miércoles, 12 de octubre de 2011

La TPA como síntoma

La decisión del gobierno de Francisco Álvarez-Cascos de recortar en once millones de euros las transferencias al Ente Público Radio Televisión del Principado de Asturias es un inquietante síntoma de la deriva totalitaria autoritaria que late en el Ejecutivo regional. 
Porque, siendo legítimo, que un gobierno no asuma la creación de un medio de comunicación público, lo que se encuentra en primera lugar es el necesario respeto a las leyes aprobadas por la Junta General del Principado, el parlamento elegido por todos los asturianos. Y, entre esas leyes, la más importante es el Presupuesto autonómico. 
La contabilidad regional recoge las partidas que gestionará el gobierno y también las transferencias que realizará a la red de entes y sociedades públicas existentes, entre ellas RTPA.
En este caso, existe la duda legal sobre si puede recortar unilateralmente esa aportación a un ente público, toda vez que su propia naturaleza legal busca la autonomía en la gestión. En principio, una ley sólo se puede modificar con otra ley, no con una decisión del Ejecutivo. De un plumazo, Cascos fulmina la separación de poderes.
Y, además, sembrando dudas sobre el ahorro real. Suprime ese dinero pero la plantilla sigue intacta, a la que se le pagará por verse las caras y no hacer nada; también los contratos plurianuales, abriendo una nueva vía judicial para aclarar si se debe pagar o no, además de los intereses de demora... Mucho ruido para muy pocas nueces.
Y, además, obviando otro debate que puede ser necesario: si los asturianos queremos o no una televisión pública autonómica. Porque esa cuestión no se debe solventar por un gobierno que no responde a la mayoría de los asturianos (no podemos olvidar que Foro Asturias fue el segundo partido más votado en las elecciones y no dispone de mayoría absoluta), sino en la Junta General del Principado, donde se creó la TPA y donde los representantes de los asturianos deben resolver las cuestiones que nos atañen.
Por eso hablo de un gobierno totalitario  autoritario, que olvida los mecanismos parlamentarios y su funcionamiento para refugiarse en el decreto, en el rodillo.

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