martes, 27 de febrero de 2007

El egoismo de Calatrava


Tengo pocas dudas. Santiago Calatrava es un arquitecto egoísta. Ahí está el palacio de Congresos de Oviedo, una obra monumental, como se ve en la foto, hecha desde Llamaquique y que despierta el interés de muchas personas. La obra se encuentra casi concluida pero es un trabajo de un gran egoísta. Calatrava habrá pensado mucho, no lo dudo, pero no en la ciudad ni en el entorno donde se iba a colocar su arquitectura. Sólo pensó en él, en su lucimiento. Egoismo y vanidad a partes iguales y, en consecuencia, mala arquitectura. La arquitectura es un trabajo social. No se construye para uno, sino para una ciudad, una familia, un entorno. Aquí no encuentro el diálogo que, por ejemplo, establecen los Cubos de Moneo con su entorno o la voz que lanza la Facultad de Comunicación de Pamplona o el Centro del Acero en Avilés... Esto es un grito de un tipo que le importa tres cojones lo que digan de él. Algunos amigos arquitectos me comentan que se trata de una tendencia de muchas estrellas.
En Oviedo se está haciendo mucha arquitectura y poco urbanismo. Es una lástima que se dañe de esa manera a una ciudad tan hermosa.

lunes, 26 de febrero de 2007

Ronquidos en el Pleno

El Pleno transcurría con normalidad. Joaquín Aréstegui (PP) aprovechaba su turno de intervención para machacar duramente el hígado del gobierno, duro al Niemeyer:

"La Laboral tiene a Rosina Gómez, con 20 años de experiencia y
espera atraer a 250.000 visitantes al año; nosotros al bueno de
Natalio..."

Entonces, un ronquido se escuchó en todo el salón de Plenos. Pensamos en una psicofonía, pero no, era un ronquido de verdad.

"No tienen nada, venden humo. Anuncian una gran exposición
cuando van a ser cuatro fotografías en la calle"

El ronquido se repitió. Surgieron risas. El mito de los políticos aburriendo al pueblo. Joaquín seguía como un estoico, desgranando sus críticas hacia el gobierno. Lo más grave, al menos para mí, es que el tipo que roncaba estaba sentado a mi derecha. A duras penas contenía mi risa. ¿Y si se despierta de mal humor y me caen un par de bofetadas? La situación se mantenía y de la hilaridad se pasaba al bochorno. Entonces, Purificación García me mira fijamente y dice: ¡Fernando, haz algo! ¿Qué hago?, pienso. No tengo a Tío Google para buscar una salida moderna, así que recurro al clásico codazo suave.

El durmiente se movió y cesó de roncar. A los pocos segundos, vuelven sus bufidos. Ya más tranquilo hice un ruido con la boca y se tranquilizó. Más tarde otro codazo, y otro codazo. El resto del Pleno, lo durmió en silencio.

Una vez terminada la sesión, el durmiente se dirigió hacia el tresillo situado a la entrada de la parte noble, de los despachos del gobierno. No esperaba café con leche y zumo de naranja, que sería lo apropiado. Sólo conversar con algunos concejales. Cosas del cargo. Como excusa, argumentó que la noche anterior había dormido poco. Haylos con más imaginación.

Correspondencias (y 3)

Leo a Fernando Savater:

-Oye, pero ¿te escribes con esa gente?, me pregunta la Tila.
-No, no me escribo.
-Entonces, ¿por qué titulas correspondencias, si no hay carta o correo electrónico por medio?
-¿Acaso no es la lectura una forma de correspondencia, aunque si acuse de recibo ni dirección?
-No sé, no sé. Te me estás quedando muy pedante y cada vez paseamos menos.

Vuelvo a Savater, en CNN+:
"Hitler hablaba del 'problema judío' cuando en realidad él era el único problema. Del mismo modo, el 'problema vasco' es una invención violenta del nacionalismo radical".

domingo, 25 de febrero de 2007

El corazón de las ruinas (2)

