miércoles, 16 de abril de 2008

El agua desnuda a Zapatero

El problema del agua de España no es de su existencia, sino de su distribución. Al menos es lo que he leído a Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos que, de eso, saben algo. Lejos de afrontar ese debate trascendental para nuestro país desde una visión nacional, incluso de Estado; llevamos unos años alimentando a las comunidades de vecinos, reclamando que nuestra baldosa sea mejor sin asumir que lo realmente importante somos todos y que los españoles excedentes de agua deben ser solidarios con quienes tienen más problemas.
Lejos de la seriedad con la que se debe abordar esta situación, llevamos demasiado años con nuestras pequeñas fronteras, nuestras batallas pequeñas hasta que llega la sequía y obliga a tomar soluciones urgentes, sin abordar de verdad el problema.
El trasvase del agua a Barcelona evitará que la capital catalana pase sed. Eso está bien, pero, sin llegar a cumplir una semana,
José Luis Rodríguez Zapatero cae en su primer renuncio. En el debate electoral ante Mariano Rajoy aseguró que él no haría trasvases. Y allí está, acordando una inversión que vulnera las inversiones recogidas en el Estatut (así aseguraban ayer en Punto Radio) y demostrando que cuando los problemas reales entran por la puerta, la demagogia salta por la ventana. Ahora queda arreglar la sed de Valencia y Murcia, de la España seca que también tiene derecho al agua.
Si todo esto sirve para el sentido común se recupere para la política, si se alcanza un gran pacto nacional por el agua, habrá servido para algo. 

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