miércoles, 5 de noviembre de 2008

¿Y ahora qué?



Sí, ganó Obama. Los que apostábamos por McCain, aunque sólo fuese por eso de que vale más malo conocido, nos queda el consuelo que la victoria fue más ajustada de lo que parecía y que, en algunos momentos, Florida estuvo a punto de dejar en agua de borrajas el sueño americano.
En fins, ahora tocará resistir el rollito progre-me-mola-obama y las sandeces que nos llegarán. Así, seguro, seguro, hablarán del uso de las nuevas tecnologías por el futuro presidente, aunque no ha hecho más que copiar lo que hizo Howard Dean (sí, ese me gustaba más que Bill Clinton y era progre) en su momento.
Debemos reconocer a Barack Obama sus brillantes discursos propios de la tradición estadounidense de cultivar la oratoria y el mérito de levantar la moral a la nación después de ocho años de presidencia de George Bush hijo, por cierto al que ellos eligieron, así que, con el pecado, va la penitencia. Su campaña no aclaró nada de lo que hará. Lamentó la invasión de Iraq, pero espero que no se le ocurra marchar corriendo, con el trabajo a medio terminar porque lo pagaríamos todos. No recuerdo nada brillante suyo sobre la crisis financiera, sólo más proteccionismo para la economía americana, lo que, en el fondo, nos perjudica a los europeos.
América ha decidido en una lección de democracia por los niveles de participación. Han vuelto a demostrar que son un gran país y que, en los próximos cuatro años, recuperarán su moral como nación. Aunque uno no a nada de este presidente, con lo que se evita decepciones. Y, a poco que haga, incluso me puedo llevar una gran alegría.
Suerte, Barack, seguro que la vas a necesitar.

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