Esta semana, la pala derribaba la Manzana de los Álvarez, una de las piezas del centro histórico cuya rehabilitación más beneficiará a la ciudad. Hasta el momento, su estado ruinoso la convertía en una isla de suciedad y marginación lo que debe ser el tránsito natural entre el barrio marinero de Sabugo y la Villa. Una de las obligaciones de los promotores es conservar algunos elementos. No sé si esta imagen la recuperaremos en el futuro, pero ya forma parte de nuestra historia.
Hace unos días, colgaba las fotografías de Salat, de los escaparates que dan a la calle de La Muralla. He tenido tiempo para recuperar los imágenes que dan a la plaza. Los obreros trabajan en la rehabilitación del bajo. Ya se sabe, el ecosistema comercial: unos llegan y otros cesan. Los ultramarinos ya forman parte de la historia y sólo sabemos lo que eran por los libros que nos acercan a la historia. Espero que la rehabilitación conserve estos letreros.











sábado, 24 de febrero de 2007

Terror en el supermercado

El mejor día para ir de compras es el viernes después de comadres. Cierto que la cajera suele andar un poco lenta de reflejos, pero entonces te fijas y buscas al cajero y sales rápido. Por lo demás, el local está tranquilo. Pocas mujeres y las que acuden arrastran el carro casi sin fuerza. Se deslizan baldosa a baldosa, suspirando y comprando lentamente.
En cambio, un sábado por la mañana es un momento peligroso. Uno, por ejemplo, a la hora de ir a pagar casi pega con el palo de la fregona a la cajera. Menos mal que la chica anduvo rápida de reflejos. De lo contrario, a esta hora estaba en Comisaría declarando.
En el pasillo de conservas, un adolescente sigue a su madre. Yo camino detrás de él, buscando las latas de bonito. ¿Por qué no seguirán todos los supermercado la misma ordenación? Suena los Bee Gees y el chaval suelta el carro, gira sobre si mismo, lanza un gritito y pilla la primera lata a mano que lanza sobre el carro.
-Josua, déjate de tonterías
Pero Josua sigue ajeno a los consejos maternos y sigue con su particular recolección. Hasta que se lleva por delante a un par de consumidores.
Luego está la cola larga y la pelea con las veteranas para encontrar el mejor sitio. Menos mal que hoy llevaba el palo y lo usé en plan Bruce-Lee.
-Señora, que tengo que blogear.
-No me diga guarradas, que soy una viuda decente.
Desde luego, los sábado no es aconsejable ir al supermercado.

viernes, 23 de febrero de 2007

Observaciones de un extranjero

Bajo el pseudónimo de Jack José María Malgor publicó en La Voz de Avilés una serie de artículos bajo el título genérico de Observaciones de un extranjero que ahora se recuperan en una edición que cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Avilés y el lastre de sus impulsores. Lo digo porque no entiendo como todo el trabajo de Nieva ediciones (www.edicionesnieva.com) no se refleja en su web donde es imposible encontrar ni una referencia al libro.
Los artículos se publicaron entre 1929 y 1934. En ellos, el autor se convierte en Jack, un ingeniero estadounidense de origen asturiano que se encuentra en Avilés. En sus observaciones, apunta la realidad con el extrañamiento y distancia propias de un extranjero. El libro es absolutamente recomendable. Sus escenas costumbristas, el retrato de la sociedad de entonces, la propia escritura de Malgor. En algún momento me gustaría contar con notas a pie de página para contextualizar bien la obra; en otros párrafos su actualidad es sorprendente:
"Únicamente estos días, con la discusión del Estatuto catalán, los ánimos están algo excitados. Corre el rumor de que el Estatuto elaborado por los catalanes no se aprobará, y sí uno que hagan las Cortes, sin detrimento de la unidad nacional -sagrada, intangible, indivisible- pero que tampoco cercene las aspiraciones autonómicas de Cataluña, por lo menos en materia administrativa, en una forma análoga al concierto económico que tiene desde hace muchos años las Vascongadas. Se aprobará un Estatuto, no el que presentaron los catalanes, sino el que hagan los españoles. Pero el terrible problema hay que resolverlo en la forma más española posible, porque el eludirlo no sería más que un aplazamiento grave, y quien sabe las responsabilidades que trajera para el futuro"
lo anterior se encuentra escrito en 1932. Je, je... El tiempo transcurrido no le ha quitado ni pizca de humor, una de las principales virtudes de Malgor y sólo por ella vale la pena leer este libro:
"Me levanté y le di la mano.
-Dear. I thank you, very much.
-Y yo en la suya, por si les mosques- me contestó impasible, en una fracase cuyo sentido ha resultado más oscuro para mí que las anteriores.

jueves, 22 de febrero de 2007

Accidente de tráfico




Casi tengo un accidente de tráfico. Yo y mi señora. Afortunadamente no pasó nada grave, aunque aún sigo con el ánimo nervioso después del susto. Regresábamos de Oviedo y entramos en Avilés por la Variante. Salimos hacia la rotonda de Buenavista y, al llegar de ella, ¡¡¡zass!!! El cartel de Peña se ha movido. No, lo digo mal. Se ha movido la cabeza de Peña. Antes nos miraba con esos ojos azules fijamente, pero es que ahora ha inclinado su cabeza en un suave escorzo, como si tratase de enseñarnos su cabeza, su corte de pelo, como un líder preocupado por esas baldosas sueltas que se acerca para mirar la calle.




