lunes, 2 de agosto de 2010

Tiempo de morir, tiempo de vivir

Parroquia de San Antonio de Padua, Oviedo


Vanidad de vanidades. Nuestra sociedad, tan vitalista ella, tan hedonista, tan entregada a la eterna juventud, aún no ha asumido que, en un momento dado, tendremos que cruzar la puerta, empezar a desvelar los misterios que nos aguardan. Vivimos sin pensar en morir y cuando morimos siempre nos lamentamos de no haber vivido lo suficiente.
Pero la muerte está ahí, en cualquier esquina. Sólo Dios sabe si este es mi último apunte, si tendré tiempo a corregir los diaros escritos y a terminar algún libro más. Pero esa certeza, saber que todo se puede acabar en un suspiro no nos libera, sino que nos angustia. Pero, ¿qué angustia cabe si allá donde vamos no llevaremos nada salvo nuestro vacío y nuestros temores, nuestras dudas y nuestras alegrías, nuestros recuerdos y sueños?


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