sábado, 16 de enero de 2010

Munilla, Munilla

Respeto y admiro a José Ignacio Munilla, que será un gran obispo en San Sebastián. Sin embargo, hay que reconocer que estuvo desafortunado en la comparación de la falta de valores morales de España con la tragedia de Haití. Fue una torpeza de monseñor, aunque lo suficiente para que todos los que odian a la Iglesia se lanzasen al cuello sobre él. Ya se sabe que en este país o andamos con un cirio delante de los curas en procesión o detrás de ellos tratando de arrearles con él.
En todo esto hay un aspecto que me incomoda como creyente. Las explicaciones de monseñor. Habla de manipulación de los medios y comenta que respondía en un plano teológico y, por ese motivo, se le entiendo mal. Vaya por Dios. En una entrevista en un medio generalista, ahora los periodistas y su audiencia deben saben discernir si el interlocutor habla en un plano teológico, deportivo o metereológico. ¡¡Con lo fácil que es decir: fue un comentario desafortunado, tan sólo quería expresar mi preocupación por la gravedad de la ausencia de valores morales en España!!
En el fondo, lo que uno encuentra detrás de todo esto es uno de los grandes problemas de la Iglesia: la dificultad de los sacerdotes para escuchar a los seglares. Todos oyen muy bien, pero escuchar, escuchar es mucho más difícil. Con frecuencia se suben en su moto y en ella siguen hasta que llega el momento de declarar que sus frases son malinterpretadas. Aprender a escuchar a la sociedad, a los creyentes y a los no creyentes es uno de los grandes retos del clero.

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