lunes, 7 de junio de 2010

Sonrisas en Budapest


Sólo he estado una vez en mi vida en Budapest. Llegamos por tren y, al marchar, nos prometimos regresar. Su idioma es complicado, enrevesado, pero esa dificultad se supera con una amabilidad como pocas veces he visto.
Ahora, escuchando las noticias sobre la quiebra de Hungría me preguntó que será de ellos, de la limpiadora de los baños del MacCafé, aquel sacristán que lamentaba que no hubiesemos llegado un día antes para ver una exposición de joyas bibliográficas o aquella estudiante de español que nos ayudó a comprar sobres acolchados... Gentes amables, con ilusiones, seguros de sobrevivir y sobrepasar aquellos tiempos difíciles y estos tiempos complicados.
La luz de Budapest es especial, como lo es el Danubio. Espero que no hayan perdido sus sonrisas.

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