-¡Peña se ha movido!


-Fernando, que te estrellas.




No íbamos muy rápido, así que pude controlar rápidamente el vehículo. Frenamos y comprobamos que,efectivamente, la cabeza del candidato se había movido. Ya no es la foto fea de antes. Las madres ya no pueden asustar a los niños. Ahora es una buena foto, buena de tamaño, una foto grande, una gran cabeza para un gran pueblo y en ese escorzo que agita mi espíritu. Supongo que, en un par de semanas, prolongarán un palmo de la cabeza y, cuando abril sea una realidad, en lugar de la fotografía del pelo colgarán del lienzo lianas para darla más realismo.


A principios de mayo, youtube ofrecerá vídeos de la progresión visual del candidato y la oferta turística de Asturias, paraíso cultural ofrecerá un intenso tour de fin de semana: viernes, ópera en Oviedo; sábado, nuevas tecnologías en La Laboral de Gijón y domingo, postmodernidad política de Peña en Avilés.



miércoles, 21 de febrero de 2007

Cómo leer unas obras completas

Me acompaña desde febrero de 2001 y la tilde del cómo me permite darle a esta entrada un aire de duda, de pregunta más acorde a mi forma de ser. No se trata de afirmar como hay que leer unas obras completas, sino preguntar cómo se deben leer. No se trata de un libro como Las palabras del verbo, de unas dimensiones manejables, que se consume en un tiempo razonable. Me enfrento a un poemario de casi mil páginas: Memoria del fuego de Justo Jorge Padrón, poeta canario. Además, de una gran producción, es un escritor irregular. Encuentro poemas luminosos, que te sorprenden por su belleza y claridad y, a continuación, otros mediocres, que no entiendes cómo ha podido seleccionarlos, como no aprovechó esa oportunidad de publicar sus obras completas para cribar y apartar aquello de menor valor.
Cuando empecé la lectura de ese libro decidí interrumpirlo constantemente. Mil páginas seguidas de poesía de un autor se acerca a una tortura malaya. Así que voy interrumpiendo esa lectura con otras y otras. A este paso, supongo que para el 2010 habré terminado esas obras completas, aunque siempre me queda la duda de si éste es el sistema adecuado.

Revista de prensa

En uno de los comentarios, Chema alude a un artículo de Arcadi Espasa donde se cita a Juan José Jambrina, psiquiatra del Área Sanitaria III y actual responsable de Salud Mental tras la marcha del doctor Montejo. Amablemente, me lo envío ayer y, después de leerlo, he decidido colgarlo, como si esto fuese una revista de prensa:

Se suicidan, fijaos

ARCADI ESPADA
Querido J:

