sábado, 22 de noviembre de 2008

Retorno a Avilés

Comenzar al trabajo no sólo significa bloguear menos de lo que a uno le gustaría, no tener tiempo para escribir, congelar definitivamente la tesis y arañar minutos a las horas para tener un poco de oración. Retornar a la rutina diaria de los 120 kilómetros por la autopista, ruedas de prensa y conversaciones telefónicas (una muy buena, una gabinetera me pregunta si me puede preguntar lo que voy a publicar al día siguiente sobre su empresa, le respondo que sí, que yo no soy quién para decir qué se puede preguntar o no. ¿Y qué vas a publicar? No te lo digo, lo sabrás mañana, prometo que fue verdad) no sólo supone tener menos tiempo para pasear a Tila, sobrevivir a la jungla de Gijón y casi no abrazar a Costilla.
Además de todo eso, que no es poco, las obligaciones diarias suponen volver a descubrir un Avilés donde es imposible conducir, donde el centro se encuentra totalmente levantado a menos de la temporada grande de ventas para el comercio (eso sí es un proyecto de ciudad, programar las obras para hacerlas cuando es más complejo por el tiempo y molesta más a los empresarios y a los ciudadanos) y comprobar cómo el gobierno municipal sigue igual o peor que antes de irse uno de vacaciones (uso ese momento sólo como referencia temporal): el PSOE autista con el Niemeyer, IU esquizofrénica, ASIA tratando de quedar bien con todo el mundo y el PP desaparecido en combate.
Avilés, Avilés, qué bonita es, Avilés...

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