martes, 2 de septiembre de 2008

Reorganización de gobierno, una lectura

Tres meses, tres, se ha tomado Pilar Varela para reorganizar el gobierno municipal después de la espantá de Aída Rodríguez hacia el Brasil y la cooperación internacional, lejos de las intrigas palaciegas y los navajeos político-funcionariales. Casi parece que la regidora se ha entregado con pasión a la lectura de Lampedusa para que todo cambie sin que nada se altere, con las mismas estatuas siguiendo la liturgia como reflejó perfectamente Visconti. UGT mantiene a su liberada en el equipo de gobierno, pero Varela le quita algunas competencias como un castigo, un tirón de orejas para indicarles que esas cosas, esas dimisiones, no se hacen salvo indicación expresa de la superioridad. Y, de paso, aprovecha para compensar a Teófilo Rodríguez y alegrarle la vida en medio de tanta lucha sindical. También le empaqueta algo más de trabajo a Ana Hevia, pues no todo en esta vida van a ser fiestas.
Yolanda Alonso llega a la concejalía de Bienestar Social con la ventaja de que parte de las materias (la política de empleo) le son conocidas por su trabajo profesional, no tendrá nada que aprender. Y sí demostrar su valía política porque, hasta ahora, su actividad en Sanidad ha sido vacía. Algo normal en un campo donde las competencias municipales son más bien escasas. Le recuerdo una entrevista en La Nueva España presumiendo de los centros de salud que haría el Principado y un silencio aterrador en plena crisis de Primaria. No es mucho bagaje y no es bueno.
Dos nombres son los ganadores de esta remodelación: Alfredo Iñarrea, que se quita el lastre de una portavocía que nunca buscó y nunca le gustó, y Ana Concejo, que, a base de horas de trabajo y trabajo, ve reconocida su valía. Iñarrea se dedicará enteramente a la gestión urbanística, donde lo hará bien. Es una labor oscura, pero donde disfruta. Concejo también disfruta como portavoz, es una killer, rápida de reflejos y que nos brindará brillantes momentos en el Pleno.
Todo esto genera un perdedor: Luis Ramón Fernández Huerga, que asume Disciplina y Licencias Urbanísticas. Se convierte en el concejal con las áreas más ingratas, menos vistosas y que más trabajo generan. Le avala el buen trabajo que ha hecho, pero casi podría ser el Concejal de Cabreos Ciudadanos por todo lo que le viene encima. Después de este mandato, se merecería un destino más agradable. Además, lo único que tenía para lucirse, Medio Ambiente, pasa al nuevo edil, Juan Domínguez, una cartera que le permitirá aprender desde dentro el funcionamiento de la casa.
Y en todo este baile, le cae la portavocía adjunta a Román Antonio Álvarez, capacitado de sobra para esa labor aunque no logrará quitar la titularidad a Ana Concejo.

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(Nota del 3 de septiembre) No soy partidario de corregir los apuntes que escribo en la bitácora porque considero, con más o menos fortuna, que uno de los encantos de este medio es la inmediatez, una cocina rápida, no un lugar para complejas elaboraciones. Y, cuando me equivoco, lo que sucede con frecuencia, que quede constancia del yerro, pues uno es humano.
Manteniendo ese criterio, quiero realizar una aclaración sobre esta entrada, ya que algunos comentarios de las últimas horas me hacen ver que fallé estrepitosamente en una cuestión de estilo. Cuando escribo "castigo" al hablar de la nueva asignación a Huerga, lo hago en un tono irónico que, por lo que me dicen algunas personas, no se aprecia. Y, aunque el texto siga igual, con esta aclaración, por lo menos, se podrá modular la interpretación.

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