jueves, 8 de mayo de 2008

La sobrina de Rouco

Es una de las comidillas de estos días. El reportaje fotográfico de la sobrina del cardenal Rouco, conocida en su casa como Magdalena Rouco, en la revista Interviú. Sale ligera de ropa y carga contra su tío, al que califica de hipócrita por no ayudar a su familia y no haber ido al funeral de su padre. Se han montado buenos debates, como este en La Vanguardia.
Todo eso suena a un gran despropósito. Por lo menos, Magdalena cobrará un buen cheque para poner a parir a su tío. Hace meses ya realizó declaraciones similares, pero no careció de eco porque iba vestida, lo que demuestra la hipocresía, no de Rouco, sino de la sociedad que disfruta más ahora viendo la tetas de Magdalena y riéndose de sus comentarios. Gasolina fácil para el atávico anticlericalismo español. Porque aquí, al final, lo que se trata es de atacar a un sacerdote negándole el derecho a la defensa. ¿Por qué no ayudó a su familia? ¿Por qué no fue al funeral de su hermano? Según Magdalena, estaba en Roma para entrevistarse con Juan Pablo II, aunque, finalmente, no pudo verlo. Además de exhibicionista, esa chica demuestra su ignorancia sobre los viajes, como si pudiesen improvisar de un momento para otro, como si en la agenda de su tío figurarse la fecha de la muerte de su hermano.
La Iglesia está hecha por hombres y mujeres. Igual que todas las organizaciones humanas. Y no podemos negar sus defectos y sus pecados, porque son reales. Pueden llegar a ser motivo de expulsión (como recientemente recordó Benedicto XVI en su viaje a EEUU), pero de ahí a cuestionar todo lo que se dice, la defensa de la familia y algunos valores que defiende el grupo en sí es una barbaridad.
Pobre favor se hace a sí misma y a la condición femenina Magdalena Rouco desnudándose para criticar a su tío, para recordarnos que es humano.

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