sábado, 11 de julio de 2009

La cruz del verano

El verano es cruel con las bitácoras. Cuesta más que nunca sentarse a escribir, desciende el número de lectores, las actualizaciones son menos frecuentes... Es curioso es de los lectores. Cuando uno comienza a escribir levanta la bandera de la libertad, de crear sólo lo le dicte su talento, inspiración y trabajo. Pero a medida que pasa el tiempo y descubres aparatos como los marcadores, que te indican el número de páginas leídas comienzas a sentir curiosidad: ¿cuantos me habrán leído? ¿Gustará este tema? Y, así, esa sombra, se convierte en un invitado obligado hasta que llega el verano y comienza a descender la cifra respecto a los meses de invierno, de lluvia y refugio en casa. El único consuelo es la comparativa interanual y, al tiempo, el reto de escribir algo que guste a la gente.
Y, mientras tanto, el sol invita a marchar a la playa mientras se apagan los ecos de la Semana Negra, a unos diez minutos de mi Archipiélago.

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