lunes, 15 de febrero de 2010

El Descenso de Galiana, edición 2010

El Descenso de Galiana es una fiesta muy querida para todos los avilesinos. En plan cursi se puede decir que es un acontecimiento intergeneracional, pues se ve a gente de todas las edades, aunque los adolescentes y jóvenes son los que más disfrutan en medio del chorro de espuma y diversión que se monta en Avilés todos los Sábados de Carnaval desde hace 23 años.
Para los isleños que no conocen Avilés, les explicará que Galiana es una de las calles más hermosas del centro histórico de Avilés, una calle en cuesta que une la plaza de El Carbayedo con la plaza del Ayuntamiento. Desde finales de los 70 y buena parte de los 80, fue el centro de diversión nocturna de la ciudad. Cuando se recuperó el Carnaval (o Antroxu, en asturiano) hace algo más de treinta años, el Ayuntamiento decidió crear la figura del Rey del Goxu y la Faba que, en cada edición, se encarga de mandar en la ciudad. Cada año cambio y, entre sus poderes, se encuentra la capacidad de incorporar nuevos eventos al programa de las fiestas. Algunas veces se consolidan y otras no. En 1987, Ixuxú fue el Rey de la Goxu y se le ocurrió la idea de montar un Ascenso y Descenso de Galiana. La idea era que la gente crease su artilugio, subir y bajarlo. El éxito fue total y fue creciendo hasta convertirse en una de las banderas del Antroxu y casi de la ciudad. El Sporting de Gijón puede desaparecer, pueden vender el Museo de Bellas Artes y parar la ampliación de El Musel. Pero que no nos toquen el Descenso.
Después de todo esto, aquí van unas fotos que hice este sábado con mi móvil. Me tocó ir a trabajar y, aunque no llevaba bocadillo de Nocilla, disfruté de lo lindo. No todo a va a ser sudar.



Estamos en el tramo superior de Galiana, al lado de la entrada del parque de Ferrera. A unos pocos metros de la salida. Un ventilador esparce espuma y todo el mundo se lanza a mojarse y a pasarlo bien. ¡¡El Descenso está en marcha!!


La Casona de los Arias, la sede los Servicios Sociales del Ayuntamiento, es otro de los puntos neurálgicos. Nunca falta el ventilador y la manguera. Como se ve, la espuma circula de forma abundante por la calle. El traje de agua es el vestido oficial para todos los adolescentes que bajan por la calle. Acompañan a los artilugios.



Sí, bajan artilugios, pero no se trata de un desfile de carrozas como en Pascua. Los disfraces te pueden impedir ver el bosque... Estamos en el inicio de la plaza de Álvarez Acebal, donde ya comienza a sumarse espectadores.


Aunque ver el Descenso significa participar en él. Seguimos en la plaza de Álvarez Acebal, a unos pocos metros de donde hicé la foto anterior. La espuma no entiende de límites y llena todo. Estar es participar, mojarse... Así que mejor ir preparado. El chaval de la foto tenía sus miedos, pero al final pasó por la espuma. Como un servidor.


Está la dejo en plan photoArt. Estamos en la plaza de España y cruzo la calle de La Cámara. Delante mí, un artilugio. En todo lo que llevamos de Descenso, aún no ha salido ninguno. Son importantes, aunque lo fundamental es la diversión.



Aquí está al que intenté fotografiar antes, comenzando la calle de La Cámara, el tramo final del descenso, una zona de aguas más tranquilas. Las aspas del molino se giraban, que conste. Si os fijaís en la foto, el sábado hacía mucho, mucho frío...




Aquí está la plaza de España. Espuma, gente pasándolo bien y esperando la bajada de artilugios. Está claro que la fiesta te gusta o no te gusta, pero no te deja indiferente.

Y, para terminar, un homenaje a un paisano, de los que aún queda en Avilés. Aquí está, retando al frío con sus canillas al aire. Si es que aún quedan hombres de verdad:



¡¡Hasta otro año!!

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