lunes, 16 de junio de 2008

Dónde estabas entonces...

Rondaban las dos de la mañana y la fiesta gijonesa estaba comenzando. Nadie recuerda una catarsis colectiva por un ascenso. Los gritos de hoy son los silbidos de mañana. Vivo la fiesta desde la lejanía, tan sólo me alegro por algunas personas que han visto recompensadas con emoción diez años de travesía del desierto, de tardes invernales donde el vacío de las gradas aumentaba el frío; de tardes de primavera en las que los vecinos les hacían la ola cuando partían hacia El Molinón; de pretemporadas en las que no dudaban en pagar su abono y escuchar las risas de quienes ahora desempolvan la camiseta y los recuerdos de la época gloriosa sin olvidar que los aficionados de verdad, los que sintieron los colores estuvieron con su equipo cuando éste los necesitaba de verdad. Por todos esos miles de aficionados, esos hinchas anónimos y comprometidos de verdad, uno se alegra.

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