miércoles, 13 de febrero de 2008

Las tetas de Ana

A Ana no le gustan sus tetas. Por eso, después de que la dejase su pareja, y antes de sufrir un nuevo desengaño, decidió operarse. "Quería que, el que llegase, ya viese los nuevos pechos". Pero los médicos le recomendaban quince días de baja. Y, en su sector, la limpieza, eso significa la vía directa al paro. Entonces encontró un galeno que le aseguró que el incremento de pecho lo resuelve en un fin de semana. Entra el viernes, se opera y el lunes ya trabaja con sus nuevas tetas. Allí fue, iniciando un rosario de operaciones después de la chapuza. Siete intervenciones, las tetas enclausuladas o, al menos así entendí en Radio 5 cuando contaban la historia de Ana y sus tetas. Cuando apagué la radio, la susodicha se lamentaba de no haber logrado los pechos que deseaba.
Y yo no me lamento, si no me pregunto qué sociedad estamos creando donde cada vez nos cuesta más asumir nuestro cuerpo, donde lo material prevalece sobre lo físico, siendo esto el producto de una convención social, de una suma de opiniones. Se suceden las operaciones de cirugía estética y los tribunales ratifican la legalidad de Educación para la ciudadanía, abriendo la puerta para que nuestros niños piensen que no existe el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto, sino que todo es fruto del debate social, de las opiniones mayoritarias y minoritarias; del relativismo que hoy nos dice que debemos tener los pechos grandes y operarnos y, mañana, defenderá los senos pompidu.

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