sábado, 28 de marzo de 2009

La vida es hermosa

El pasado martes se murió mi madre. Os agradezco a todos los comentarios de apoyo y las muestras de cariño, laicas y religiosas. En esos momentos es agradable saberse querido y, sobre todo, saberse querido por la persona que se fue.

Son días duros, en los que uno optaría por refugiarse en la cama, por pasar el día dormido y aislado, preguntándose por los motivos de todo esto. Pero las causas están en la propia vida. Y más que preguntar a Dios por qué, sabiendo que algún conoceré la Verdad como ella la conoce ahora, intuyo, siento, que lo que debo hacer es dar las gracias a Dios por la madre que he tenido, por los valores enseñados, por las semillas sembradas. La vida es hermosa porque en ella tuve esa madre, esa madre que ya no está entre nosotros, sino que habita en el Cielo y, desde allí, nos observa y cuida. Ahora leerá el Archipiélago y, a buen seguro, me hará llegar sus comentarios. No serán sus palabras, tal vez en la sonrisa de un niño, en una intuición. Ella seguirá con nosotros porque el amor no puede morir.

La vida sigue y no me detendré porque, hacerlo, sería condenarla a una nueva muerte, a una muerte más cruel. Las dificultades son ciertas, están ahí, estuvieron y desaparecerán, como el dolor y la aridez espiritual.

Gracias, Dios por mi madre.

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