Imagínate 3.381 muertes al año en España. Más muerte, desde luego, que la que resulta de asesinatos o accidentes laborales. Más, incluso, que las muertes por accidentes de tráfico. Ahora imagínate que ningún periódico español hablara de ello, y habrás comprendido que hablo de suicidas, concretamente del número de personas que se suicidaron en España en el año 2005. ¿Una cifra brutal? Desde luego. Y piensa si le añadiéramos los suicidas que eligen el método del accidente de tráfico. Pero hay otras más brutales, como las de Europa del Este, repúblicas bálticas, Dinamarca o, ¡pásmate joie de vivre!, las de Francia, donde se suicida un policía a la semana. No es extraño que Sarkozy, encarando como suele, haya hablado en estos términos, y en plena campaña electoral: «El suicidio de los jóvenes es la gran enfermedad del siglo». Y la prensa, la española y otras prensas, no habla de este asunto. ¿Por qué?
El mito tiene antecedentes más o menos precisos. Está la publicación de Werther, la novela de Goethe, en 1774, que desató, aunque la documentación no parece del todo fiable, una oleada de suicidios (soi disant) por amor; está una tesis doctoral de Paul Moreau de Tours, De la contagion du suicide, (1875) y, finalmente, el libro de Paul Abry, La contagion du meurtre (1896). Yo no he leído la tesis, pero sí leí hace tiempo el libro de Abry, donde incluye un reconocimiento a Moreau en estos términos: «Entre los vivos no puedo olvidar a mi querido maestro Paul Moreau de Tours, que en su tesis y en otras obras importantes ha demostrado la importancia deletérea de la prensa». La fundamental investigación de Durkheim sobre el suicidio negaría la plausibilidad de esta influencia. Durkheim es todavía un nombre en la ciencia; pero Moreau y Abry son polvo de eruditos. Sin embargo, sus tesis se han mantenido con una llamativa obstinación: buena parte del pensamiento periodístico contemporáneo aún examina con aprensión la posibilidad del contagio.
Le pedí al psiquiatra Juanjo Jambrina, al que conoces, que me proporcionara algún material sobre la relación entre el suicidio y los medios. Entre lo más interesante están las reflexiones de Keith Hawton, director del Centro de Estudios del Suicidio de Oxford y las orientaciones generales que tanto la Organización Mundial de la Salud como la Asociación Americana de Suicidología han publicado sobre el tratamiento que el suicidio debe recibir en los medios. Se alude, repetidamente, a determinadas experiencias en Canadá y Austria, que en su momento experimentaron una disminución notable del índice de suicidas que se tiraban al metro a partir de que no se publicaran en los periódicos los detalles sobre el método. Otros estudios aluden, por ejemplo, a una oleada de suicidios en Hong Kong por inhalación de monóxido de carbono, y en cuyos detalles reparó la prensa acaso en demasía... contagiosa. No parece descabellado suponer que pueden darse modas sobre los métodos de suicidio y que los medios pueden contribuir a establecerlas. Pero esa redundancia en los métodos no quiere decir, obligatoriamente, que la publicación de las notas periodísticas contribuya al aumento general de los casos.
La exhibición de cualquier conducta humana puede provocar emulación, y no se ve por qué el suicidio debería quedar al margen de los abusos infantiles, la violencia doméstica o el robo con escalo, que participan cada día en el espectáculo de los periódicos. El suicidio es un acto de violencia (aunque por lo general sólo incluya como víctima a uno mismo) y los actos de violencia son habituales en los medios. Pero es que, además, hay algo mucho más importante: la exhibición no sólo provoca emulación; también protección. Una comunidad que conoce sus peligros se defenderá mucho mejor de ellos. Si es verdad que el suicidio, y especialmente el juvenil, se vislumbra como uno de los males del siglo, parece lógico empezar a tomar conciencia de ello. Los periódicos son ideales para este trabajo. No hace falta decir que los buenos periódicos: porque entonces sería justo añadir, y los buenos psiquiatras y los buenos novelistas. Esa toma de conciencia colectiva se realiza tan sólo, en nuestros periódicos, cuando el suicida es un personaje conocido, o al menos lleva prendido su fulgor, como en el caso de la hermana de la Princesa Letizia. Lo que en realidad no sirve ni para la conciencia ni para lo colectivo. En una de las más deliciosas pruebas de su hipocresía, el periodismo persignado, que se niega a publicar, por temor a la emulación, que un joven cualquiera se tiró al metro, no vacila a la hora de hacerlo con un personaje público. Aun sabiendo que la emulación crece exponencialmente cuando es un personaje público el que ofrece un modelo de conducta, el periodismo se encoge de hombros y se aferra a su poderosa ley de la noticia. Yo la conozco muy bien, esa ley, y hasta la respeto: lo que me jode son las pamplinas de la trampa. No se debe decir que no se publican noticias de suicidios porque favorecen la emulación. Lo que se debe decir es que no se publica la muerte de un don nadie por más suicida que sea. Si piensas esto hasta el fondo, puede que te lleves alguna sorpresa. Porque, en realidad, muchas de las noticias violentas que se publican en los periódicos tienen un trasfondo que va mucho más allá de la natural curiosidad por lo insólito. El trasfondo es, ya te lo insinuaba antes, la necesidad de protección. Conviene saber que hay una ola de robos en chalés, aunque se trate de chalés de don nadies. Quiero decir que a los don nadies les conviene organizar su protección. Tal vez debiéramos organizar la protección de una enfermedad que causa (así calculan las fuentes de Jambrina) un millón de muertos en el mundo cada año.
Entre los sistemas de protección destaca el propuesto por las asociaciones suicidológicas. Exigen a los medios que traten el suicidio como una enfermedad mental. Ésta sí me parece una exigencia razonable. Durante decenios, y gracias sobre todo a la tendencia psicoanalítica, el suicidio ha estado infectado de literatura. Esa infección contribuye a explicar el mito de la emulación. La literatura ha convertido al suicida en un ser prestigioso y valiente, capaz de dar un puntapié a una vida indigna de vivirse. El periodismo se apuntó desde el primer momento a esta posibilidad. Para el periodismo, las explicaciones estrictamente culturales de la conducta son como el pan que se come: el periodismo puede entrevistar a una madre represora, a la amante autora del despecho; incluso al jefe de personal; pero no puede entrevistar a un gen. Las recomendaciones de los profesionales me parecen, en este punto, adecuadas: también porque el acento sobre la enfermedad permite relativizar a ese otro dios del ripio mediático que es el libre albedrío y su influencia en hacer del suicida un soberano absoluto de su voluntad.
Acabaremos sonriendo con humor negro. El psiquiatra Jambrina me rescata de la sima del tiempo el caso de Iznájar. Lo estudió el doctor Castilla del Pino. El pueblo cordobés tuvo durante una época una tasa de suicidios tres veces superior a la media española. Contagio. El suicidio como cultura, diría un obvio gestor cultural. ¿Asocias Iznájar?
Aún no me explico cómo sus adversarios no lo incluyeron entre los contrargumentos electorales. Un hombre tan reconcentrado, silencioso, con tanta vida interior, catalán de Iznájar.
Sigue con salud.
A.

