sábado, 18 de agosto de 2012

Nespresso y el reciclado





Supongo que mi historia es similar a la de otras muchas personas. Nunca pensé que iba a tener una Nespresso en casa. ¿Con lo que se disfruta moliendo café a las ocho de la mañana? Quita, quita... ¿Cómo saldrá café decente de ahí, sin ver lo que lleva? 
Todas las excusas desaparecieron cuando un buen día, Costilla me regaló una cafetera. Fue un enamoramiento al primer sorbo. A las pocas semanas, ya había reglado la vieja cafetera y el molinillo, para alegría de los vecinos. Y, la cocina, a eso de las ocho de la mañana, seguía con el mágico olor del café recién hecho.
Sin embargo, en ese negocio del Nespresso hay cosas extrañas que no termino de entender. La compra de las cápsulas es relativamente sencilla. Si no puedes ir a la tienda más cercana, en mi caso Oviedo, Internet y el teléfono de facilitan la operación. Todo perfecto. 
Lo que me extraña es el tema del reciclado. Fabricadas en aluminio, existe la posibilidad de reciclarlas, pero debes entregarlas bien en la tienda o en unos pocos puntos muy concretos (en Asturias, por ejemplo, en el Mediamark de Parque Principado. Allí unos dependientes muy amables lo reciben y te aseguran que se encargarán de todo). 
Pero como no siempre acudes a esos sitios, para poder llevar esas cápsulas las vas guardando en casa, en una bolsita en medio de ese kilómetro cuadrado de cosas que vas reciclando: papel, vidrio, envases, orgánica, aceite, textil, electrónico... Después de varios meses, la bolsa pesa un poco y tienes que terminar cargando por ella bien por Parque Principado, bien por la calle Uría  y, cuando la entregas, tan sólo has recibido la sonrisa de una persona (que no es poco) y la satisfacción de contribuir a reducir la huella de carbono en los fabricantes de tu café preferido, que también es importante.
Pero, con todo, siempre se le queda la uno esa incertidumbre por dentro, las ganas de escribir, como escribo: Señores de Nespresso deben premiar más el reciclado.


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