sábado, 18 de octubre de 2008

El dedo en la llaga

He leído con mucho interés la nota de la Conferencia Episcopal sobre Javier, el niño cuyo cordón umbilical podría sanar a su hermano enfermo. La podéis consultar aquí. Desde el respeto a la familia, que dejan claro desde el principio, la Conferencia no duda en entrar en un tema complicado, límite y, por tanto polémico. Su actitud es clara: la defensa del embrión como ser humano, aunque creo que olvidan un elemento importante: la existencia de un embrión no presupone al ser humano. Una vez que, de forma natural, el espermatozoide fecunda al óvulo, el embrión puede no iniciar su desarrollo en la mujer. Incluso comenzándolo, puede interrumpirse de forma natural.
O sea, un supuesto (todos los embriones serán niños) que no se da en la naturaleza. La intervención científica evita una enfermedad, no todas, y, es cierto, deshecha a los demás embriones o los congela. Tampoco asegura la curación del enfermo.
Aquí es donde la Conferencia pone el dedo en la llaga y lanza una pregunta para la que uno, por lo menos, no tiene respuesta: ¿hasta donde podemos llegar en la curación de las enfermedades? ¿Podemos caer la falta de respeto a la vida humana justificando si así sanos a una persona? ¿Qué podemos pagar moralmente por una vida?
Son temas complejos, donde uno confiesa su imposibilidad para ofrecer una respuesta clara y rotunda. Tan sólo tengo el convencimiento de que es un debate para toda la sociedad y que se debe abordar con la menor pasión y la máxima razón posible.

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