miércoles, 29 de abril de 2009

Barquillos Pelayo

No sólo por ser algo tan avilesino como la Foquina o las tapas de longaniza en la Tataguya.
No sólo por formar parte del territorio de la infancia donde, según algunos, habitan los poetas y los sueños.
Existen razones más importantes para comprar barquillos a Pelayo. Ahora mismo se me ocurren tres de peso.
La primera, su sabor. Están riquísimos. Ese milhojas de pasta frita con miel me encanta. Es uno de esos sabores que te recuerdan la infancia, como las nubes de algodón. Sólo espero que los restauradores avilesinos la incorporen a sus creaciones en los postres, o bien acompañando una carne... Hummmmmmmmmmmm
La segunda es el precio. Por cincuenta céntimos, se compra uno y se queda tan pancho, resuelve el apurón del mediodía o una merienda rápida apelando a las costumbres autóctonas, apoyando a las empresas locales.
Y la tercera es porque siempre presta ser atendido por una persona que te recibe con una sonrisa en la boca, que te deja probar la rueda de la fortuna y se despide sonriendo.
Así da gusto.

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