martes, 5 de mayo de 2009

Trapisonda, tarascanda

Leer a nuestros clásicos, incluso a los clásicos más o menos contemporáneos ofrece placeres como encontrar palabras que son como gemas, diamantes olvidados en nuestro lenguaje y que, cuando la encuentras, te das cuenta de ese tesoro que no puede morir. Así, en Azorín, Parlamentarismo español (Editorial Calleja, Madrid, 1916) descubro: trapisonda y tarascanda.
¿En verdad no son hermosas? Merecen la conservación.
De tarascanda, no encontré ninguna referencia.
Fuente: www.rae.es

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