martes, 20 de febrero de 2007

Malos amigos

Me lo encontré por Avilés con una cámara de fotos y disparando a todo lo que se movía. Lo conozco desde hace tiempo, así que huí de él como de la peste. Lo clasifico como un rebotado de Izquierda Unida, con tendencia a la pesadez y profundamente intransigente. Por suerte o por desgracia, su idea del mundo es muy clara y protesta airadamente y con violencia contra todo aquello no respeta sus esquemas.
-Fernando, tengo una noticia bomba contra el Hospital San Agustín.
-Cuenta.
-Fui a hacerme un tacto anal, por la próstata, ya sabes, y ¡¡me lo quería hacer una chica!!
-¿No era médica?
-Sí, era médica, pero era una chica y quería que me quitase los pantalones.
-Normal, no creo que se hagan muchos tactos anales con la ropa puesta.
-Ya, pero era una mujer.
-¿Así que prefería que un hombre le metiese el dedo por el culo? ¿Por qué no sale del armario de una vez?
-Estás vendido al poder. Eres una imbécil.
Y, desde entonces, aunque no recuerdo su nombre, trato de huir de él. En esta ocasión no tuve suerte y me acorraló.
-Me ha dicho un amigo común que escribes poesía.
-No creo que tengamos amigos comunes.
-¿No tienes nada publicado?
-De momento no, sólo los artículos en el periódico.
-Ni nada gratis, en Internet, para poder leerlo.
-No.
Logré escabullirme y, mientras me reponía comiendo unos churros con chocolate en el Kopbe, me preguntaba qué amigo podía ir difamándome de esa manera por ahí. No por el decir que escribo poesía (no me arrepiento del poemario publicado en Jaén), sino de que no trate de vender mis libros. Ala, todo gratis. ¿Y quién me paga los churros?

lunes, 19 de febrero de 2007

Correspondencias (y 2)

Ocasionalmente leo la bitácora de Arcadi Espada (www.arcadi.espasa.com). En ocasiones su mundo me queda muy lejano, como no soy un seguidor fiel no capto algunas de sus claves que, por otra parte, suelen jugar en la alta política y la gran liga de los media donde uno no milita. Pero eso no evita que en ocasiones capte mi interés o me enseñe fragmentos con una gran fuerza:
“Aquel que tiene derecho a voto en esta legislación se llama ciudadano. La única cualidad exigida para ello (…) es ésta: que uno sea su propio señor (sui iuris) y, por tanto, que tenga alguna propiedad (incluyendo en este concepto toda habilidad, oficio, arte o ciencia) que le mantenga; es decir, que en los casos en que haya de ganarse la vida gracias a los otros lo haga sólo por venta de lo que es suyo.” (Kant, Teoría y Práctica, Alianza 2004)

