jueves, 4 de noviembre de 2010

El eterno retorno



Regresa uno a su vida laboral después de un par de semanas de descanso. Viaja uno con cierta nostalgia. Algunos dicen que la autopista cansa, pero a mí me alivia el alma. Al llegar a Avilés, me sorprende el tono cobrizo en las hojas de los árboles plantados a lo largo de la autovía. En el primer semáforo, baterías me regala una columna de vapor de agua que se retuerce sobre sí mostrando formas que firmaría Gaudí y combinando el blanco con el azul del cielo. En una cafetería, un abuelo me enseña la ecografía de lo que será su primer nieto.
Parece como si la vida se hubiese puesto de acuerdo para darme regalos en este primer día, para recordar que siempre existen motivos para sonreír y que, lo más importante, se encuentra dentro de uno, en la mirada propia.
Es el eterno retorno. La vida sigue y es hermosa. Habrá que saber disfrutarla.

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