lunes, 2 de febrero de 2009

Gaspar García Laviana

Andan este año recuperando la figura de Gaspar García Laviana, el sacerdote asturiano que murió como guerrillero luchando contra la dictadura de Somoza en Nicaragua. Un documental de la TPA y un foro de sacerdotes en Asturias alimentan el interés por su figura.
Acercarse a él es un ejercicio ciertamente interesante para todos los católicos. García Laviana vivió la radicalidad del Evangelio hasta el punto de colgar los hábitos y convertirse en guerrillero. Somoza representa, sin duda, uno de los rotros de la infamia a la que es tan dada nuestra humanidad. Convirtió a Nicaragua en su finca particular, alimento la corrupción y la maldad. No cabe duda de ello. Sin embargo, ¿un cristiano debe levantarse en armas contra la opresión, contra la injusticia?
En ese punto, la figura de García Laviana es víctima de su humanidad, por querer ser justo se convierte en injusto, pierde su estatura moral. En ese sentido, prefiero la figura de Monseñor Óscar Romero, un Tomás Becket contemporáneo, martirizado en el altar por su denuncia del mal gobierno, de su corrupción y violencia. En Romero encuentro el itinerario de un santo, como el de Joseph Midszenty, arzobispo de Budapest, perseguido por nazis y comunistas. Laviana, sin embargo, nos ofrece las limitaciones de nuestra humanidad. Las contradicciones propias de quien, por ejemplo, se avergüenza de Occidente pero es incapaz de ir a misiones en el Tercer Mundo.

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