Espasa, le seré franco: no me gusta que cite… al toro, dándole pico.
—No le entiendo
—Esa frase de Kant se la ha hecho a medida
—Me deja helado.
—Sabe de lo que le hablo. En medio de los puntos suspensivos dice: “aparte de la cualidad natural (no ser niño ni mujer)”.
—Sí, dice eso.—¿Por qué no lo puso?—Era irrelevante para el propósito: esas palabras están demasiado fechadas.
—Y fue su error no considerarlo correctamente.
Why?
—Están fechadas, pero en nuestro tiempo: ya sólo gobiernan niños y mujeres".

domingo, 18 de febrero de 2007

El corazón de las ruinas

Gran parte de la ciudad
en nuestros cuerpos. Lugares dentro de nosotros
atravesados por una vieja luz que todavía se reclina.
Lugares que ya no existen pero que perviven repletos de sensaciones,
como las extremidades de un fantasma.



También la ciudad lleva ruinas en su corazón.
Anhela ser tocada en lugares
que sólo recuerda.


Pocos edificios, pocas vidas
están tan bien construidas
que incluso sus ruinas resulten hermosas.
Extremidades de fantasma.
Anne Michaels
Versión al español de Jaime Priede

sábado, 17 de febrero de 2007

Una cita para el jueves


La cita es el próximo jueves, en Sevilla aunque basta con teclear http://www.pecha-kucha.org/ para poder seguir todo y enterarse de que va. Recibí la información por Patricia Fernández (http://www.flamencocool.com/), natural de Quirós aunque asentada en Sevilla.
Si un japonés te dice pecha-kucha, parece que te comenta algo sobre el ruido de la conversación. O algo parecido. El caso es que ese es el nombre que toman los promotores de esta web para recorrer el mundo en busca de creatividad e ideas. Suena bien. Escogen una ciudad (es la primera vez que aparecen por España), seleccionan a un grupo creadores, investigadores, mentes inquietas de diferentes mundos y les ofrecen unos seis minutos para rellanar con imágenes de su trabajo (cada veinte segundos una, creo recordar) y la correspondiente explicación.
El encuentro parece muy interesante. Yo, que estaré de descanso, me apunto. Os invito a todo. Pago la primera ronda.

viernes, 16 de febrero de 2007

Jueves de Comadres

Abro la puerta de mi piso y sólo me encuentro a la Tila, moviendo el rabo y toda zalamera.
-¡¡Cariño!! ¡¡Cariño!!
Está claro que no hay nadie, nadie más que la Tila, claro. No le puedo contar lo del tipo que se durmió en el Pleno y sus ronquidos. En la cocina me encuentro una nota: "Te dejo la cena hecha, me voy de Comadres. No me esperes despierto. Te quiero, amor".
La cena se supone que era una tortilla de patatas. Escribo supone porque veo un plato con unas migas que me recuerdan la tortilla y la Tila relamiéndose. La saco de paseo y, como tengo hambre, la devuelvo a casa me acerco hasta el Gyros a por un bocadillo.
En el pequeño local de la calle de Galiana tan sólo nos encontramos hombres, hambrientos y viendo la televisión. Comadres, las víctimas silenciosas de Comadres. Allá estamos agarrando los bocadillos y comienzo.
Cuando voy a comenzar la segunda cerveza, aparece un punto todo desesperado. Nos queda mirando a los rodríguez que estamos apoyado en la barra, viendo pasar a las mujeres por la calle y nos cuenta: "Estoy desesperado". Tranquilo, es Comadres, le responde el camarero.
"Me he quedado sin boys, el avión de Madrid se ha suspendido y necesito chicos. Pago bien, ¿alguno se apunta?"
¿Cobramos por adelantado?
Sí, sí; antes de salir al escenario.
¿Podemos llevar máscara?
Sí, sin problema. Tan sólo quiero comprobar antes que el material está bien.
Levanto la mano, pago mi cena y el tipo me indica que pase al baño para un examen rápido. Doy el mínimo y salimos corriendo para la sala de fiestas. No se apuntó ninguno más.
En el vestuario me encuentro con varios tipos ya preparados. Untan su cuerpo con aceite y masajean su miembro viril para que adopte el tamaño necesario.
Rápidamente, me pongo una máscara y busco entre la ropa que queda. Encuentro un tanga, pero me queda pequeño y me salen los huevos por la tela. No tengo tiempo para cambiarme. Salimos al escenario.
"Desde Ipanema, los fantásticos Ronaldiños del sexo y las grandes vergas", grita un presentador mientras un aullido nos revienta los tímpanos. No cabe un alfiler. Veo mujeres que gritan y piden que nos desnudemos. Nos tiran ropa interior. Suena la música y comenzamos a bailar. Estamos descoordinados. Muevo el brazo y le rompo la nariz al enmascarado que tenía a mi izquierda. Disimulamos mientras comienzo a pensar en un plan para salir. Noto una mano en mi pierna y comienzo a subir. Es una señora que lleva sus dedos hacia mi escroto a toda velocidad. La agarro y la subo al escenario. Un nuevo alarido.
A la señora le cae la dentadura, pero no le importa. Comienza a sobar todos los pectorales. Necesitamos aire, meter la barriga dentro nos impide respirar bien. Sigo bailando y, a mi izquierda, veo una cara conocida. No puede ser, mi nena. Tenía que haber quedado en casa. Grita como una loca y escucho su voz: el tanga, que se quite el tanga. Joder, entonces verá el dragón que tengo tatuado y me conocerá.
Busco una salida y, a mi derecha, veo un culo respingón y unos andares que me resultan familiares. También usa máscara.
-Eh, Kirov, compañero, Kirov, ¿eres tú?
-Joder, hasta por el culo me conoces.
-Te cambio de lado, te cambio de lado, que tengo a mi señora aquí.
-Y la mía allá.
Rápidamente cambiamos de zona, movemos la cintura y, en medio de una oleada de señoras hacia el escenario salimos corriendo hacia los camerinos. Nos gritan, se agarran de nuestros pelos, los arrancan, tiran de la máscara. De milagro nos encerramos en el vestuario donde nos encontramos al manager.
-¿Qué tal?
-Perfecto
-¿Podemos marchar?
-No, os quedan tres horas de baile.
Al final, logré llegar a casa sobre las siete de la mañana y meterme en la cama cinco minutos antes de que llegase mi nena. Qué bien me hago el dormido.

