jueves, 1 de octubre de 2009

Los peligros del relativismo moral

Ya sé que me repito como una bobina, pero es que el relativismo moral es un campo minado para la decencia y la honradez. Y no me cansaré de repetirlo. Miren, si no, lo que sucedió ayer en el debate sobre el Estado de la Región en Valencia. Francisco Camps, ese presidente del PP que miente cuando afirma que se compra sus trajes, defiende a su gente de las graves acusaciones que se les hacen, esa sospecha de corrupción que amenaza con extenderse como una gangrena. Y, entre sus argumentos, recurre a la fuerza de los votos: si convocamos elecciones, volveríamos a ganar y por más amplia mayoría.
Pero no, señor Camps, no es así. Eso es relativismo moral. Es decir, dejar el bien o el mal en la opinión de la gente, de la mayoría. Y lo que está bien, está bien. Y lo que está mal está mal, aunque a mucha gente le parezca mal. La corrupción está mal, por muchos votos que usted tenga. Un partido, por ejemplo el suyo, señor Camps, puede ser el más voto, pero eso sólo le habilita para gobernar, para desarrollar su programa electoral. No para cometer delitos, porque eso nos llevaría directamente a la tiranía.

LinkWithin

Related Posts with Thumbnails