martes, 17 de enero de 2012

El FICX como síntoma

José Luis Cienfuegos
Uno vive con mucha tristeza todo lo que sucede en torno al Festival Internacional de Cine de Gijón (FICX) y más cuando conoce a buena parte de los protagonistas y sólo tiene palabras de elogio hacia todos ellos.

No me inquieta la destitución de José Luis Cienfuegos por sus formas. El mismo Ayuntamiento que lo aupó lo defenestra. Lo que me preocupa es el trasfondo que se ve tras todo ello. Durante la campaña y la precampaña, y aún hoy, las gentes de Foro Asturias se presentaban como un partido diferente a los demás. Por lo visto hasta la fecha, la diferencia se manifiesta en asumir los defectos de todas las formaciones y ninguna de sus virtudes. Tal vez sea reflejo del paisaje que se cobija bajo esas siglas.

Entiendo que un periodo electoral, un partido político no puede manifestar su opinión sobre todo lo que hará. Pero sí es necesario ofrecer algunas ideas sobre los principios de su gestión. Y, que yo sepa, nunca se cuestionó nada sobre el FICX, al contrario que, por ejemplo, la Semana Negra. Ni se habló de cambio de modelo ni nada. Todo indicaba que lo que había continuaría igual.

¿Y qué era lo que había? Un festival austero y que, con un presupuesto modesto, había logrado generar una personalidad propia y ser una referencia en España y,lo que es más importante, una cita obligada para una parte de la sociedad asturiana que, de lo contrario, no veía colmada en su región sus gustos culturales.
Pero ahora llega el gobierno de FAC y lo quita todo de un plumazo. Desde el Ayuntamiento de Gijón se apela a su legitimidad para hacerlo. Nadie la cuestiona, pero que algo sea legítimo no significa que está bien. Y el equipo que viene traerá un modelo diferente, ni mejor ni peor, pero distinto al que existía. Y eso tiene unos grandes riesgos. Que a veces salen bien, como sucedió en Gijón cuando llegó Cienfuegos a la dirección de FICX, y a veces mal, como sucedió en Gijón en etapas anteriores y que dejaron al festival en una cita mortecina. 
Así que, con lo que nos quedamos, es un cambio de orientación que no se anunció sin explicar claramente las causas, por lo que todos suponemos que la decisión se motivó en que lo que había no gustaba ni se comprendía y, además, venía de un gobierno de otro color. 
Todo ello nos revela a un gobierno incapaz de entender lo diferente y rechazando el pasado en un vertiginoso ejercicio de adanismo político, con las lógicas gotas de adanismo político.
O sea, síntomas muy peligrosos y de los que no se libra la oposición, pues el PSOE ya comienza a sacar a relucir las militancias políticas del nuevo equipo: en FAC, por supuesto.




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