jueves, 15 de febrero de 2007

De política y ortografía (metabitácora 3)

Observo que tanto la política como la ortografía (especialmente mis faltas) son dos de los temas que más excitan a los navegantes que amarran en estas islas. Temo esa deriva jiménezlosantista de algunos reclamando mi modesta opinión sobre lo divino y lo humano. ¿Acaso no te gustan los apuntes sobre Tila, amigo Martín? Y me molesta muchísimo las indicaciones sobre mi actividad profesional, principalmente porque esta bitácora nace como afición, muy grata por cierto, en horas de descanso y robando tiempo al sueño o a mi nena, lo cual es suficiente muestra del sacrificio que hago.
Y puesto que lo hago aquí, en mi viejo portátil, que cualquier día cascará, escribiré de lo que quiero, cuando quiero y cómo quiero. Del todo, del todo, no; porque están mis ya famosas faltas de ortografía.
Reconozco sin miedo alguno que me indignaron una serie de comentarios sobre las faltas de ortografía que se cometen en La Voz de Avilés. Me parecieron una falta de respeto a un grupo de profesionales que se deja la piel por su trabajo, que lo hace lo mejor que puede y que, además, se encuentran al margen de esta bitácora salvo la suerte o desgracia de compartir entre cinco y seis horas diarias con quien esto escribe. Por favor, no mezclemos unas cosas con otras. Y más aún con la demagogia porque las faltas de ortografía se pueden rastrear en todos los medios de comunicación escritos: locales, regionales, nacionales, internacionales... Me parecen más grave las manipulaciones o invenciones de historias que, en La Voz de Avilés no se producen.
Desde que empecé con esta bitácora llevo escritas unas 53 entradas. Escribo, paso el corrector, releo, si tengo tiempo, por encima, y doy a publicar. No es el mejor sistema para evitar las faltas, pero en este tiempo sólo se han escapado dos graves, lo suficiente para que la gente las comente. No creo que sea nada escandaloso. Hasta el original de La familia de Pascual Duarte cuenta con faltas ortográficas. Además, existe un votón que pone editar, y, si se escapa una falta, recuperas el texto, escribes botón (espero que os deis cuenta del juego y ésta no entre en la cuenta) y ya está. Es más grave la imbecilidad de algunos, como Corbadín, ya que la genética ejerce demasiada fuerza y no existe botón que la frene.

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