domingo, 11 de abril de 2010

Convención numismática

Era un niño cuando en mi casa me animaron a coleccionar algo. Craso error, pues no sabían que despertaban en uno un espíritu de urraca al que cierta parte de mis genes predisponían. En esos momentos desconocía la existencia del mundo de los marcapáginas, cosas de la infancia. Las opciones eran limitadas: llaveros (hasta la adolescencia conseguí unos cuantos centenares, hasta que mi madre se hartó de verlos colgados en tableros por la habitación), sellos o monedas. No sé el motivo, el caso es que uno terminó en el mundo de la numismática.
Todo esto viene para explicar que ayer acudí a la Convención Numismática que organiza la Sociedad Numismática Avilesina, que preside Claudio López Arias. Y también abro la puerta para soltar otros rollos similares en el futuro, incluso mis infidelidades filatélicas, aunque no pasan de ser roces discretos.
La Convención se celebró en el Hotel Silken Villa de Avilés, sede en los últimos años. Al ser la primera del ejercicio, los socios aprovechamos para ponernos al día en nuestras cuotas. Uno también adquirió un par de piezas diferentes para su colección.


La primera que compré es la versión en cobre (hay otra en plata) de una medalla acuñada por Sociedad Numismática con motivo de sus bodas de plata. En el anverso se ve a San Eloy, patrono de los joyeros y de los numismáticos. Este reconocimiento aún no es oficial en el ámbito eclesiástico, si bien Claudio López Arias lleva años trabajando para lograr el edicto oficial de El Vaticano. La pieza me costó doce euros.



La segunda pieza es un dracma indo escita, que reinó en lo que hoy es el actual Afganistán. La moneda griega (dracma) es herencia de la presencia de Alejandro Magno, que conquistó esas tierras. Esta pieza corresponde al rey Azes I (57-37, antes de Cristo), que figura en el anverso montado sobre un caballo y con un látigo. En el reverso se ve una deidad, posibleme Shiva. Compré la pieza por 14 euros. En la Convención también había piezas de Azes II (35-12, antes de Cristo).
En algunas monedas de Azes II se pude ver sobre el caballo del Rey una especie de estrella, lo que animó la tradición de que se trataba de uno de los Reyes Magos que acudieron a Belén, aunque sobre esto no existe ningún dato histórico que lo confirme.

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