sábado, 27 de febrero de 2010

Haciendo el amor con mi señora



Fue un día complicado. El puto ordenador no daba más que malas noticias. Comencé apostando por Telecinco y las acciones bajaron; confirmé mis pérdidas con esos soplos que me aconsejaban refugiarme en algún valor fuera del Ibex. Ni la banca me dio respiro. Otro día más de pérdidas. El asunto estaba complicado. Ya veía mi nombre en la próxima lista de despidos.
La única alegría era llegar a casa, el refugio del guerrero. Desde la carretera ya veía el piso, sus luces encendidas. E imaginé a mi señora, caminando por casa, en camisión, esperando. Me excité mucho, muchísmo. Dejé el coche en el garaje y salí corriendo. Subí corriendo las escaleras de dos en dos, de tres en tres. Sudaba deseo. Entré en casa. Oí que hablaba desde el dormitorio. "Buenas noches, cariño, ya he visto las noticias, menudo día más malo, ¿no?" "No me cuentes, no me cuentes" Fui al salón y encendí el cd. Toqué el play. Joe Cocker, agarré el mando a distancia del equipo de sonido. Subí hasta la habitación. Allí estaba ella, tumbada en la cama, con sus gafas de leer, mordiendo un lápiz. Tan hermosa, tan hermosa... Subí el volumen y comencé a desabrocharme la corbata. Sonrío. Seguí bailando, moviendo la pelvis, desnudándome lentamente... Hasta que tocaron a la puerta. Una vez, dos veces, tres veces. Ella miró el reloj: "Es la una de la mañana, baja la música". Le pasé el mando para seguir bailando y desnudándome.
Me acerqué a ella y comencé a besarle los pies, las piernas, a acariciarla, a desnudarla hasta que... Tocaron a la ventana. "Es el viento" Siguieron tocando. "Es un pájaro". Volvieron a picar, con insistencia. "Qué cojones será si estamos en un dupléx de un décimo piso". Siguieron tocando.
Me levanté y subí la persiana. Agarrado a la ventana con las dos manos encontré a un tipo que llevaba un papel entre los dientes. Golpeaba la ventana con la pierna. Miré a mi mujer que se tapaba con la sábana y me decía que ella no sabía nada, que era la primera sorprendida. Abrí la ventana y agarré el papel.
"Es la tasa de la SGAE por uso de música en espéctaculos privados, cinco euros por espectador o espectadora. Admito tarjetas de créditos. ¿Me deja entrar? Estoy un poco incómodo".

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