miércoles, 14 de julio de 2010

Intereconomía y los límites de la libertad de expresión

Desde su lanzamiento como un grupo mediático con radio, televisión y periódico, Intereconomía se ha caracterizado por no ser políticamente correcto. Adscrito a las posiciones más conservadoras, han atizado al gobierno por todos los lados posibles. Y, si no los había, los buscaban.
Hasta ahí todo correcto, pues cada uno organiza su casa como quiere. El problema es cuando de las críticas se pasa al insulto, a la burla, a la difamación... Una persona puede salir y gritar una expresión de rabia. Decir: "hijodeputa" porque la constructora que te vendió el piso se niega a arreglarte las grietas del baño o las ventanas que pusieron mal por ahorrarse tres euros no deja de ser una pataleta, una muestra de impotencia que, a lo largo, se convierte en estoicismo. Poco más. O incluso decir que X empresa demuestra escasa profesionalidad porque son incapaces de entregar sus pisos a tiempo o con muchos defectos. Incluso recomendar a la gente desde la experiencia profesional que no compre viviendas de P. Son ejemplos de libertad de expresión que hay que respetar. Igual que cuando aparece un anónimo y dice que esta bitácora es una mierda. O si alguien aconseja que no se lea Archipiélago Avilés. De acuerdo, es la libertad en la que nos movemos.
El problema es cuando se cae deliberadamente en el insulto y en la descalificación, que es lo que viene haciendo Intereconomía en los últimos meses. Y, claro, existe un Código de regulación para las televisiones que incumple. El siguiente paso son las sanciones y, antes del recurso, ya empiezan los lamentos...
Se ataca la libertad de expresión, lloran. Pero no. Sancionar a una televisión por burlarse de un mendigo o ridiculizar a una opción sexual de forma consciente y reiterada no es un ataque a la libertad de expresión, sino marcar el terreno de juego en el que nos movemos.

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