La dimisión de Oscar Puente ha sido toda mucho más que una sorpresa. No porque era un hombre dispuesto a pasar un calvario, ni porque era un tipo echado para adelante, de los que no dimiten sino que dan la cara y pelean hasta el final. De ganador a ganador de las elecciones, seamos serios y, por una vez, reconozcamos que se trata de un "hail mary" en toda regla.
Desconocía la expresión hasta que la leí en una novela de Vicente Vallés. Nace en el fútbol americano y es una jugada desesperada que, si sale bien, te asegura la victoria pero, de lo contrario, te mantiene en la derrota donde estás. Es una jugada que evidencia desesperación y pánico ante lo inevitable; es una jugada de aquel al que sufre perdiendo mucho más de lo que disfruta ganando.
Más allá de la desgracia humana, el accidente ferroviario de Urda ha dinamitado la campaña político. El PSOE no puede recuperar su partido del amor; el Love Boat ha naufragado. Me gustaría conocer los seguimientos electorales que reciben a diario los partidos. Con este hail mary, el PSOE trata de eludir responsabilidades, sacar la gestión del debate político y centrarlo en el campo de los sentimientos donde se encuentran sus opciones para intentar salvar las elecciones, tal vez para ganarlas. El lanzamiento desesperado de Pedro Sánchez cuenta con un problema. Las declaraciones de la semana pasada de Oscar Puente dando a entender que no dimitía. Es tan evidente que lo "han dimitido" que se neutraliza el efecto sanador salvo para los muy convencidos. Y Sánchez no sólo pierde un cortafuegos, queda expuesto en uno de sus flancos.
Será interesante ver los movimientos futuros de Oscar Puente porque nos permitirá conocer todas las motivaciones, todo el trasfondo de esta situación. Ya queda menos para las elecciones.
