lunes, 26 de febrero de 2007

Ronquidos en el Pleno

El Pleno transcurría con normalidad. Joaquín Aréstegui (PP) aprovechaba su turno de intervención para machacar duramente el hígado del gobierno, duro al Niemeyer:

"La Laboral tiene a Rosina Gómez, con 20 años de experiencia y
espera atraer a 250.000 visitantes al año; nosotros al bueno de
Natalio..."

Entonces, un ronquido se escuchó en todo el salón de Plenos. Pensamos en una psicofonía, pero no, era un ronquido de verdad.

"No tienen nada, venden humo. Anuncian una gran exposición
cuando van a ser cuatro fotografías en la calle"

El ronquido se repitió. Surgieron risas. El mito de los políticos aburriendo al pueblo. Joaquín seguía como un estoico, desgranando sus críticas hacia el gobierno. Lo más grave, al menos para mí, es que el tipo que roncaba estaba sentado a mi derecha. A duras penas contenía mi risa. ¿Y si se despierta de mal humor y me caen un par de bofetadas? La situación se mantenía y de la hilaridad se pasaba al bochorno. Entonces, Purificación García me mira fijamente y dice: ¡Fernando, haz algo! ¿Qué hago?, pienso. No tengo a Tío Google para buscar una salida moderna, así que recurro al clásico codazo suave.

El durmiente se movió y cesó de roncar. A los pocos segundos, vuelven sus bufidos. Ya más tranquilo hice un ruido con la boca y se tranquilizó. Más tarde otro codazo, y otro codazo. El resto del Pleno, lo durmió en silencio.

Una vez terminada la sesión, el durmiente se dirigió hacia el tresillo situado a la entrada de la parte noble, de los despachos del gobierno. No esperaba café con leche y zumo de naranja, que sería lo apropiado. Sólo conversar con algunos concejales. Cosas del cargo. Como excusa, argumentó que la noche anterior había dormido poco. Haylos con más imaginación.

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