miércoles, 21 de febrero de 2007

Cómo leer unas obras completas

Me acompaña desde febrero de 2001 y la tilde del cómo me permite darle a esta entrada un aire de duda, de pregunta más acorde a mi forma de ser. No se trata de afirmar como hay que leer unas obras completas, sino preguntar cómo se deben leer. No se trata de un libro como Las palabras del verbo, de unas dimensiones manejables, que se consume en un tiempo razonable. Me enfrento a un poemario de casi mil páginas: Memoria del fuego de Justo Jorge Padrón, poeta canario. Además, de una gran producción, es un escritor irregular. Encuentro poemas luminosos, que te sorprenden por su belleza y claridad y, a continuación, otros mediocres, que no entiendes cómo ha podido seleccionarlos, como no aprovechó esa oportunidad de publicar sus obras completas para cribar y apartar aquello de menor valor.
Cuando empecé la lectura de ese libro decidí interrumpirlo constantemente. Mil páginas seguidas de poesía de un autor se acerca a una tortura malaya. Así que voy interrumpiendo esa lectura con otras y otras. A este paso, supongo que para el 2010 habré terminado esas obras completas, aunque siempre me queda la duda de si éste es el sistema adecuado.

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