lunes, 1 de febrero de 2010

¡Heil Catalonia!

Los cines de Cataluña cerrarán hoy en huelga para protestar por la nueva normativa que impone una cuota de proyección de películas dobladas en catalán. Sus estimaciones es que la broma les puede hacer perder varios millones de espectadores, o sea, acercarles a la ruina. Un asunto, como se ve, grave.
La protesta cuestiona, por una parte, esa realidad lingüística que el nacionalismo intenta dibujar: en Cataluña se habla catalán y el castellano es una lengua impuesta por el Imperio castellano. Una ilusión romántica, que se mantiene con el dinero público pero que, cuando toca el bolso del común de los mortales, choca con la realidad. La única imposición ha sido la del nacionalismo ya que en Cataluña, tierra abonada al consenso y eso que llaman el seny, siempre han coexistido ambos idiomas, resolviendo los conflictos con sentido común e inteligencia.
Mientras tanto, la clase política dibuja un perfil reaccionario e intolerante, amante de las ordenes y que multa al que escribe en castellano. Espejo vivo de una represión franquista. No sé lo que habrán hecho los catalanes para padecer semejante gobierno. Los compadezco.

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