lunes, 30 de junio de 2008

El primer año del pilavalerismo

Con el amargo sabor de la sentencia judicial que concede impunidad a la mentira y la difamación, arrancan unas líneas para analizar el primer año de gestión del gobierno municipal. Mi primera impresión es que se han sumado dos elementos que les pueden resultar letales, en términos electorales. El efecto Niemeyer ha desbordado al equipo de gobierno, que se pasan más tiempo hablando de un centro donde el Ayuntamiento es poco menos que un convidado de piedra a pesar de sus efectos positivos en la ciudad. La luz que proyecta les ha cegado hasta el punto que en cualquier conversación en la calle se suele rematar con un "estos sólo piensan en el Niemeyer". Ya flota en el ambiente esa idea, de un gobierno que se olvida de la ciudad y de los problemas de la gente para pensar en el complejo cultural.
Y, mientras tanto, la gestión del Ayuntamiento sin conocerse. En parte, porque el pilivalerismo empieza a pagar la factura de dejar la comunicación en manos de un inútil cuyo mayor logro hasta la fecha es haber dejado en buen lugar a su antecesora en el cargo. En otra parte porque existe una gestión que no se entiende. Por ejemplo, se ficha a un director general pero la alcaldesa sigue atrapada en la red burocrática del Ayuntamiento, sin explotar sus bazas como el gancho que tiene con la gente.
En este año, hay concejalías que han cumplido bien con su trabajo, incluso muy bien. Luis Ramón Fernández Huerga está entre los mejores y la puesta en marcha del plan de control de accesos o los premios a la limpieza de la ciudad lo demuestran. Aunque, de nuevo, la insuficiente política de comunicación hace que no llegue a la ciudad. Otras concejalías se encuentran desaparecidas en combate (¿qué fue de Yolanda Alonso en plena crisis de Atención Primaria, ella que presumía de los Centros de Salud que se iban a abrir) y algunas, las menos (sólo Marquínez e Iñarrea) se entregan a un trabajo oscuro y callado que dará sus frutos a medio y largo plazo. Que el Pabellón de Exposiciones de La Magdalena se encuentre listo para agosto dentro del calendario previsto se debe, entre otros méritos, a las muchas horas de trabajo de Marquínez.
Un espacio destacado se merece la primera crisis del gobierno. La responsable de un área importante del gobierno se marcha al recibir una interesante oferta de trabajo y quemada por el puenteo al que la sometía la propia alcaldesa. Una crisis de gobierno sin cerrar dos semanas después de que Aida Rodríguez dimitiese y seis meses después de que avisase de sus intenciones si no se producía un cambio. Unos plazos que demuestran una increíble sangre fría de Pilar Varela, un pasotismo alucinante o bien que esas políticas no son tan importantes para ellos como dicen. También puede ser un problema de falta de competencia e incapacidad para gestionar la crisis, que todo puede ser.
Con todo esto, uno daría un aprobado raspado al gobierno en su primer año, por no ser malo, pero con tendencia al suspenso.
La misma nota que le concede a los dos ediles de IU. Rañón perdido en su doble papel de concejal de la Nada y opositor a su gobierno local y al autonómico y la discreta concejala de Bienestar Social que paga en sus carnes la incompetencia comunicativa del gobierno.
No mucho más apuntaría al Partido Popular. Se cepillaron al portavoz a la primera de cambio y tratan de modificar su discurso con la incertidumbre que provoca no saber quién será el candidato en el próximo mandato. Tienen el reto de rehabilitar su casa antes de gobernar la de todos.
En este escenario, los únicos que logran buena nota son los chicos de ASIA. Y no porque me gusten, que siguen sin gustarme nada, pero debo reconocer que están cumpliendo lo que prometieron en política. Esa dosis de populismo pactista que les le lleva a devorar periódicos y mantenerse a la expectativa, para terror del Partido Popular.
Esperemos que todo esto mejore, aunque tiene visos de empeorar.

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