sábado, 14 de junio de 2008

Victorias y derrotas

Todo Gijón vive una especie de catarsis colectiva en la víspera del partido de mañana. Después de diez años, el Sporting se encuentra a punto de regresar a la Primera División. Decir, como afirmo yo, que eso del ascenso me la suda resulta poco menos que un delito de lesa traición. Ya es una cuestión asturiana, nacional y casi más importante que el rechazado irlandés al tratado de Lisboa. Ah, ¿pero hubo alguna vez un tratado de Lisboa? Hasta recurren a las matemáticas en un intento de consagrar un destino que, según sus cálculos, sólo puede fallar en 3 de las 37 combinaciones posibles de los resultados. De salirse Murphy con la suya, se escribirá sobre el molinónzazo del Eibar.
Todo ese espíritu de la victoria sorprende a uno, acostumbrado más bien a cierto aire derrotista y decadentista de la derrota que se vive en Avilés. Tal vez ahí se encuentre la clave de la diferencia sustancial entre Avilés y Gijón. Siendo Avilés mucho mejor que Gijón como ciudad, el espíritu avilesino vive más bien en una derrota, en el sufrimiento de la reconversión, en la duda sistemática de las promesas y esperando un maná que nos reconduzca a un pasado esplendoroso y que sólo conocemos por versiones más o menos mitificadas. En cambio, estos gijoneses saben lo que es sudar, arrastrase por el polvo y arrimar hombro con hombro, saben disfrutar de la victoria y de sus sueños, saben que si gana la Real Sociedad y pierde el Sporting, el año que viene volverán a intentarlo. Saben construir sus sueños y luchar por ellos.

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