. Y el miedo de que el gobierno yerre no por su incompetencia, sino por el cansancio, por no poder soportar la situación, por no resistir los rodillos de la opinión pública ni el confinamiento.
No son como mi vecino, el de la bicicleta.
 

lunes, 20 de abril de 2020

DUC (y XXXVI) El silencio y la ciudad


Photo by Andraz Lazic on Unsplash


Tocaba salir a echar la basura. Ya he comentado otras veces lo ardua que resulta esa tarea en tiempos de confinamiento. Hay que acumular varias bolsas, organizarse mentalmente para saber qué mano será la que toque las superficies potencialmente contaminadas y cual no y acercarse a los contenedores confiando en que no estén todos llenos. Ayer nos tocó sacar la orgánica, papel, vidrio y plásticos. Como eran muchas bolsas, Costillina se ofreció a acompañarme. Era la tercera vez que salía de casa. No está mal para tener nueve años. Después de repartir los residuos en su lugar correspondiente y en el breve regreso a casa me sorprendió un detalle: el silencio de la ciudad. No es la primera vez que tiro la basura a esas horas y lo normal hubiese sido escuchar la radio de algún aficionado atento al último partido de la jornada, el tráfico o el ruido lejano de El Musel. Pero no había nada. Silencio como pocas veces, un silencio propio de la mañana de un festivo, de las primeras horas del domingo. Pero de la misma manera que el silencio de la mañana de Navidad es hermoso ayer era inquietante por lo escasamente natural que resultaba. 

domingo, 19 de abril de 2020

DUC ( y XXXV) Éramos pocos y rompió la Billy


Photo by 
Semen Borisov on Unsplash




Llevan con nosotros casi diez años. Costillina aún no había nacido y queríamos organizar la biblioteca en el salón. Compramos diez estanterías Billy y nos pusimos manos a la obra. Era octubre de 2010 y lo recuerdo perfectamente porque un fin de semana lluvioso me escapé al Ikea a comprarlas y las fui montando una a una, Costilla ayudaba todo lo que podía, procurando no forzar porque su barriga de embarazada anunciaba que estaba en la recta final del embarazo. 
Desde entonces, ahí han estado, con los libros, testigos silenciosas de nuestra vida familiar, soportando volúmenes hasta ayer.
El sábado se presentaba tranquilo. Cumplía mi rutina diaria hasta que, al colocar un libro (no recuerdo cual) la balda cedió. No fue una cada catastrófica, los gruesos tomos de un tomo de historia y un libro de Moebius evitaron la caída. El ruido de un juguete de hojalata reconvertido en adorno avisó a Costilla de que algo malo estaba pasando. Cuando llegó al salón, yo estaba intentando llevar la balda a su lugar habitual, y casi lo logro si no llega a ser por otra que optó por seguir el camino de su hermana. Era como uno de esos dominós gigantes, sólo que con libros, estanterías y en mi casa. Un horror.
La primera solución fue sacar lo poco que quedaba en su sitio, ponerlo en el suelo y evaluar los daños. Todo apuntaba a que la estructura de la Billy había comenzado a ceder. La balda central mostraba un peligro espacio entre ella y el lateral del armario, que apuntaba a ser el origen de mis preocupaciones. 
Pensar en el cambio de estantería se me antojaba complicado. Así que decidimos arreglarla. Un primer intento terminó en fracaso. Con las baldas puestas, comencé a poner libros y las estructuras volvieron a caer. Es la ventaja que tiene mi licenciatura en la Universidad de Miskatonic, que sirvo para casi cualquier cosa.
Después de varios intentos logramos que todo volviese a su sitio y eliminar la peligrosa holgura. Bien, de nuevo, la prueba de carga, la fundamental prueba de carga. 
Nunca había vivido con tanta emoción el simple hecho de colocar libro. Deje para al final la balda central. Empecé por la más baja y luego las siguientes. Terminaba una línea y esperaba unos segundos. Al ver que no cedía, iba a por la siguiente.
Después de cuatro horas, todos los libros regresaban a su lugar, no su espacio pues el orden alfabético en el que estaban se fue al carajo.
Lo único bueno de todo este lío fue una mañana entera haciendo ejercicio (masa muscular y flexibilidad) y romper las rutinas habituales. 

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