jueves, 20 de noviembre de 2008

Soy un sexista

Soy sexista, mi lenguaje es sexista y, posiblemente, soy un machista. Es la conclusión a la que llego después de haberme pasado, y pasear al Archipiélago, por la web de la Fundación CTIC. Hace unos días, en la radio escuché una información sobre la presentación de una web para detectar lenguaje sexista en la web. En la bitácora Nubes Negras, Ana Concejo lo explicó muy bien en una entrada. Así que, movido por la curiosidad, me acerqué hasta t-incluye. En ese sitio, vi la herramienta anunciada y decidí cribar al Archipiélago. El resultado: 28 "sintagmas sospechosos". Porque, claro, en alguno ocultaba a las mujeres por decir hombres, y hombres y mujeres. Pero, qué hago con los candidatos al San Pancracio cuando tengo dos hombres y una mujer, aunque sea Pilar Urbano. Ya, ya, escribir los candidatos y la candidata. Opción que, entre las alternativas que ofrece, no aparecía.
Otros "sintagmas sospechos" (es el título para un cuento, estoy seguro) alertaban de mi lenguaje sexista al hablar del presidente electo de Estados Unidos, me aconsejaba poner el presidente o la presidenta, tal vez por si Michelle manda más de lo que parece. O dudan de la virilidad de Barack Obama. Al hablar de mi amigo que me aconsejó una web, me recomiendan que cite amigo o amiga (llevando a ese buen varón a la confusión sexual) o hable de amante (con lo que la confusión sexual sería mutua, además de las consabidas explicaciones en casa).
Llegado ese punto y al comprobar que existía un analizador de textos escribí el siguiente párrafo, cuyo contenido no comparto:
Los hombres y mujeres no son iguales, por ese motivo, las mujeres deben someterse a la discriminación positiva o negativa. Las mujeres y los hombres no deben acceder en igualdad de condiciones a los puestos de trabajo, ya que el lugar natural de las mujeres es la cocina, con la pata, o el pato, quebrados.

El resultado de la evolución fue: sin sintagmas sospechosos. O sea, que es un buen ejemplo de un texto sin lenguaje sexista. A continuación, escribí el siguiente:

Los hombres son diferentes a las mujeres, diferencias físicas que se encuentran en procesos fisiológicos como la menstruación, que ellas tienen, incluso sufren, y ellos no. Esa diferencia biológica, por ende natural, no justifica discriminaciones sociales o legales. La sociedad debe avanzar hacia una situación donde el hecho de ser mujer no represente una rémora a su crecimiento personal.


Donde aparece un sintagma sospechoso, alerta sexista.
Después de la risa, todo esto me da mucha pena porque se ha utilizado dinero público para nada. Los alemanes ya superaron en su postguerra el debate sobre la desnazificación del lenguaje, que también nos explicó Manuel Casado en la Facultad. Umberto Eco dedicó todo El nombre de la rosa a ese debate para concluir:
Stat rosa pristina nomime, nomina nuda tenemus . Algo que aquí, muchos, y muchas, aún no han asumido.

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